Julia Calvo vivió mil vidas por su profesión de actriz. Y en esa profesión, cumplió algunos sueños: por ejemplo casarse de blanco en la novela Padre Coraje, algo que no hizo en la vida real. También le tocó interpretar a la súper villana Justina, en Casi Ángeles, rol que le dio mucha popularidad y cariño del público.
Esta vez, la actriz enfrenta a un nuevo desafío: interpretar a Annie Wilkes, la enfermera que está obsesionada por su escritor favorito, en el thriller psicológico Misery. ¡Y vaya personaje! Julia deja todo en el escenario del Metropolitan, junto a Juan Gil Navarro, en el rol del escritor y con la gran dirección de Manuel González Gil.
La obra provoca ternura, emoción, miedo, angustia. Además de tratar un tema muy actual como el fanatismo y la posesión del ídolo.
Julia está súper feliz con este trabajo. Confiesa que no había visto la película, protagonizada por los inolvidables Kathy Bathes y James Caan, ni tampoco haber leído el libro de Stephen King. La trama, a grandes rasgos, cuenta la historia de Paul Sheldon, un escritor de gran éxito que, después de siete libros, pone fin a la saga romántica de Misery Chastain, el personaje ficticio que lo convirtió en un fenómeno editorial. Sufre un accidente automovilístico en medio de una tormenta que le provoca graves lesiones en las piernas.
Fui a aprobarme en Iberia como azafata, pero me bocharon por petisa
Sobrevive y despierta en la casa de Annie Wilkes, una enfermera que asegura ser su admiradora número uno. Ella, que vive aislada, lo rescata y lleva a su casa. Lo instala en una habitación para que se recupere. El escritor, inmovilizado por sus heridas, descubre que aquella mujer cambia al descubrir el manuscrito de la última novela del autor, donde le pone fin al personaje de Misery. La casa, entonces, se transforma en una prisión donde la admiración deriva en posesión y violencia despiadada.
“Me llegó la propuesta el año pasado cuando estaba en Uruguay terminando de grabar Margarita, la serie de Cris Morena -comienza relatando Julia-. Y cuando leí la obra se me hizo agua la boca. Pero también vi el Everest porque decía: ‘No vi la película ni leí el libro’. En Buenos Aires la habían hecho Alicia Bruzzo y Rodolfo Bebán, ¡palabras mayores! Pero me metí de lleno. Sé que nosotros le hemos dado la impronta de un tema muy actual. Y además trabajar con Juan es espectacular.”
– Provocás ternura, miedo, del amor pasás a lo sádico…
-En los ensayos terminaba muy movilizada y llorando. El equipo me preguntaba: “¿Qué sentís?” Y yo les decía: “Estamos contado algo tremendo”. Y cuando pude cruzar esa línea, empecé a jugar y a fondo. Juan es un compañero muy generoso. Acá es mirarnos y transitar. Cada función es distinta. Igual debo confesar que antes del saludo final, miro a Juan para ver si está todo bien. Me encanta verlo feliz porque significa que estuvimos en sintonía. ¡Y eso que lo maltrato toda la función! Él es muy ordenado y prolijo. Yo soy medio catrasca.
–¿Salís perturbada después de la función?
-No, me mato de la risa. Pero me pasa con todas las obras. Es mi formación. Se termina y se terminó.
-¿Y cómo te sacás de encima el personaje?
-Me fumo un cigarrillo. Sabés qué pasa, el acto escénico, la magia del aquí y ahora requiere de una espiritualidad potente. Y yo creo que la tengo. Entonces juego con esa inmensidad hasta donde llegue porque sé que esa misma inmensidad me protege o me contiene. A veces salgo de la función, agarro el auto y digo: ‘Gracias’. Otras, pienso: ‘Qué rara salió hoy. Mañana le pregunto a Juan’. Tenemos un público espectacular. La gente se compenetra. Se siente el miedo, la tensión y la risa. La verdad es que es un gran papel. He hechos personajes preciosos en mi vida. En tele, por ejemplo, me escriben casi a medida sabiendo que me gusta toda la paleta.
-¿Qué es lo que más disfrutaste de hacer en televisión?
–Soy gitano, que fue lo primero que hice porque era un descubrimiento y un curso acelerado de tele. Y al toque vino Padre Coraje, que fue mi primer contrato.
Mi hermana Lucy murió un 31 de diciembre. Fue la gran tragedia familiar.
-¿Y podés vivir de la actuación?
-Sí, a partir de los 36 años. Yo changueaba mucho. Trabajé en una agencia de turismo. Era la mejor azafata de tierra y armadora de vuelos. O la mejor alquiladora en un videoclub. Organicé la biblioteca de mis padres.
-¿Alguna vez quisiste ser otra cosa?
-Sí, justamente azafata, para viajar mucho. Fui a aprobarme en Iberia cuando vivía en España y me bocharon por petisa. Después veía a las azafatas y eran todas retaconas. Había una regla en la puerta y si no la pasabas no entrabas ni siquiera a anotarte. Me fascina viajar.
-Hablando de fascinación, ¿cuál fue tu gran obsesión?
-Robert Redford. Tenía un póster tamaño natural en la puerta del placard.
–¿Estabas enamorada de él?
Julia Calvo sueña con interpretar a Janis Joplin. Foto: Martín Bonetto. -¿Y hubieras hecho cualquier cosa por verlo?
-No, en esa época la obsesión loca estaba lejos. Sí, foto que salía en una revista, foto que la pegaba en un cuadernito. Y conocía a toda la familia. De conocerlo, me hubiera desmayado. No sé qué nivel de fan era.
– ¿Y justificás o entendés a esta enfermera de Misery?
-Este personaje está abandonado por la sociedad. No tiene a nadie y ese es el problema. No hay ningún tipo de contención social ni médica, inclusive esto que dice ella en un momento en la obra: “Agarré turno doble en el hospital porque me dejó mi marido”. Ser un workaholic, como le dicen, te lleva a extremos también. Ya ni se aguantaba a los viejos del geriátrico. Pero no me identifico. En general nunca defiendo a los personajes. Uno muestra una temática y una problemática. Igual siempre me tocan personajes muy pasionales.
-¿Alguna vez sufriste acoso por parte del público?
-No, pero no siempre las cosas en las redes son amables. Porque está el que te dice: “Divina” y está el que te pregunta, “¿De dónde saliste?”. Cuando participé de Masterchef me decían: “Andá a hacer lo que sabés hacer”. Y a la vez, los chicos que ven Margarita (la tercera temporada arranca a fin de este mes), me dan abrazos como si fuera su tía. Me da placer y amor.
Tuve novios muy hermosos. Pero ahora busco más el compañero: canchero, que le guste viajar, que le guste disfrutar
–¿Y tuviste un fan loco?
-Tampoco, y espero que no me pase. Igual te digo que con el teatro pensé que iba recibir ramos de flores, cartas y bombones, pero nada. Y con esta obra, menos (risas). Cuando me enojo soy el increíble Hulk. Igual con otras obras como Manzi y Ellas son tango, tampoco me pasó. Nada de flores.
-Ahora estás soltera, pero, ¿soñás con casarte?
-Para nada. Porque me he casado en la ficción. He tenido vestido de novia preciosos. Eso es lo maravilloso de mi actividad, que soy de todo: la más buena, la más mala, la más santa, la más puta. Era muy Susanita.
-¿Tuviste grandes amores?
-Todos eran grandes amores y todos eran para toda la vida. Robert Redford inclusive. Tampoco tuve hijos y quizás son los temas en terapia que tengo que resolver. Pero tampoco es que estoy saliendo y buscando.
Julia Calvo, en Padre coraje, de sus primeros trabajos. -¿Tuviste relaciones largas?
-No, como los alquileres, dos años (risas). Menos uno que fueron cuatro, el único con el que no conviví.
-¿Fuiste dejada o dejaste?
–Dejé y me dejaron. Y en una ocasión huí. En esa relación tóxica que te digo. Ése era tremendo. Lo bloqueé de mi cabeza. Fue justo antes de empezar la tele, mirá vos. Terminé con él y empezó la buena racha en la tele. Lo primero que hice en tele fue en 2003.
-Hablando de amor, ¿qué tendría que tener el hombre para seducirte?
-Ahora cambié un montón. Ahora no estoy buscando a Roberto Redfort. Tuve novios muy hermosos. Pero ahora busco más el compañero: canchero, que le guste viajar, que le guste disfrutar, comer, ver un espectáculo, caminar. Pero bueno, ¡andá a agarrar a uno de 65 ahora que quiera caminar! (Risas)
-¿Tuviste alguna aplicación de citas?
-Hay compañeras que me quisieron hacer y no lo lograron.
En general nunca defiendo a los personajes
-No, vergüenza, mucha vergüenza. Antes de Padre Coraje me metí en una pero que era por la computadora. Tuve una cita a ciegas. Pero me he llevado fiascos y ellos también seguramente. Además empecé a salir en la tele y dije: ‘Ya no lo puedo hacer más’.
-¿Cómo te llevás con vos?
-Bien. Creo que tiene que ver con eso que estoy sola. He convivido, pero hoy me la banco solita. Igual debo confesar que a veces me agarran extrañezas de mis papás, de mi familia cuando era chica. Yo nací en Ayacucho y Bartolomé Mitre, a la vuelta del Congreso. Después, vivimos en Colegiales; en Belgrano. De chica, por ejemplo, no soportaba estar sola. En el conservatorio siempre tenía que estar en los grupos. Siempre tenía que sentirme incluida. Bueno, hoy por ejemplo no podría hacer un espectáculo sola. Mirá que me dicen que haga un unipersonal. Y no. Necesito del otro. Compongo con el otro.
– Mi papá trabajaba en la industria del papel y mi vieja era profesora de la facultad de Filosofía y Letras. Recontra laburantes. Vivimos un tiempo en Madrid por un trabajo de papá. Yo iba al colegio St Catherine’s. Cuando volví, a los 16, me echaron porque me llevé catorce materias. Terminé en el Normal 6. No era mala alumna ni era muy liera, pero siempre me cachaban a mí.
El desafío de interpretar a una enfermera que enloquece. Foto: Martín Bonetto. – Sí, cuatro. Con los dos del medio nos vemos mucho. Con el más grande menos porque vive más lejos. Ymi hermana más chica falleció en el 2006 por muerte súbita. Esa fue la gran tragedia familiar. Murió el 31 de diciembre después de las doce de la noche. Acababa de tener su cuarto hijo. Lucy era una persona feliz. Tenía un soplo en el corazón, pero estaba todo bien. Bueno, mi viejo había muerto el año anterior. Eso fue fuerte.
-Sí, fue siempre acompañar a mi vieja. Y cuando murió ella ahí me sentí huérfana. Mamá murió en el 2008. Estaba estudiando una maestría de correctora internacional de texto. No paraba. Era muy vital.
-Qué difícil la pérdida un 31 de diciembre…
-Sí, brindaron, se fue a ver cómo estaba el bebé y se quedó dormida. ¿Cómo no voy a tener material para emocionarme y sin pensar en memoria emotiva? Benjamín Rojas me decía: “Tía, ¿cómo puede ser que puedas llorar de repente en la escena?”. Porque es apretar un botoncito. Igual ahora cada 24 de diciembre, a las 12, miro al cielo y sonrío.
-Siempre. Porque además mis padres me apoyaban en mi carrera. Siempre hablamos con Jorgito Suárez, mi mejor amigo, que tenemos la sensación como que siempre están cerca, en cada función que hagamos.
-Hace mucho que no lo hago, pero soy remera. Me gusta mucho remar. Iba al Club de regatas América de Tigre. Me encantaba. Vivo frente al río, me gusta tener cerca el agua.
-Aunque suene redundante, ¿sos un poco remadora, ¿no?
-Sí, recontra. Pero para ser remadora, tenés que estar muy atento y escuchar el río. Según como escuches el río, vas bien o estás remando al pepe. A veces es mejor meter los remos para adentro y esperar a que te den una señal. Es importante eso, estar atenta y saber escuchar.









