La emergencia en el Himalaya ha entrado este viernes en una fase especialmente delicada, en la que China y Nepal afrontan una carrera contra el agua. El gigantesco desprendimiento que el miércoles desencadenó una violentísima riada en esos valles dejó a su paso toneladas de barro y sedimentos encajados en varios cauces a ambos lados de la frontera. Esos tapones naturales han formado dos lagos de barrera que Pekín y Katmandú mantienen bajo estrecha vigilancia. Con más lluvias previstas, las autoridades de los dos países asiáticos advierten de que el peligro vuelve a estar río arriba: si esas presas naturales cedieran, podrían provocar nuevas inundaciones en unas zonas que ya quedaron devastadas hace dos días en una catástrofe que ya se ha cobrado al menos 472 vidas y ha dejado 1.468 desaparecidos.
El riesgo de una segunda riada amenaza Nepal y Tíbet, tras una catástrofe que deja ya al menos 472 muertos









