Un vaticinio que circuló durante décadas dentro y fuera de la academia anunciaba que el avance de la modernización acarrearía el retroceso de la influencia religiosa en la vida social. La innegable disminución de la asistencia a los templos, el crecimiento de quienes se declaran sin filiación religiosa y la diversificación de las creencias parecían confirmar esa predicción.
Sin embargo, los nuevos datos del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, elaborado por el Observatorio de las Creencias -OCREAR-CBC/UBA- (Segundo y Tercer Informe) invitan a complejizar el análisis: las iglesias ya no organizan la vida espiritual de la mayoría como hace décadas, pero siguen siendo actores centrales en la producción de redes de apoyo, especialmente entre los sectores más vulnerables.
En este sentido, uno de los principales hallazgos de la investigación muestra que más de un tercio de la población (35,5%) acudió durante el último año a un templo o a una iglesia para pedir algún tipo de ayuda, ya sea de índole espiritual (21,7%), por asistencia frente a problemas de salud (10,5%), o por necesidades económicas o alimentarias (8,9%).
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
El dato se vuelve aún más relevante cuando se observa quiénes recurren a las iglesias o a los templos. Entre las personas con menor nivel educativo, el 42,8% buscó ayuda en esos espacios religiosos durante el último año, mientras que entre quienes poseen estudios superiores ese porcentaje desciende al 26,6%.
También los mayores de 50 años recurren con mucha más frecuencia que los jóvenes. La religión aparece, entonces, profundamente vinculada con las desigualdades sociales y con las distintas formas de enfrentar la vulnerabilidad. Una herramienta clave en un contexto atravesado por crisis económicas y una marcada fragmentación social.
Las prácticas que organizan el culto a San Cayetano ilustran esta reconfiguración de las devociones religiosas en la Argentina contemporánea. Miles de personas asisten ese día al santuario, inclusive con vigilias que comienzan varios días previos al 7 de agosto.
La mayoría de ellos no son católicos de misa dominical rigurosa, sino creyentes que inscriben este rito en la trama de entidades y organizaciones orientadas al abordaje de problemas tan íntimos y tan sociales a la vez como el desempleo, la inestabilidad laboral o las adicciones.
Bajo esta lógica, los devotos no solo peticionan o agradecen: también interactúan con la propuesta pastoral de la Iglesia, socializando información sobre talleres de oficio, bolsas de trabajo o provisión de alimentos.
A su vez, el Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina da cuenta de otro fenómeno de enorme relevancia: creer ya no implica necesariamente pertenecer. La práctica religiosa se vuelve cada vez más individual y menos institucional.
Más de la mitad de la población (53,7%) afirma haber rezado u orado en la intimidad durante el último año, mientras que solo el 26,4% asistió presencialmente a una misa, culto o ceremonia religiosa. La meditación, por su parte, alcanza al 27,6% de los argentinos y se consolida como una de las prácticas espirituales más extendidas del país.
Estos datos describen una transformación profunda de la experiencia religiosa. La fe y la espiritualidad se desplazan hacia ámbitos domésticos, silenciosos, autónomos, prescindiendo de la mediación de las autoridades religiosas.
Entre los hallazgos cabe subrayar el escaso impacto de las tecnologías digitales sobre la vida religiosa. En tiempos donde prácticamente toda experiencia social parece mediatizada por plataformas, apenas el 5,8% participó de ceremonias religiosas por Internet y solo el 3,4% consultó herramientas de inteligencia artificial sobre temas religiosos o espirituales. La innovación tecnológica avanza con fuerza en muchos ámbitos, pero todavía no modifica sustancialmente las formas predominantes de vivir la religión.
Quizás la enseñanza más importante de ambos informes sea metodológica antes que religiosa. Durante décadas, la sociología de la religión evaluó la vitalidad de las religiones observando casi exclusivamente la asistencia al culto. A la luz de los hallazgos presentados, ese indicador se revela insuficiente para interpretar el panorama religioso contemporáneo.
Las personas creen, rezan, meditan, buscan sentido, participan ocasionalmente, piden ayuda y construyen trayectorias espirituales mucho más diversas que las categorías tradicionales.
A su tiempo, las religiones ya no ocupan exactamente el mismo lugar que hace cincuenta años, pero siguen siendo relevantes en la producción de vínculos y sentido colectivo, aunque sus funciones hayan cambiado.
En suma, la novedad no consiste en el fin de la religión, sino en el fin de una única manera de vivirla. Y entender esa transformación probablemente sea una de las claves para comprender la sociedad argentina venidera. Los próximos relevamientos del Barómetro arrojarán nuevas pistas sobre la evolución de estas transformaciones.
*Director del Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR-CBC/UBA); profesor de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del CONICET
**Director del Barómetro de las Creencias y las Religiones en Argentina (OCREAR-CBC/UBA); profesor de la Universidad de Buenos Aires e Investigador del CONICET









