La agonía de la espera ha terminado para los aspirantes a hacerse con una plaza en la codiciada UNAM, la mayor universidad pública de México y de América Latina. Tras el escándalo por la sospecha de que parte de los mejores puntajes en los exámenes de acceso en línea se habían obtenido mediante trampas, la comisión de expertos designada por el rector ha determinado que la solución menos dañina es repetirlos a la mayor brevedad posible de forma presencial, aunque no para todo el mundo: solo aquellos que ganaron la plaza con el primer examen y aquellos que la habrían logrado de tomar como referencia las notas de corte de años anteriores. Con la decisión, la máxima casa de estudios del país ha puesto fin a una incertidumbre que amenazaba con minar su credibilidad y que dejaba en vilo el comienzo del año escolar. No resuelve, sin embargo, las cuestiones de fondo: qué falló y qué medidas se tomarán para que no vuelva a ocurrir en el futuro. De momento, ya le ha costado el cargo a la secretaria general de la institución, Patricia Dávila.










