Eran poco más de las cinco de la tarde del lunes cuando el cielo empezó a oscurecerse en Pomas, un pueblo de 1.000 habitantes en el suroeste de Francia, a un centenar de kilómetros de Perpiñán, en la frontera con España. Lo que parecía una tormenta de verano se convirtió en pocos minutos en un violento tornado que ha destrozado gran parte de la localidad. Duró un par de minutos, suficiente para arrasar casas y árboles. Hay 39 heridos, 15 de ellos hospitalizados, y 300 casas del medio millar que hay en Pomas han sufrido daños severos. Los vídeos grabados por los vecinos desde el interior de las viviendas muestran mesas y sillas de jardín, contenedores y trozos de tejado volando por los aires y árboles caídos. Imágenes propias “de una película de catástrofes”, como han descrito los residentes.
Este tornado de una virulencia inusual es el fenómeno más extremo de la jornada, que fue la más tormentosa en lo que va de año. Gran parte del suroeste del país vivió algún episodio climático extremo, con 26.000 impactos de rayos y récord de lluvias y ráfagas de viento en algunas zonas. Météo France, la agencia de meteorología, había activado la alerta naranja por tormentas en varios departamentos del suroeste del país y había advertido que, tras el verano excepcionalmente caluroso que ha habido, podían producirse este tipo de fenómenos igualmente inusuales.
También en España, informa Victoria Torres, el calor intenso ha dado paso a un descenso brusco de las temperaturas y a fuertes lluvias, asociadas con tormentas, rachas fuertes de viento, reventones húmedos y granizo de gran tamaño, con lo peor en Cataluña y Aragón, a 400 kilómetros de la zona asolada por el tornado. En Tarragona, hubo árboles arrancados, casas y aparcamientos inundados, carreteras cortadas, trenes suspendidos y una intensa granizada que pilló a muchos conductores en sus coches con piedras de nueve centímetros, el diámetro del culo de un vaso. En Baleares y en la costa de localidades valencianas como Gandia, Cullera o Xàbia hubo meteotsunamis o rissagas ―alteraciones bruscas en el nivel del mar provocadas por cambios en la presión atmosférica―.
En Francia se producen decenas de tornados cada año, según Météo France, que advierte de que el cambio climático puede aumentar su intensidad, frecuencia y su distribución geográfica. “Como alcalde, respiro con alivio porque podríamos haber tenido 20 o 30 fallecidos. La gente entró rápidamente en sus casas, que se derrumbaron, y se han salvado (…). Podríamos haber tenido jóvenes en la calle. Es un milagro que no haya habido ninguna víctima”, ha explicado el alcalde de Pomas, Hervé Giné. Météo France advierte que la actividad tormentosa seguirá en los próximos días en gran parte del país y pueden producirse nuevos fenómenos “potencialmente violentos”.
España se libra ‘de milagro’
Aunque muy llamativo, el tornado francés no es un caso excepcional. “Hemos tenido anteriormente tornados de esta virulencia en Europa [estimaciones preliminares apuntan a una fuerza de EF2-EF3, lo que equivaldría a un huracán de la categoría 3 o incluso 4]. Son poco frecuentes, pero no inéditos. Francia tiene documentados más de un millar y existen episodios históricos”, contextualiza para este diario Mar Gómez, doctora en Físicas y responsable de meteorología de la web eltiempo.es, para añadir que las estimaciones sitúan en torno a 300 el número de tornados terrestres al año en toda Europa, “aunque existe bastante infradetección”.
La gran pregunta es si se ha disparado su virulencia y su frecuencia en el viejo continente a causa del cambio climático. “A día de hoy no existe evidencia suficientemente robusta para afirmar que el número de tornados esté aumentando en Europa, y el propio IPCC [Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático] señala que las series disponibles todavía no permiten establecer una tendencia clara. Lo que sí sabemos es que una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua y que unos mares más cálidos aportan más humedad y energía a las tormentas. Eso puede favorecer ambientes con mayor inestabilidad y aumentar la capacidad de algunas tormentas para producir precipitaciones extremas, granizo o fenómenos convectivos severos”, responde Gómez.
En este contexto, España se libró de milagro. “Un tornado de estas características podría haberse producido también en España, porque ayer [por el lunes] se daban, en algunas zonas del noreste peninsular, ingredientes favorables para desarrollar tormentas severas: mucho calor y humedad en capas bajas, aire más frío en altura, elevada inestabilidad y cizalladura del viento [cambio repentino y fuerte en la velocidad o la dirección del viento en una distancia corta, ya sea de forma vertical u horizontal]”, indica la experta. Que existan los ingredientes “no significa que necesariamente vaya a formarse un tornado. La tornadogénesis depende de procesos muy locales, de cómo evoluciona cada tormenta y de si llega a organizarse una rotación suficientemente intensa. Pero el riesgo estaba presente”, aclara.
Es más, el tornado de Francia, las tormentas de Tarragona, “muy organizadas y violentas” y con reventones húmedos y las rissagas que se produjeron en Baleares y la Comunidad Valenciana forman parte “de un mismo episodio de fuerte inestabilidad atmosférica en el Mediterráneo occidental y el sur de Francia, pero son manifestaciones diferentes”. En Tarragona hubo “convección muy intensa, con lluvias torrenciales, granizo y fuertes rachas asociadas a las tormentas”. El tornado francés “fue un fenómeno mucho más localizado generado por la rotación de una supercélula”. Y las rissagas son “meteotsunamis, oscilaciones rápidas del nivel del mar provocadas por cambios de presión atmosférica y perturbaciones asociadas a las tormentas”. A su juicio, “fue un mismo escenario atmosférico muy energético que termina expresándose de distintas formas dependiendo del lugar”.
Europa ha vivido uno de sus veranos más sofocantes, con sucesivas olas de calor y récord de temperaturas, además de devastadores incendios y sequías, pero los efectos del cambio climático, menos visibles, están también en el mar. Un estudio de la organización científica World Weather Attribution (WWA) publicado hace unos días advertía que el calentamiento del planeta está provocando temperaturas récord en el Mediterráneo, lo que incrementa el riesgo de episodios de lluvias extremas como la dana de Valencia en 2024.
Los científicos de la organización analizan hasta qué punto el calentamiento global está detrás de las olas de calor, sequías o inundaciones. En este caso, han documentado cómo influye en la temperatura en las aguas costeras. Según el citado estudio, el 90% de la región del golfo de Vizcaya y el 80% del Mediterráneo occidental han experimentado olas de calor marinas.
Según Copernicus, los océanos del planeta registraron el sábado la temperatura más alta desde que hay registros, con 21,1 grados centígrados de media, lo que tiene consecuencias desastrosas para el ecosistema marino, pero también puede provocar fenómenos meteorológicos extremos, como lluvias o tormentas.








