Franz Fabien está a punto de perder su casa, su negocio de veinte años y a dos hermanas que están por quedarse sin estatus migratorio. En medio de la incertidumbre por las redadas y el fin del Estatus de Protección Temporal (TPS) para clientes, familiares y amigos haitianos, casi nadie entra a su tienda en el corazón de la Pequeña Haití en Miami. Allí vende de todo —camisetas de la selección, zapatos, extensiones de cabello—, pero su principal fuente de ingresos eran las remesas a la isla y los teléfonos móviles prepagados. Ese negocio prácticamente ha desaparecido: “Antes activaba teléfonos para personas con TPS y ahora ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que hice una activación”. Sin ingresos, Fabien debe seis meses de hipoteca y está al borde del embargo. Pero lo que más le preocupa como hermano mayor, el único naturalizado de su familia, es que tampoco tiene recursos para ayudar a sus hermanas, que este lunes perdieron sus permisos de trabajo y que en las próximas horas perderán el estatus que las protegía de la deportación de Estados Unidos a una isla en crisis.
Miles de haitianos se enfrentan a la deportación tras perder el TPS: “Han luchado por años y ahora no tienen nada”








