Así como hay escritores que construyen novelas, Pierre Lemaitre construye épocas y con ellas, sagas. Sus libros no solo cuentan historias: reconstruyen el clima de una sociedad, las contradicciones de una generación y las miserias que sobreviven incluso en períodos de prosperidad. Con Grandes promesas, cuarta y última entrega de la saga Los años gloriosos, el autor francés vuelve a demostrar que la narrativa popular puede convivir con la ambición literaria.
Nacido en París en 1951, Lemaitre trabajó durante años como docente antes de dedicarse por completo a la escritura. Alcanzó reconocimiento internacional en la novela policial con la serie protagonizada por el comandante Camille Verhoeven, pero fue Nos vemos allá arriba, ganadora del Premio Goncourt en 2013, la que consolidó su prestigio como uno de los grandes narradores franceses contemporáneos. Desde entonces, su proyecto literario ha ido desplazándose hacia procesos históricos donde la ficción dialoga con situaciones políticas y sociales.
La saga Los años gloriosos, integrada por El ancho mundo (2022), El silencio y la cólera (2023), Un futuro prometedor (2025) y ahora Grandes promesas (2026), de reciente publicación en la Argentina por Salamandra, sigue el recorrido de la familia Pelletier desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta comienzos de la década de 1960. Lo que comienza en Beirut, alrededor de una fábrica familiar de jabón, se expande hacia una Francia que atraviesa los llamados “Treinta Gloriosos”: años de crecimiento económico, modernización acelerada y optimismo colectivo que, bajo la mirada de Lemaitre, esconden desigualdades, corrupción y conflictos íntimos.
La nueva novela –que cierra la saga, pero puede leerse también como una historia independiente– transcurre entre 1960 y 1964. Un incendio en un edificio, un bebé rescatado de las llamas y un jabalí de otro tiempo irrumpen desde las primeras páginas para poner en marcha una trama donde el azar vuelve a alterar el destino de los Pelletier.
Mientras París se transforma al ritmo de las grandes obras urbanas y el progreso parece convertirse en una realidad palpable, los miembros de la familia enfrentan viejos secretos, ambiciones personales y cuentas pendientes que atraviesan varias generaciones. Como en las entregas anteriores, la intriga nunca funciona como un mero mecanismo de suspenso: es la herramienta con la que Lemaitre desnuda las tensiones y ambiciones (internas o externas) de cada uno de los miembros del clan Pelletier.
Uno de los mayores logros de la saga es que evita la nostalgia. No idealiza el pasado. Los años de prosperidad económica aparecen atravesados por la especulación inmobiliaria, la corrupción política, la violencia heredada de la guerra y las transformaciones de una sociedad que cambia más rápido que sus protagonistas. Cada personaje encarna una forma distinta de negociar con ese tiempo nuevo: algunos prosperan, otros sobreviven y varios descubren que el progreso no garantiza la felicidad. Por supuesto, también se descubren secretos añosos.
Lemaitre ha sido comparado con Alexandre Dumas por su capacidad para sostener grandes relatos poblados de personajes memorables y constantes giros narrativos. Bien podría cada capítulo ser la entrega de un folletín. Pero detrás de este ritmo hay una escritura precisa, atenta a los detalles históricos y a las dinámicas familiares. Sus novelas consiguen ser entretenidas sin renunciar a la complejidad ni al abanico de subtramas de principio a fin.
Con Grandes promesas, el autor no solo concluye la historia de los Pelletier. También cierra un ambicioso retrato de la Francia de posguerra, donde las promesas de crecimiento conviven con la oscuridad del poder, la memoria y la condición humana.
Grandes promesas, de Pierre Lemaitre (Salamandra).









