“Si cuando comes sentís una sensación única, que te alimenta, lo mismo puede pasar con el arte cuando entrás en un museo, todo te entra, todo”. Dice esto, contundente, Marta Minujín, artista icónica de la vanguardia global desde Buenos Aires desde los 60, mientras pedalea en su bicicleta fija. Esta vitalidad inundó sus obras desde el inicio de una trayectoria de más de seis décadas que esta tarde, en un acto en el Palacio Libertad, la reconocerá como Personalidad Emérita de la Cultura de la Nación.
Su energía se manifiesta en una agenda cargada de inauguraciones. En septiembre, instalará una de sus mega esculturas inflables en Rosario, mientras que en la edición 2026 de La Noche de los Museos presentará su Pelota de fútbol de dulce de leche, en el año del Mundial, y para noviembre La Menesunda llegará a Madrid.
“Este premio me hace sentir muy bien. Es como una fiesta, a la que van muchos amigos, pero me emociona que se me reconozca acá porque amo este país”, agrega, sobre una distinción que recibieron pares de marcada popularidad. “Es que desde hace años no puedo caminar por la calle, porque todo el mundo me para, me piden fotos, me dicen ‘Te amo’”. Aunque destaca que no siempre fue así.
“Cuando hice La Menesunda era súper popular, porque salía en los diarios pero también en todas las revistas y en la televisión. Pero después me fui a vivir 13 años a Estados Unidos y cuando volví ya todo había cambiado”. Reconocida por sus obras vanguardistas producidas sobre todo durante los años 1960, 1970 y 1980, durante la primera década de este siglo su carrera dio un nuevo vuelco. Y su melena platinada perfecta, sus lentes negros y sus mamelucos coloridos con estampas de su autoría la convirtieron en símbolo del arte fuera del circuito.
Marta Minujín junto a Marie Laurberg, curadora de la exposición “Intensify Life”, en Copenhagen Contemporary. Las redes sociales reconfiguraron un nuevo fandom. “Siempre me conocieron todas las generaciones, pero ahora en Instagram –donde cosecha más de 330 mil seguidores–, la gente menor de 30 es la que más me sigue. Y lo bueno es que puedo publicar lo que quiera”. Entre sus últimos posteos hay documentos, imágenes y bocetos de performances que manifiestan un intenso trabajo de archivo.
Un legendario laberinto
Parte de este material se presentará en noviembre próximo, cuando su emblemática instalación inmersiva La Menesunda –creada en 1965 junto a Rubén Santantonín–, se inaugure en el edificio principal del Museo Reina Sofía de Madrid. Será la segunda parada de una gira europea que cerró en abril en Copenhagen Contemporary de Dinamarca, con gran respuesta del público europeo.
“Siempre hubo colas de una cuadra y media. Es insólito, muy inexplicable. Parece que a la gente le gusta ver el pasado, ¿no? Porque aunque ahora toda la gente quiere vivir sola, ver una pareja en la cama sigue siendo costumbre para muchas personas”.
Marta Minujín en La Menesunda, en la versión original de 1965. La omnipresencia de las cámaras ya estaba plasmada en otra de las varias secciones del legendario laberinto, El túnel de la televisión. “Era fantástico porque fue la primera vez que la gente se vio en cámara de televisión, con sus caras mezcladas con las noticias, en un circuito cerrado que usé en simultáneo en la cabina del teléfono”, recorre Marta mentalmente su obra, que en Europa fue reconstruida casi en su totalidad por las normativas que requieren materiales no inflamables. Y todo el neón fue reemplazado por tecnología LED.
“Todavía sigo muy interesada en todo lo que pasa en el mundo, cuando trabajo y cuando me visto, siempre estoy viendo Euronews, CNN, veo todo, Canal 26”.
La condición sensorial de La Menesunda explica en parte su vigencia. “A la gente le gusta meterse en la obra, lo he demostrado después con las esculturas inflables y con Implosión, esa obra que te metés y se proyecta por todos lados. Meterse. Si se pudiera meter dentro de un cuadro de Gauguin, ir a Tahití y estar en la playa, lo harían. La misma sensación de comer”.
Marta Minujín dentro de su obra “Implosión”. Coproducida por el Museo Moderno de Buenos Aires y la Tate Liverpool, donde cerrará la gira en 2028. Antes, formará parte de los programas de apertura de los nuevos espacios de KANAL – Centre Pompidou, en Bruselas. “Y después veré dónde va –evalúa la artista–, sino que vuelva acá, que vuelva y quede para siempre”.
En su nutrida trayectoria, la etapa previa experimenta un renacer. La galería mexicana Kurimanzutto, con sede también en su amada Nueva York, puso en circulación en Art Basel Miami Beach varias piezas de su época informalista. “Agarré el cuadro que pintaba perfectamente en la escuela de arte, lo tiré al piso y le empecé a tirar baldes de pintura. Por eso estoy en el Metropolitan (MET), al lado del Pollock, los de Action Painting y los informalistas, que tiraba materia sobre la sobre la tela. Ahí tenía 16 años y después dejé la escuela”.
“El Partenón de libros” de la Sra. Minujín tal como fue erigido en Buenos Aires en 1983. Crédito… Archivo Marta Minujín vía Henrique Faria, Nueva York y Herlitzka & Co., Buenos AiresPasado y presente
En junio pasado, Marta Minujín viajó a Salta para la donación de Autorretrato Mediático, su escultura interactiva de cuatro metros de altura que se incorporó al patrimonio cultural municipal. Y el último fin de semana, en el Museo Moderno, presentó algunos de sus proyectos más destacados en las Jornadas Memoria y futuro, varios de ellos políticos.
“Hablé de la época de la dictadura que fue terrible, pero hice muchas cosas que pasaban desapercibidas o no las querían ver”, define la artista, creadora del Partenón de libros, una reproducción a escala del Partenón griego cuya estructura está recubierta de 70.000 libros censurados de todas partes del mundo, que se replicó en Documenta 14, en 2017. “Eso es monumental. Por eso creo que ni yo misma me doy cuenta cómo convenzo a la gente para hacerlo”. ¿Fue la más política?
Minujín con una de sus piezas conceptuales, “La Torre de Pan de James Joyce”, en Dublín en 1980. Crédito… Archivo Marta Minujín vía Henrique Faria, Nueva York y Herlitzka & Co ., Buenos Aires. Vía NYT“En realidad son muchas. La Academia del fracaso fue muy política, y El Obelisco de pan dulce acostado también, porque era como la dictadura militar volteada”. Entre las obras de la serie Mitos, que data de la década de 1980, hay una que hoy estaría en duda, la Estatua de la Libertad acostada. “No la puedo realizar en Estados Unidos, así que a lo mejor la hago en París de una manera virtual”, especula. Una figura de cera, nadando en el Sena, para observar desde un puente, con Leandro Erlich de socio.. “Es una obra muy difícil. Quizás se hace cuando esté muerta como la obra de Christo, que envolvió el Arco del Triunfo después que se murió”.
De su dibujo de 1981 Mitos universales, que se presentó en el Moderno, “como una transgresión a la ley de la gravedad”, aparece la Pelota de fútbol de dulce de leche, que se develará este año para la Noche de los Museos. “Es tan desmedidamente importante la pelota en este país, pero el dulce de leche sí, ese sí que lo inventamos”.







