El Barcelona se define como un club catalán y catalanista, tanto que muchos de sus jugadores acaban sus intervenciones con un sonoro: “Visca el Barça i Visca Catalunya”. No todos los presidentes, sin embargo, han interpretado de la misma manera la carta de naturaleza de una entidad muy vinculada al país y a Barcelona desde que fue fundada por Gamper. Núñez presumió de romper el porrón que los mandatarios se pasaban antes de las elecciones de 1978 y mantuvo un agrio distanciamiento con Pujol por el interés del presidente catalán en controlar también el Camp Nou. Rosell está convencido de que si fue encarcelado sin motivo fue porque era el presidente del Barça. Bartomeu acusó de su dimisión a la Generalitat. La figura de Laporta, en cambio, no ha sido la misma en 2003 que en 2021 o 2026.
A muchos nacionalistas les sorprendió que aquel presidente que acabó su primer mandato en 2010, antes del procés, y se convirtió en un político independentista en el Parlament y en el Ayuntamiento, acudiera el pasado verano a la Copa del Mundo para testimoniar su apoyo a la selección española, sobre todo a los ocho internacionales del Barça. Así se explica que Laporta accediera también a que los campeones fueran homenajeados en el Camp Nou al igual que ocurriría en cinco estadios más de la Liga.
El acto salió mal en San Mamés por la división de opiniones en la grada y se presumía que tampoco acabaría bien en el Camp Nou. No son pocos los hinchas independentistas que no quieren saber nada de una selección que ya tuvo sus momentos de gloria con el título y el recibimiento en Madrid. El reconocimiento previsto en Barcelona, precisamente para el partido contra el Athletic, se mantuvo en cualquier caso hasta el miércoles, cuando fue suspendido por Laporta. El presidente, que por intereses deportivos ha reconducido su relación con la Federación, la Liga y la UEFA después de un tiempo en que las necesidades económicas le unieran a Florentino, argumentó que no se daba el “contexto ni el momento más apropiado”, a causa de la agresión policial sufrida por un seguidor azulgrana que portaba la estelada en Elche.
La exaltación de la bandera independentista, promovida por la Assamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, monopolizó la jornada del Camp Nou. Miles de aficionados mostraron sus estelades mientras cantaban el himno del club para después entonar el Virolai y Els Segadors. La manifestación fue tranquila en el campo, interrumpida por algún grito de “Puta selección” y “Puta España”, y más caliente en la calle por la quema de una bandera. La convivencia de la Roja con la estelada es complicada en el campo del Barça. Hay barcelonistas, sin embargo, que sin ser nacionalistas no se explican la animadversión que causa la bandera independentista, manifiesta desde la final de la Copa de Europa de 2015. Aquel día se registró una denuncia contra el club por la exhibición de estelades en el Olímpico de Berlín y la UEFA aplicó una multa que la gent blaugrana no olvida cuando suena el himno de la Champions.
La estelada es legal, aunque la bandera institucional es la senyera, diferencia importante para entender que el club amparara el acto del jueves, que no lo organizaba, en favor de la libertad de expresión, como afirmó Laporta. El mismo argumento que el presidente podría haber utilizado para mantener el homenaje a los internacionales por España. ¿Acaso el reconocimiento a los campeones no era compatible con la exaltación de la estelada ante el Athletic?
La actuación policial en Elche fue “tan desproporcionada” —palabras de Laporta— que merecía una respuesta inequívoca de la afición del Barça. Muy posiblemente muchos aficionados culés se añadieron al acto desde la distancia, compungidos por lo ocurrido el domingo 23 y, por otra parte, cansados de ser mal recibidos en varios campos de la Liga. La mayoría habría agradecido que se hubiera reconocido el mérito de sus jugadores en la Copa del Mundo. Algunos turistas acudieron el jueves al Camp Nou con camisetas de la selección con los nombres de Lamine y Pedri. Quizá se preguntaban también si la exaltación de la bandera independentista excluía el afecto que merecían los internacionales del Barça. La cuestión es que Cubarsí y Joan García aplaudieron el cambio del homenaje por la exaltación por entender que era la única manera de condenar la agresión de Elche.
La defensa de la libertad de expresión y la necesidad de mantener la singularidad en la globalidad obliga a aceptar y aguantar que muchos aficionados puedan pitar un acto de reconocimiento que los internacionales españoles se han ganado y a algunos les permite competir por premios como el Balón de Oro. La grandeza del Barcelona se explica por su capacidad de integración, no de exclusión, sin olvidar su identidad: “Tant se val d’on venim, si del sud o del nord, ara estem d’acord, estem d’acord, una bandera ens agermana”. La blaugrana, como recoge también el Cant el Barça.









