El fútbol argentino parece estar pasando un momento bisagra de sus 133 años. A los equipos más populares las responsabilidades les pesan tanto que no pueden hacer valer su historia, sus planteles ni su caudal de hinchas. Y muchas problemáticas se repiten como un loop, como que no se aprende de los errores del pasado.
River y Boca, los dos más grandes, hace tiempo que no pueden coronar y ven cómo equipos con presupuestos infinitamente más bajos dan la vuelta olímpica. El Millonario está padeciendo una crisis futbolística severa, con derrotas en cadena que casi no tienen lugar en los libros. Coudet tambalea, mientras la institución está tan fuerte desde lo político y económico que gasta 67.000.000 de dólares en un mercado.
Mientras, Boca se recupera del golpazo de haberse quedado afuera de la Libertadores y del Apertura jugando de local: ahora aprovecha el envión Arruabarrena para intentar volver a ser, mientras Riquelme busca un plan de crecimiento sostenido desde lo edilicio, algo que sus hinchas reclaman al ver cómo se agranda el clásico rival.
Un escalón abajo viene Racing, en cuanto a crisis se refiere: su nivel deportivo bajó tanto después de la Sudamericana y la Recopa que el ídolo Costas se fue, el salto de calidad no llegó y eso le costó al presidente-ídolo insultos que nadie hubiera esperado. Pero la Academia tiene un norte más allá de esta tormenta.
Y después llegan Independiente y San Lorenzo. No logran despegar. Repiten errores y agravan todas las situaciones: futbolísticas, económicas y patrimoniales. El jueves, el Rojo echó a su DT como si ese fuese el problema, mientrassus dirigentes se pelean y piensan en las elecciones.
Y al Ciclón, el clásico le dio otro golpe más que complejizó el panorama, tanto que 50 barras se presentaron en el entrenamiento a pedir explicaciones y a exigir una lista de prescindibles a los capitanes.








