Doris Salcedo, la artista que fundió las armas de las FARC: “Goya le quita el carácter heroico a la guerra”

Doris Salcedo, la artista que fundió las armas de las FARC: “Goya le quita el carácter heroico a la guerra”


Colombia todavía sufre los horrores de sus múltiples violencias. A casi diez años del acuerdo de paz con las FARC, y con la llegada de un nuevo Gobierno que cierra la puerta a cualquier nuevo intento de diálogo, Los desastres de la guerra, la serie de grabados en los que Francisco de Goya detiene su mirada en las víctimas, se exhibe a partir del 5 de septiembre en Fragmentos, el contramonumento que se levanta en el centro histórico de Bogotá. Ese significativo espacio de arte y memoria fue construido sobre los fusiles fundidos de la extinta guerrilla, ideado por Doris Salcedo, una de las artistas plásticas latinoamericanas más valoradas en el mundo.

La exposición de Goya reúne la serie completa de 80 grabados, realizados entre 1810 y 1820, en los que ilustra las consecuencias más devastadoras de la invasión napoleónica a España y la Guerra de la Independencia. Esos grabados estarán acompañados hasta el 17 de enero del próximo año por siete poemas de autores de distintos países. Además, se realizarán tres acciones corales y de memoria durante los próximos meses.

“Goya nos da la gran lección acerca de qué es la guerra. Primero, le quita el carácter heroico; segundo, elimina por completo el carácter nacionalista. Simplemente muestra que la guerra es brutalidad pura, que es ignorancia y que lo único que trae es la muerte”, explica Salcedo. “Nos muestra las violaciones, el desplazamiento forzado, ejecuciones extrajudiciales, tortura, empalamiento, hambruna”, detalla la consagrada artista colombiana. “También el regreso de la ignorancia, porque vuelve la Inquisición; la violencia que ejerce la religión sobre el pueblo. Todos estos elementos los vemos absolutamente reflejados en Colombia hoy”, agrega sobre la vigencia de Los desastres de la guerra. Muchas de esas escenas, valora, remiten directamente a los propios horrores del conflicto armado colombiano, a masacres como la de El Salado, perpetrada por paramilitares en el año 2000.

Fragmentos representa para los colombianos una posibilidad, la posibilidad de terminar los conflictos sin matarnos, sin derramamiento de sangre, sin disparar una bala. Representa la posibilidad del acuerdo, de los diálogos, del hablar, del entendernos como seres racionales que podemos ser”, reflexiona Salcedo. “Lo que queríamos hacer al yuxtaponer Fragmentos con esta extraordinaria obra de Goya es mostrarle a los colombianos las opciones que tenemos. O continuamos por el camino de la guerra, de la ignorancia, de la religión, de las diferencias de clases, todo lo que nos está mostrando Goya, o tenemos la posibilidad de hacer un acuerdo social que nos encamine hacia una vida en comunidad pacífica y vivible para todos”.

La muestra aterriza en un momento delicado, cuando Abelardo de la Espriella no cumple todavía su primer mes como presidente de Colombia pero promete el regreso de la mano dura en seguridad, descarta cualquier negociación de paz y es muy crítico con las instituciones surgidas del acuerdo con las FARC. También anuncia redadas contra indocumentados, llegó a hablar de “destripar” a la izquierda –aunque después matizó sus palabras– y promueve con insistencia una “batalla cultural” que abarca, entre muchos otros frentes, al propio Ministerio de Cultura.

Fragmentos, con su enorme peso simbólico, es producto del acuerdo de paz sellado a finales de 2016. La exposición de Goya confirma la vocación con la que fue concebido como un espacio consagrado a las víctimas de las muchas violencias que han atravesado a Colombia. Fue construido con el metal fundido de 37 toneladas de armamento entregado por los excombatientes de las FARC, con un piso de 1.300 placas metálicas intervenidas a martillazos por mujeres que sufrieron abusos sexuales en el conflicto armado. Se ubica en una antigua casona a pocos metros de la Casa de Nariño, la tradicional sede de Gobierno, y está pensado también como un museo para albergar, cada año y durante más de medio siglo, el tiempo que duró la guerra, exposiciones de artistas colombianos o extranjeros.

Salcedo ha estado comprometida a fondo con ese acuerdo de paz –y con la Comisión de la Verdad, que entregó su informe final en 2022–. En más de una ocasión se ha volcado a la Plaza de Bolívar, el corazón político del país, a pocas cuadras de Fragmentos. Allí instaló Quebrantos, una intervención para denunciar el hastío de la sociedad colombiana frente al asesinato de líderes sociales. Ese fue también el escenario de Sumando ausencias, una enorme mortaja blanca con 11 kilómetros de puntadas cosidas por 10.000 personas que recogía la voz de las víctimas en medio del clamor por rescatar el acuerdo de paz, días después del plebiscito en el que el pacto original fue rechazado por una estrecha diferencia. Con su obra, ha insistido una y otra vez en que los colombianos no están condenados a nuevos ciclos de violencia.

Con una larga lista de premios internacionales, que van desde el Velázquez en España hasta el Nasher en Estados Unidos y el Nomura en Japón, Salcedo ha cosechado un gran éxito con la grieta de la instalación Shibboleth, en la Tate Modern de Londres, ha expuesto en el MoMA de Nueva York, el Pompidou de París y también en el Palacio de Cristal del Buen Retiro madrileño con Palimpsesto, su homenaje a los migrantes muertos en el mar.

En Los desastres de la guerra también impresiona la cantidad de imágenes sobre migrantes y desplazamiento forzado, destaca Salcedo. Colombia es el principal país de acogida de la diáspora de la vecina Venezuela, y uno de los poemas que acompaña los grabados es Casa (Home), de Warsan Shire. “Tienes que entender / que nadie mete a sus hijos en un barco / salvo que el agua sea más segura que la tierra”, se lee en uno de sus pasajes.

“Esas batallas culturales evidentemente nos están llevando a la violencia”, se lamenta Salcedo. “Invito a ver la exposición con cuidado y analizar cada una de estas imágenes, donde Goya nos muestra lo triste que fue para él el retorno de la Inquisición, que además lo investigó a él, y lo terrible que fue para España. Esperemos que los artistas en Colombia no tengamos la misma suerte. Eso dejémoslo en el pasado. Confiemos en que haya una apertura y que se entienda que la cultura tiene que ver con el conocimiento y con una mirada abierta de lo que es una sociedad”.