Laura Fernández Delgado (Puntarenas, 1986) ha cumplido la prueba de los primeros cien días al frente del Gobierno de Costa Rica con tres circunstancias inéditas en el país centroamericano, hasta ahora considerado como un modelo de estabilidad en la región: la peor crisis de seguridad y violencia asociadas al narcotráfico, una fuerte hostilidad frente al Poder Judicial —donde le reprochan afanes autoritarios— y el poder innegable de Rodrigo Chaves, quien el 8 de mayo le entregó la banda presidencial a quien fuera su leal ministra de la Presidencia, cargo que hoy ocupa él.









