Gabriel Boric: la veloz operación retorno del líder de la izquierda chilena

Gabriel Boric: la veloz operación retorno del líder de la izquierda chilena

Cuando el presidente José Antonio Kast ofreció su primera Cuenta Pública en el Congreso Nacional ante los representantes de los tres poderes del Estado y la ciudadanía, el 1| de junio pasado, su antecesor, Gabriel Boric, de 40 años, respondía en la British Library de Londres si pensaba volver a La Moneda. Habían pasado menos de tres meses desde el cambio de mando del 11 de marzo, y el izquierdista ya daba las primeras luces de que su sombra estaría presente desde temprano en la escena política, tanto local como internacional, e incluso en las redes sociales. Desde que dejó la Presidencia Boric ha reflexionado públicamente en siete ocasiones, con un mensaje centrado en las autocríticas a su mandato, pero defendiendo su proyecto; el papel que debe cumplir la oposición en la Administración de Kast —“no tienen que ser condescendientes, no tienen que buscar acuerdos porque sí“—; y los desafíos de la izquierda en tiempos capitalistas, invitando a repensar su “sentido”.

Boric le entregó la banda presidencial al Gobierno más a la derecha que ha habido en Chile desde el retorno a la democracia en 1990 y con la izquierda siendo minoría en ambas cámaras del Congreso, aunque con más equilibrio en el Senado. La Administración de Kast ya ha logrado sacar adelante una megarreforma económica con enfoque tributario sin complicaciones, en tiempo récord y pese al rechazo de la izquierda. Ahora va a por un paquete centrado en la seguridad, con reformas constitucionales que complejizan su trámite legislativo sobre todo por el desacuerdo en el propo oficialismo, pero con un gran respaldo ciudadano al grueso de la iniciativa. En ese contexto, el progresismo ha tenido dificultades para presentar un contrapeso que le haga frente a los planes del Ejecutivo. Para la sociedad chilena, según la encuesta Cadem, el principal líder de la oposición es Boric, con un 25%, seguido por la excandidata presidencial de la izquierda, la comunista Jeannette Jara (16%), y el frenteamplista Tomás Vodanovic (13%). El alcalde de Maipú es el único que ostenta un cargo público y uno de los nombres que suenan para una posible primaria del Frente Amplio en las próximas presidenciales.

Aunque Boric ha reconocido que “no es fácil encontrar el lugar desde dónde hablar como expresidente”, lo ha hecho bastante en estos cinco meses, algo inusual respecto a sus antecesores. Varias de esas intervenciones han sido desde el extranjero -ha viajado tres veces para participar de encuentros progresistas principalmente y a finales de mes se va a Berlín-. Al terminar su mandato sostuvo que no comentaría contingencia, pero ha ocurrido. A través de redes sociales lanzó sus dardos contra los retiros de los fondos de los deudores del Crédito con Aval del Estado (CAE) y este mismo martes acusó que la reforma de seguridad de Kast “es una limitación de libertades inédita en la democracia chilena”. La confrontación, sin embargo, no ha sido su único registro. Cuando Boric visitó La Moneda por primera vez desde que dejó el cargo, invitado por Kast a la conmemoración de los 200 años de la Presidencia de la República, dijo: “Hemos sido rivales en ideas, y seguramente lo seguiremos siendo, pero nos une profundamente Chile”. Ese vaivén entre la cortesía republicana y el ataque se ha repetido estos meses.

Quizá la primera señal de que Boric buscaría tener un papel activo en la oposición fue que abrió su oficina de expresidente apenas 48 horas después de dejar La Moneda. La rapidez de su retorno llama la atención tanto como el contenido de su discurso. Su primera intervención pública la hizo a mediados de mayo, en el lanzamiento del libro La política se metió conmigo, sobre la vida de su exministra del Interior, Carolina Tohá. Ahí estrenó la autocrítica de que su Gobierno no había leído “suficientemente bien” la pérdida de mayoría en el Congreso en 2021.

El pasado 11 de agosto, en la presentación de La Resaca, del sociólogo Eugenio Tironi, aseguró que en materia de seguridad “no fuimos creíbles”, y que los retiros previsionales que la izquierda empujó fueron “un gran error”. También planteó que el diseño de su primer Gabinete —cargado a la nueva generación de izquierda que lo ha acompañado—, hoy no lo haría igual: “No en el sentido del cuoteo, sino de la experiencia en el manejo del Estado”. A su vez, rechazó la tesis instalada de que su Gobierno “esperó seis meses para gobernar”, que el proceso constitucional fuera un fracaso -“muchas veces se confunde el rechazo de las propuestas constitucionales con un fracaso del proceso”-, o que Tohá “salvara” su Gobierno tras esa derrota.

Una de las críticas que ha recibido el progresismo durante estos meses, incluso desde la centroizquierda, es que tras la derrota electoral no ha logrado articularse y se ha quedado congelada frente a la ofensiva legislativa del Gobierno. Boric dijo la semana pasada que “no tienen que ser condescendientes, no tienen que buscar acuerdos porque sí”, aunque matizó que, si bien no hay que “dejar de ser una oposición dura, firme”, debe hacerse “con coherencia, con responsabilidad institucional”. Ejemplificando con la contingencia, apuntó que en el debate de la megarreforma de Kast “no había espacios para acuerdos”. Esa misma resistencia a ceder terreno la llevó, unos días después, a un escenario internacional.

En el Congreso Panamericano progresista celebrado en Montevideo advirtió este jueves contra “la búsqueda del centro como respuesta automática a los malos resultados”. “En Chile pasa mucho una suerte de discusión permanente de la aritmética de la política. Como crece la derecha, lo que deberíamos hacer es moderarnos para ganar el centro. Esa idea del fanatismo por la moderación, al final, no lleva a ninguna parte”, planteó. “No nos vamos a disculpar por ser de izquierda ni por tener convicciones de igualdad social (…) Si ser socialista significa que queremos que la salud sea un derecho y no un negocio, sí, soy socialista. Si ser socialista significa acaso que los derechos humanos los vamos a defender universalmente y por lo tanto vamos a establecer de manera muy clara que el Estado de Israel está cometiendo un genocidio en Gaza, sí, somos socialistas”, añadió en un mensaje que recuerda al discurso de campaña del estadounidense Berni Sander en 2020.

Cuando todavía tenía la banda presidencial puesta, Boric adelantó en enero a EL PAÍS que creía que la oposición al Gobierno de Kast debía “ser democrática”. “No puede ser solo de Twitter ni de camarillas políticas, sino que tiene que estar vinculada íntimamente con el territorio, con el pueblo”, y que “la izquierda que solamente le echa la culpa al adversario está condenada a diluirse”. Sostuvo que quería recorrer Chile y dedicarse al “trabajo de base”, vincularse con ese sector de la población que hoy está en la periferia política. Y eso es algo que se ha empezado a ver. A finales de julio se inscribió como socio de la junta de vecinos en San Miguel, donde vive, y dos semanas después recorrió el municipio vecino de San Ramón junto a su alcalde, el democristiano Gustavo Toro, donde conversó con vecinos sobre la recuperación de espacios públicos. Lo último fue una visita a la Escuela Pública Territorio Antártico, también en San Miguel, donde conversó con los estudiantes sobre liderazgo y participación. Además, se reunió con directivos de distintos establecimientos educativos.

Una de las grandes dudas que quedó tras la derrota electoral de la izquierda chilena fue qué camino tomará. En el cierre de su intervención en lo de Tironi, Boric aceptó que “el capitalismo es la época histórica en que nos toca vivir” y que los intentos de transformación radical “fracasaron”, pero rechazó resignarse a una “inercia histórica dominada hoy por tecnoligarquías en alianza con el poder político de las ultraderechas”. Citó a Max Weber y la “jaula de hierro” para plantear que la izquierda necesita repensar su “sentido”, no solo acumular políticas públicas específicas, y pidió “menos reels, menos ocho segundos de atención, menos estridencia, y más reflexión, más debate”.

Versaron sobre lo mismo sus intervenciones en el Congreso Panamericano, aunque hubo una especialmente enfocada en inyectar optimismo a la izquierda. Fue la carta que leyó el viernes a su hija Violeta, de un año, en la que la narraba que estaba en Montevideo con un grupo grande y diverso de gente, llenándose “de fuerza, de amor, de energía para cambiar el mundo”. Le decía que estaban contentos y radiantes. Y también consternados y rabiosos también”, apuntó. En el discurso de seis minutos Boric llamó a la izquierda regional a no convertirse en “un muro de los lamentos” que solo administre el presente. Mirando hacia adelante, planteó como tareas pendientes decidir “cómo vamos a gobernar las nuevas tecnologías” y avanzar hacia “nuevos modelos de desarrollo que no sigan destruyendo el planeta a costa de nosotros mismos”.