Ganó Boca. Ganó y poquito más para la presentación del equipo que ahora conduce Rodolfo Arruabarrena. Lo hizo por 1-0 en la Bombonera ante O’Higgins de Chile por la ida de los playoffs de la Copa Sudamericana. Lo hace con nuevo entrenador y en este torneo porque en el primer semestre del año solo cosechó frustraciones en el Torneo Apertura y en la Copa Libertadores, donde no logró superar la fase de grupos y ahora por el premio consuelo. Salió Claudio Úbeda y volvió al Vasco, diez años después.
Este de Boca de Arruabarrena juega parecido a aquel Boca de Arruabarrena (el que ganó dos títulos y se terminó poco tiempo después de la fatídica noche del gas pimienta). Es puro vértigo y aceleración. Se lleva todo por delante y piensa poco. El Vasco juega casi sin volantes, no le interesa demasiado la tenencia de la pelota y aquello de “juntar pases” no tiene apartado en el manual del nuevo-viejo entrenador.
Contagia poco este Boca, que regresó a la Bombonera y se exhibió ante su público. Tampoco llegaron refuerzos rutilantes. Tiene arquero, eso sí: el colombiano Álvaro Montero fue clave para sostener el cero en su arco cuando Serrafiore sacó un zurdazo desde la puerta del área en el primer tiempo. Ya se había salvado minutos antes cuando Francisco González y la pelota quedó en el techo del arco. También regresó Sebastián Villa, después de “cumplir su sentencia”, según las palabras del presidente de Boca. Hizo poco.
Y el campo de juego tampoco ayudó. Fue difícil jugar sobre el césped de la Bombonera. La cancha estaba blanda y llena de aserrín. Toda la franja del sector de los palcos directamente era intransitable. Y para un equipo que pretende contragolpear rápido y presionar mucho, necesita otras condiciones.
Para destacar queda la aparición del pibe Leonel Flores, que se movió como puntero derecho. Tuvo su presentación en la Bombonera después del gol que marcó ante Sarmiento por Copa Argentina y de una buena producción en la Reserva de Mariano Herrón los últimos dos años. También Dylan Gorosito, como lateral derecho, cumplió una buena tarea. El que pagó el plato fue Tomás Aranda, portador de la número 10. El nuevo esquema atenta contra el juego del volante ofensivo.
Ganó Boca. Y tiene una explicación sencilla: tiene a Leandro Paredes. El capitán del equipo que el último domingo jugó la final del Mundial, voló desde Nueva York, llegó y fue titular este jueves para ser la figura de Boca. Cansado y todo. De sus pies salió lo mejor del equipo. Con la vehemencia para ir al piso (como ante Bellingham) y la inteligencia para cortar las líneas de pase (como ante Marmoush, en la jugada que quedó en un cuadro). Pero sobre todo para meter ese pase de tres dedos letal que dejó mano a mano a Miguel Merentiel. El uruguayo definió para el 1-0 cuando se terminaba el primer tiempo.
Y se acabó, nada más. Poco más. Mereció hacer otro gol Boca. Necesitaba hacer otro gol, porque en una semana deberá revalidar este triunfo en Rancagua. Mucho deberá trabajar el Vasco Arruabarrena. Que fue su primer partido en casa es cierto, que apenas lleva tres desde su regreso (dos oficiales y un amistoso), también.
Pero como dijo Jorge D’Alessandro en El Chiringuito, “el fútbol cambió”. Lo dijo después del Mundial, pero del de Qatar cuando destacaba a las “Ferrari” de la Selección Argentina. El Vasco tiene una en Paredes. Pero parece haber una contradicción entre su idea de juego y lo que quiere hacer con el equipo y cómo se juega al fútbol en la actualidad, y sobre todo, como mejor le sale a su máximo exponente. Necesitará tiempo. Pero en el fútbol -como en la TV- el tiempo es tirano.









