Desde hace cuatro meses, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, colecciona dolores de cabeza provocados por varios de los gobernadores oficialistas y sus supuestos vínculos con el crimen organizado. Mientras se enroca en la defensa de los máximos mandatarios de Baja California, Sinaloa, Tamaulipas y Sonora con el argumento de la soberanía nacional, se abre una escalada de señalamientos desde Estados Unidos hacia la política mexicana pese a la buena mano que Sheinbaum ha ido mostrando para manejar la relación con su homólogo Donald Trump. La estrategia diplomática basada en el pragmatismo y bautizada como “cabeza fría” encontró su horma en una serie de acusaciones desde el norte del río Bravo.
Los cuatro frentes de Sheinbaum por las conexiones entre política y crimen organizado: Baja California, Sinaloa, Tamaulipas y Sonora









