Uno de los dos elementos más importantes del Tesoro de Villena —un brazalete de hierro fabricado con el mineral de un meteorito— se ha salvado del robo cometido ayer en el museo arqueológico villenense, según adelanta EL PAÍS. Esta pieza, así como una pequeña semiesfera hueca de hierro recubierta con una lámina de oro, están consideradas por los expertos como los elementos más importantes de este tesoro de la Edad del Bronce (2200 a 750 a. C.). “Son los primeros objetos hallados en la península Ibérica fabricados con hierro proveniente de fuera del planeta Tierra”, según el informe ¿Hierro meteorítico en el Tesoro de Villena?, de Salvador Rovira-Llorens, Martina Renzi e Ignacio Montero-Ruiz, investigadores respectivamente del Museo Arqueológico Nacional, del Diriyah Gate Development Authority (Arabia Saudí) y del Instituto de Historia del CSIC.
El brazalete fue abandonado por los ladrones, posiblemente, porque es de un metal poco valioso, algo que no ocurría con la semiesfera al estar recubierta de oro. Fue desechado por los ladrones junto con tres copas de plata y otro brazalete de oro. El conjunto estaba compuesto en el momento de su robo por 59 objetos de oro (incluyendo 27 brazaletes y 11 cuencos), además de elementos de plata y las dos piezas mencionadas de hierro.
La pulsera es una anilla abierta, con extremos redondeados y algo aplanados. Su descubridor en 1963, el arqueólogo José María Soler, la describió como “un metal plomizo oscuro, brillante en algunas zonas, y se halla recubierta de un óxido de aspecto ferroso y resquebrajada en su mayor parte”.
Solo su análisis, que se realizó en 2024, pudo determinar que no se trataba de piezas fabricadas con hierro terrestre ―producido por la reducción de minerales existentes en el manto del planeta Tierra―, “sino extraterrestre y elaborado durante el Bronce Tardío”.
“El hierro meteorítico”, sostienen los investigadores en su estudio, se encuentra en cierto tipo de aerolitos que, procedentes del espacio exterior, están compuestos por una aleación hierro-níquel con una composición variable de níquel superior al 5% en peso. Contienen, además, otros elementos químicos minoritarios y trazas, siendo el cobalto uno de los más importantes. Por el contrario, en el hierro terrestre las tasas de níquel son, en general, bajas o muy bajas y frecuentemente no detectables de forma analítica”, explica el estudio.
El investigador Ignacio Montero Ruiz, del Instituto de Historia del CSIC y uno de los expertos que firman el informe, declaró a EL PAÍS en 2024: “Estas dos piezas de hierro tenían un enorme valor. Por eso, se las consideró en la Edad del Bronce merecedoras de entrar a formar parte de este conjunto tan espectacular con numerosos y delicados objetos de oro. Hierro y oro juntos, pero un hierro muy especial. Quién las fabricó y de dónde se obtuvo este material son todavía cuestiones que quedan por resolver”.
El valor excepcional de las dos piezas de hierro proviene del hecho de que en el momento de su fabricación los habitantes de la península ibérica no conocían el tratamiento del hierro. Solo sabían de él por el que llegaba del norte de Europa y de Oriente.
El hierro fue introducido en la península por los fenicios que desembarcaron en lo que ahora es los Castillejos de Alcorrín (Málaga). Entraron en contacto con los nativos y crearon la primera metalurgia férrica de la península Ibérica. Posteriormente, los íberos mejoraron la técnica y forjaron las temibles falcatas que provocaban el terror entre las tropas romanas.
Se supone que el Tesoro de Vilena pudo ser una acumulación de objetos valiosos por parte de los nativos para intercambiarlos por otros de los recién llegados fenicios. Ahora, con el robo, y a la espera de las investigaciones policiales, parece más difícil llegar a saberlo.









