“Cuando quieras aprender algo, desconectate de la PC, de las redes y de los celulares”

“Cuando quieras aprender algo, desconectate de la PC, de las redes y de los celulares”


De qué manera se puede recobrar el foco de atención en la era de las pantallas, el valor de las técnicas milenarias de memoria y el papel irremplazable de los vínculos humanos frente a la inteligencia artificial. De todos estos temas habló con Clarín Andrés Rieznik, doctor en física, divulgador científico y profesor universitario que acaba de publicar su nuevo libro Atletismo mental, entrená tu cerebro, agilizá tu memoria y mejorá tu atención (Penguin).

En tiempos de distracciones constantes y sobreestimulación digital, el físico recorre los vericuetos del cerebro y señala las razones por las que la tecnología jamás podrá sustituir el calor de las relaciones humanas, imprescindibles también a la hora de aprender y enseñar.

–¿De qué manera pensás que contribuye el libro a la vida que tenemos en la actualidad, en la que nos cuesta concentrarnos y prestar atención?

–Hay un término que usan los especialistas en obesidad que dice que vivimos en sociedades obesogénicas, porque tenemos un instinto natural a que nos gusten los azúcares y las grasas, que eran casi imposibles de encontrar en épocas anteriores, y hoy en día que vivimos en una sociedad donde eso está en todas las esquinas, genera obesidad o sobrepeso. Yo creo que las redes sociales, los celulares, todos estos aparatos hacen que vivamos en sociedades distratogénicas, que nos distraen fácilmente, o ansiogénicas también, porque nos generan mucha ansiedad por estar siempre sobreestimulados con información. Por eso creo que el libro aporta en ese sentido, para entender cómo funciona el cerebro y optimizar los procesos de aprendizaje.

–Al principio del libro haces un repaso por la historia para ir a la antigua Grecia donde nació la mnemotecnia.

–Sí, las técnicas de memoria son milenarias y tienen fecha de nacimiento con Simónides de Ceos. Él se dio cuenta, en esa tarde trágica, que si le hubiesen dado una lista para memorizar dónde se había sentado cada persona, hubiera tardado un montón, pero al haberlos visto durante un instante, la memoria visual le permitió recordar rápidamente. Y ahí inventó la primera técnica de memoria que se conoce: el palacio de la memoria. Evolucionamos en sabanas africanas bañadas de sol donde poder ver bien implicaba una enorme ventaja de supervivencia. Si hubiéramos evolucionado dentro de una cueva, el sentido más usado para recordar sería el auditivo.

–Además de visual, en el libro decís que la memoria es asociativa y emocional.

–Sí, porque aprendemos y memorizamos por asociación. Por eso las técnicas de memoria son visuales, asociativas y tratan de generar un tipo de emoción con imágenes muy bizarras; cuanto más bizarra sea la imagen, más fácilmente la vas a recordar.

–Las cuatro técnicas de aprendizaje pueden relacionarse también con tu libro anterior Enseñar. Decís que uno de ellos es la atención, ¿cómo recuperamos esa atención en este mundo de inmediatez, redes sociales y escroleo infinito?

–Ese es el gran desafío. Más allá de capítulos más filosóficos sobre la curiosidad, hay consejos más terrenales de cómo hacer sprints o intervalos de foco y concentración que duren de 20 minutos a 1 hora con descanso: la vieja técnica Pomodoro. Cuando quieras aprender algo, desconectate de la computadora, de las redes y de los celulares. Yo siempre les muestro a los estudiantes, con un juego de magia, que distraerse 10 segundos no es la diferencia entre entender y no entender, sino entre entender y creer que entendiste cuando en realidad no entendiste.

–¿Qué desafíos presenta hoy ser docente, ya sea en la universidad, en la secundaria o en la primaria, ¿cómo ha cambiado la enseñanza?

–Siempre cuento la historia de Daniel Córdoba en Salta, un prócer olvidado de la educación argentina que lograba que hasta el 30% de los chicos que entraban al Balseiro procedieran de Salta. Su técnica era simple: media hora de física pura y dura y 10 minutos de lo que llamaba su stand-up (descontracción). Pero tanto él como yo y muchísimos otros docentes sabemos que la única forma de aprender es con la cola en la silla, con foco y concentración. Además, con la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, se puede destinar tiempo a la exploración, al aprendizaje por proyectos y a la resolución de desafíos.

–En otro de los capítulos hablás de la reserva cognitiva, ¿qué es y cómo se construye?

–La reserva cognitiva es la capacidad de mantener tus cogniciones relativamente intactas frente al deterioro que naturalmente llega con la edad o con alguna enfermedad degenerativa. Se construye con tres grandes elementos: en primer lugar, ejercicio y alimentación; en segundo lugar, aprendizaje permanente; y en tercer lugar, con los vínculos y las relaciones de cuidado, amor y respeto. De hecho, uno de los factores de riesgo de un deterioro rápido es la soledad, algo que la pandemia aceleró muchísimo.

–En ese sentido, vos estás con un proyecto muy lindo sobre este tema, ¿podrías contarnos?

–Sí, estamos desarrollando el proyecto de abuelas alfabetizadoras. Los cambios sociales son tan rápidos que hoy los jóvenes a veces no ven en sus abuelos un repositorio de ideas sobre cómo surfear la vida, y eso genera que muchas personas grandes se sientan desvalorizadas. Por eso estamos invitando a jubiladas para ayudar a alfabetizar a chicos en situación de vulnerabilidad. Las personas adultas mayores se vuelven a sentir valoradas y ven que lo que saben sirve para mejorar la vida de un montón de chicos.

Andrés Rieznik es autor de Atletismo mental, entrená tu cerebro, agilizá tu memoria y mejorá tu atención (Penguin). Foto: Alejandra López, gentileza.

–Uno de los últimos capítulos habla justamente sobre la importancia de lo humano en tiempos de inteligencia artificial.

–Totalmente. La inteligencia artificial no reemplaza los vínculos ni la calidez de un abuelo, pero además técnicamente “alucina”, lo que quiere decir que tira muchos datos que no son ciertos, entonces necesitás tener humanos muy bien formados que puedan filtrar, verificar esa información y ver qué tiene validez y qué no.

–En el final del libro contás que nació gracias a un encuentro con Adrián Peanza, ¿cómo fue ese encuentro?

–Él iba a presentar su libro Matemagia en 2014, y Diego Golombek le sugirió que me llamara porque yo hacía cinco años que hacía un espectáculo en Tecnópolis con el mismo nombre. Fui a la presentación y en el público estaba Glenda, editora de los libros de Adrián. Cuando terminó, se me acercó y me preguntó si no quería publicar un libro. Y así nació Atletismo Mental. Además, gracias a esa presentación, Claudio Martínez (productor de Paenza) me llamó para conducir La Liga de la Ciencia durante 7 años en la TV Pública. Así que todo aquello me abrió muchísimas puertas en la divulgación científica.

Andrés Rieznik básico

Es doctor en Física, divulgador científico y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella, donde también se desempeña como investigador en el Centro de Inteligencia Artificial y Neurociencias.

Especialista en neurociencias del aprendizaje, fue investigador visitante para asuntos de alfabetización en la Facultad de Psicología del College de France, en París, en julio de 2025, donde se dedicó junto a las doctoras Melina Vladisauskas, Cassandra Potier Watkins y al doctor Stanislas Dehaene a investigar algunos de los temas que recorre en este libro.

Ha publicado decenas de artículos en revistas científicas especializadas en redes de comunicación y neuronales.

Su presencia en medios incluye la conducción de 2016 a 2022 de La Liga de la Ciencia en la Televisión Pública Argentina, galardonado con el Martín Fierro al Mejor Programa Cultural en 2019, y columnas en diversos medios nacionales e internacionales.

Es autor de los libros Neuromagia (Siglo XXI, 2015), Atletismo mental (Sudamericana, 2016), Retos asombrosos (Sudamericana, 2018), Tabú (El Gato y La Caja, 2020) y Enseñar (Ediciones B, 2026).

Atletismo mental, entrená tu cerebro, agilizá tu memoria y mejorá tu atención, de Andrés Rieznik (Penguin).