Justo en la esquina de Juncal y Esmeralda, en el barrio de Retiro, está el Edificio Carrizo que en 1936 diseñó el arquitecto Francesco Gianotti. Fue declarado Edificio Protegido – inmueble que por su valor histórico debe conservarse- y que exhibe su indudable estilo Art Decó. Dicen que allí vivió, por algún tiempo, el modisto Paco Jamandreu.
Ahora estamos en el primer piso, donde tienen su atelier dos jóvenes diseñadoras, quienes tomaron la marca Sylvie Burstin, para continuar su esencia, pero dándole una impronta contemporánea, y lograr así que la alta costura esté al alcance de las generaciones jóvenes.
Ellas son Emilce (Emm) Vernieri y Valeria (Val) Hillebrand, nuevas dueñas y directoras creativas, quienes recibieron a Viva para conversar sobre los desafíos de estar al frente de una firma consolidada, con la nueva mirada de su sello Emm & Val.
-Una breve presentación sobre quién es quién.
-Val: Soy misionera, tengo toda mi familia en Posadas, y vine a Buenos Aires ni bien terminé el secundario, en el 2001. Enseguida me puse a trabajar en un atelier de alta costura, como asistente, conociendo cada detalle; la búsqueda de las telas, los avíos… Hice mi experiencia de trabajo pasando después por varios atelieres y decidí estudiar diseño de indumentaria en la Universidad de Palermo.
En ese momento conocí a Emm, conectamos enseguida y empezamos a trabajar juntas. También estudié fotografía, iluminación de fotografía, producción de desfiles e hice la dirección de arte en fashion films. Todo esto resultó un complemento para la profesión. La iluminación es muy importante, define una foto, un trabajo. Todo aplica a lo que hacemos.
-Emm: Yo soy mendocina, de San Martín, 45 km al sur de la capital. Mi familia se mudó al campo, a Lima, en la provincia de Buenos Aires, siendo yo muy chica. A los 17 me vine a la capital, pero tuve 7 años de adaptación.
A los 15 papá me regaló la guía Eudeba del estudiante y todo lo que marcaba eran carreras relacionadas con el arte… Tenía biblioratos con notas de moda publicadas en revistas como Para Ti, Elle, Vogue… Y me preguntaba cómo se gestionaría el mundo de la moda.
Mis padres son comerciantes y trajeron sus respectivos comercios a Lima. Al principio me sugerían el rubro textil, ropa para niños. Pero claramente no me interesaba. Al llegar a Buenos Aires abrí con una socia Board Look, una productora audiovisual de moda. Recién aparecían los fashion films y tuvimos clientes que eran marcas, a quienes asesorábamos sobre el modo de mostrar sus productos.
Siempre trabajé. Con papá armaba móviles para decoración y blanquería. Entré en la parte vestuario de Canal 13, después en otros canales… Ingresé a la carrera de diseño de la Universidad de Buenos Aires y cuando estaba preparando la tesis, conocí con Val.
El dúo de diseñadoras en su atelier en Retiro. Foto: Ariel Grinberg-Contaba Val que conectaron enseguida.
-Emm: Con Val siempre decimos que elegimos profesiones muy cosmopolitas, pero venimos de lugares con mucha naturaleza. Y ambas, signos de fuego -Val es Leo y yo Aries- tenemos una forma fuerte de expresión. Construimos un ADN que no queremos perder, creando diseños orgánicos, fluidos… No bien nos conocimos fuimos pareja -7 años- después nos separamos, pero siempre trabajamos juntas, hace 17 años.
Nos decretamos socias. Yo pedía al universo alguien como ella. Al principio nos asociamos para crear joyería y accesorios de alta costura. Un broche, una gargantilla con diseño… Papá me enseñó a soldar con estaño, que no se puede usar en joyería porque se emplean metales preciosos. Pero la técnica la había incorporado. Trabajábamos para colegas, realizando accesorios bajo nuestra propia marca Verbrand.
-¿Cuál fue el primer trabajo que hicieron juntas?
-Val: ¡La tesis de Emm! (Risas). Yo estaba estudiando en la UP y nos apoyábamos.
-Emm: Mi tesis fue sentida, con el foco en la creación de una marca, pero con contenido sensible además de la parte comercial. Descubrimos con Val que tenemos una sinergia creativa. De hecho, las clientas nos dicen que es lindo vernos trabajar, porque es como que danzamos en torno a una idea y sabemos qué necesitamos de la otra.
-Val: Hay que encontrar ese equilibrio siendo dos cabezas de marca; las dos aportamos en cuanto a diseño, técnica…
-Emm: Y a pesar de separarnos como pareja, siempre tuvimos la convicción de seguir trabajando juntas, proyectándonos a futuro.
Cazzu las eligió para diseñar el vestuario de su gira mundial.-¿Siempre trabajaron con ropa femenina?
-Emm: Nuestras piezas son no binarias. Nos encantaría hacer ropa masculina, no hubo todavía oportunidad. Pero hemos colaborado con accesorios para el sastre José Valosen.
-Val: A José le hicimos colecciones enteras de moños y accesorios.
-¿Cómo ingresan a Burstin?
-Emm: Val entró en 2014 y yo un año después. Sylvie Burstin y Manfred Vogel, quien fuera diseñador de Nina Ricci Latinoamérica, se estaban haciendo grandes. Estuvimos 4 años trabajando los cuatro. Un día Manfred golpeó la mesa haciendo ruido con todos sus anillos y dijo: “Encontré a mis dos ángeles, me puedo volver a Austria”.
-Val: Fue un momento muy conmovedor y Manfred fue extremadamente generoso. Un privilegio trabajar con un diseñador como él. Nos volcó todo su conocimiento, nos inculcó con tanta pasión su experiencia… fue algo riquísimo para nosotras.
-Y después de que Vogel golpeara la mesa, ¿qué pasó?
-Val: Nos dijo que había encontrado a dos personas completamente preparadas para continuar la marca.
-Emm: Y nos hizo una pregunta. “¿Quieren continuar acá o en París, donde yo las ayudaría?” Nosotras nos tomamos un tiempo para contestar, no mucho…
-Val: Porque él nos estaba diciendo yo me voy, hay que tomar una decisión. ¡Lo que nunca imaginamos es que se iba al día siguiente! A nosotros nos encantan los desafíos. No nos asustamos, estábamos motivadas…
-Emm: Fuimos directoras creativas de Burstin 7 años, cuando estaba Claudio, el hijo de Sylvie. No quedaba otra. O nos íbamos o continuábamos la marca. Y otra decisión más. O arrancábamos solas y hacíamos morir este legado o lo continuábamos.
Al frente de Burstin, sus piezas actualizan el legado de la marca sin que íerda sus esencia. -¿Por qué optaron por continuar?
-Emm: Porque creímos que podíamos reconvertir la marca con otro modelo de negocio: marca de alta costura argentina que trasciende a su fundadora. Y nos dijimos que podíamos también construir nuestro camino.
Los fundadores se van, pero las marcas siguen, Chanel, Dior, Schaparelli… Pensamos proyecciones grandes con pasos pequeños. Corrían los años 2020-2021, hubo que levantar la marca y hacer un gran trabajo de comunicación. Porque de estar a la calle, en la avenida Alvear, nos fuimos a un atelier private.
-Pero eligieron una gran esquina en un edificio lindísimo.
-Emm: Sí, es patrimonio histórico protegido, no se puede tocar la fachada ni los interiores.
-Val: Salíamos a la noche a buscar un lugar, por la zona que creíamos que era la de la clientela. Caminábamos, nos imaginábamos cómo sería, hasta que un día, viniendo por Arroyo, nos llamó la atención la florería que está abajo. Se nos acercó un señor que era el dueño del local y nos contó que arriba había un semipiso en alquiler.
-Emm: Paco Jamandreu, el diseñador de Evita, vivió acá, en el piso de arriba. O sea que Eva venía a verlo porque además eran amigos. Y hubo otro diseñador también aquí, pero no sabemos el nombre. Nosotras somos las terceras en alta costura.
Cazzu luciendo un vestido de Sylvie Burstin. Foto: EFE/Mario Guzmán-Vi que Emm se inspira en el Art Nouveau y Val en el Art Decó. ¿Cómo los integran, si es que es el caso?
-Emm: Val se inspira en líneas rectas, geométricas. Es metódica. Yo soy mucho más orgánica, de garabato. Entonces hicimos una conjunción y quedó un bordado, por ejemplo, con una forma divina, con cierta anomalía, un alga. El Art Decó deviene de una síntesis del Art Nouveau.
Por otra parte, yo tengo un rol más empresarial, estoy más en contacto con las clientas y Val con lo creativo. Nos complementamos. Nuestra inspiración nace con las clientas.
-¿A qué clientas famosas visten?
-Emm: Valeria Mazza, Pampita, Monna Antonopulos, Cazzu, Eleonora Wexler… Siempre hay un trabajo detrás de quienes elegimos. Tienen que ser personalidades con propósito, porque no creamos piezas sin propósito. Que tengan identidad o un sentido en nuestra sociedad. Si no, en esta era de tantos vacíos, se desvanece nuestro trabajo. Las personas que usan nuestros vestidos, entienden lo que están llevando.
-Imagino que antes de realizar un vestido, hay una charla previa con la clienta.
-Emm: Exacto. Necesitamos que expliquen para qué evento es el traje, cómo lo imaginan… Trabajamos escuchando lo que quiere el otro. Y esa información nos hace pulir nuestra tarea. El sello Emm & Val tuvo el año pasado su primera pasarela en U.house y se llamó S’écouter White Dresses Colección 25-26.
Tradición e innovación conviven en cada una de sus creaciones.Allí proyectamos los trazados de algas –nuestros dibujos propios- con animación, fue como una presentación envolvente, inmersiva. Hicimos vestidos blancos, no dijimos bridal ni nada. Mostramos la colección Burstin y presentamos a Emm & Val, como cápsula, también con algo en negro.
Fue una forma de interpelar a la tradición y el despliegue de Burstin, con su metodología, su calidad. Y nos salimos un poco de lo tradicional con Emm & Val, porque lo tradicional suprime muchos sentires.
-Val: Con Emm & Val vamos con la haute couture hacia las nuevas generaciones, que son más genuinas, más espontáneas. Esa es nuestra búsqueda de camino propio. Nos preguntamos, quién va a usar esta prenda, a dónde va a ir con ella… vamos por ese lado.
A veces la colección empieza con las telas sobre el maniquí y a veces desde el boceto a mano alzada. No hay computadora. Presentamos dibujos a las clientas y en este punto seguimos una tradición.
-¿Qué recursos tienen para hacer la diferencia?
-Emm: El teñido de la tela. Tuvimos una clienta a la que le hicimos un vestido en color flamenco. ¿Rosa o salmón? No, flamenco. Fue logrado con tantos tintes, que se ponía al lado de un traje rosa y se veía salmón. Y si se ponía junto a uno salmón, se veía rosa. Tenemos paleta propia. Preferimos los colores claros y apastelados.
En Emm & Val, desarrollamos el negro, aunque tenemos alguna pieza en calipso, cereza o un borgoña. Val dibuja los textiles y yo tiño, creando el color en telas y hasta la pedrería. Esto hace que cada clienta use un color irrepetible. Buscamos tonalidades que les den luz a las personas.
Las diseñadoras buscan acercar la alta costura a las nuevas generaciones. Foto: Ariel Grinberg-Val: El otro recurso es la creación del género. Para tener un producto de lujo, desarrollamos el textil para que sea único, exclusivo. Tenemos la técnica del hilo de seda, que es el más fiel al trazo. Yo dibujo en escala uno en uno. Lo que se dibuja es lo que va a la organza de seda natural, a una gasa, un lino o al tul, con los colores que pensamos.
Usamos también la técnica de bordado a mano en piedras, pero además encaramos una búsqueda incansable de técnicas nuevas. Hicimos organzas labradas pintadas a mano, con nuestro patrón de algas. Son formas femeninas y etéreas. También implementamos el crochet en la alta costura, con formas que se integran al vestido con bordados a mano, flecos.
-Emm: ¿Cómo nos imaginamos de aquí hacia los próximos 10 años? Innovando siempre.
-Val: Nos imaginamos creando siempre para un público joven, que valore nuestra alta costura. En nuestro horizonte, la mira apuntará a las mujeres contemporáneas.








