Desentendimiento. Una forma perversa de la razón en la crisis permanente (Caja Negra) de la filósofa y teórica del psicoanálisis eslovena Alenka Zupancic es una aportación relevante para pensar un problema contemporáneo con el cual convivimos diariamente que es fácil de comprender, pero difícil de sintetizar en un término.
La edición inglesa de este libro titulada Disavowal remite a la palabra en alemán Verleugnung, concepto que la autora explica a través de la frase del psicoanalista francés Octave Mannoni Je sais bien, mais quand même (“ya lo sé, pero aun así”), y que frecuentemente se traduce como “renegación”, “desmentida” o “desautorización” pero que los editores en castellano consideran más ajustado traducir como “desentendimiento” ya que esta palabra refiere a una acción que nos lleva a actuar como si no se supiera algo, una suerte de “lavarse las manos” o, coloquialmente en los tiempos presentes, un “fingir demencia”.
La clave para comprender este concepto se puede resumir en el siguiente enunciado: no negar determinados hechos sino anunciar, incluso con disfrute que, a pesar de tener conocimiento sobre ellos, se prosigue como antes. En otros términos, uno se desentiende de lo que efectivamente conoce para afirmar algo que va en otra dirección.
Zupancic diferencia con claridad el desentenderse de la represión, ya que esta última implica una negación o expulsión de la realidad de un dato objetivo, en tanto que el desentendimiento requiere más una “des-realización”, es decir, cuando uno percibe algo hace “como si no existiera” a pesar de que sabe plenamente que sí existe.
Esta lógica es lo que denomina la autora como la característica más determinante de un “mundo postfactual” que no requiere que no haya hechos sino en todo caso los hechos ya no acarrean o conducen necesariamente al peso de lo real.
Otra característica del desentendimiento será cierta fetichización que consiste en transferir la creencia desentendida (el “pero aun así”) a un objeto fetiche que libera al sujeto de toda clase de creencia inconsciente, vale decir, quien se desentiende no ve como patológico el hecho de suplir con un elemento “fantasma” a la realidad de los hechos.
El fetiche, dice la pensadora eslovena, no solo permite ignorar cierta realidad sino sobre todo gozar activamente de este ignorar. En función de este diagnóstico la ensayista nos plantea que la actual desautorización del discurso científico, que vemos en la proliferación de teorías disparatadas y complotistas que circulan por las redes sociales, es un efecto del desentendimiento.
Acá la clave reposará en comprender que desentenderse no quiere decir que el sujeto reprima la realidad de los hechos sino simplemente que estos ya no significan nada para él.
El auge de las teorías conspirativas que se propalan en el mundo online será para Zupancic un ejemplo evidente de esta lógica del desentendimiento. Por ejemplo, las élites gubernamentales saben que efectivamente existe el cambio climático y, sin embargo, continúan como si nada, “fingen demencia”, como si creyeran que este no es real.
Otro caso donde se puede verificar esta misma lógica desentendida es en las explicaciones conspiracionistas, como la teoría de QAnon (sus seguidores creen que el mundo está gobernado secretamente por un círculo de poder satánico y pedófilo de políticos demócratas, millonarios y figuras de Hollywood), que se inició en el inframundo de las subculturas de foros digitales de derecha radical pero luego pasó a ocupar un espacio en el discurso oficial del trumpismo.
De igual modo, podemos pensar en el terraplanismo, cuyos adeptos están convencidos de que la mayoría está ciega frente a la verdad escondida de la tierra plana.
La dinámica del conspiracionismo se basa en gran medida en la idea de que alguien está manipulándonos para engañarnos y desviarnos de cómo son las cosas en realidad, en cualquier caso, existe siempre un grupo de “ellos” que oculta “hechos alternativos” que constituyen la verdad.
Las narrativas conspiracionistas, dice la autora, son similares a la lógica onírica: son autoevidentes para la persona cuando está soñando, pero cuando se despierta las conexiones se revelan extrañas e ilógicas. Dice Zupancic: “los conspiracionistas creen que hay una Verdad; sólo están convencidos de que esta verdad es otra o diferente de la oficial”.
De modo que el elemento paranoide también es crucial en todas estas narraciones que necesitan situar la existencia de un “gran otro” que nos engaña, cual la figura del genio maligno de Descartes.
La fascinación con las teorías conspirativas son el emergente del funcionamiento de un mundo que ya no distingue con claridad entre lo real y lo fake, algo que la inteligencia artificial hará aún más problemático de acá en más, el socavamiento de “lo original” es también un resultado de este problema.
La fascinación con las teorías conspirativas son el emergente del funcionamiento de un mundo que ya no distingue con claridad entre lo real y lo fake.
El conspiracionismo va un paso más allá al exponer el funcionamiento de una perversión ordinaria sobre la base del desentenderse de los hechos. Alenka Zupancic nos ofrece el diagrama operativo de un presente ominoso y un futuro incierto.
Desentendimiento. Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, de Alenka Zupancic (Caja Negra).









