Más que haberse jugado en tres sedes diferentes, el Mundial 2026 debería ser recordado como el primero que se realizó en dos planetas distintos. En contraste con un México que se confirmó por tercera vez como un orgulloso y encendido anfitrión en continuidad con sus experiencias de 1970 y 1986, Estados Unidos y Canadá cumplieron su aséptico papel de donantes de predios de fan fest y estadios lujosos —casi siempre llenos, eso sí—, las únicas islas de fútbol de dos países que este lunes ya se habrán olvidado de que allí hubo un Mundial, si es que en algún momento lo supieron.










