El sistema ecológico de los Esteros del Iberá sumó un logro trascendental para la preservación de su fauna nativa. La Fundación Temaikèn, en una acción coordinada con agrupaciones conservacionistas locales, concretó la reinserción al medio silvestre de Kuarahy y Jasy, dos cachorros hermanos de aguará guazú (Chrysocyon brachyurus).
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Este acontecimiento corona un proceso de alta complejidad biológica que demandó nueve meses de rehabilitación intensiva en el Centro de Recuperación de Especies Temaikèn (CRET), ubicado en Escobar, provincia de Buenos Aires.
Ambos ejemplares fueron liberados en una zona de reserva de alta disponibilidad de recursos hídricos y alimenticios en Corrientes. Para asegurar el éxito de la adaptación, los científicos los equiparon con collares satelitales con tecnología GPS, un dispositivo que permitirá monitorear sus desplazamientos geográficos, patrones de caza, territorialidad y supervivencia general en el humedal sin interferir con su comportamiento natural.
“Lograr la crianza de dos aguará guazú huérfanos fue un gran desafío para la Fundación ya que eran muy pequeños cuando llegaron al CRET. Pero también es una gran satisfacción poder plasmar nuestra experiencia con esta especie y ver que podemos seguir aportando a su supervivencia”, evaluó Guillermo Delfino, coordinador del Programa de Especies Amenazadas de la institución.
De la orfandad en el Iberá a los 20 kilos de peso
La historia de supervivencia de los animales (cuyos nombres significan Sol y Luna en lengua guaraní) comenzó cuando fueron hallados en el macrosistema Iberá con apenas 45 días de vida, desprotegidos y sin rastro de su madre. Tras un rescate inicial a cargo de la Fundación Rewilding Argentina, los cachorros recibieron los primeros auxilios médicos en el Centro de Conservación Aguará, en jurisdicción correntina.
Una vez estabilizados sus parámetros vitales, se dispuso su traslado al CRET debido a la infraestructura especializada de ese centro para la cría aislada de cánidos.
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El desarrollo biométrico de los hermanos cumplió con las expectativas más optimistas del equipo interdisciplinario. Al ingresar al centro de rehabilitación pesaban apenas 1,2 kilogramos; tras nueve meses bajo un estricto protocolo de aislamiento biológico (para evitar que asocien al ser humano con el alimento), los aguarás regresaron a Corrientes con un peso cercano a los 20 kilogramos y una altura de 90 centímetros.
“El hecho de que sean dos hermanos fue un factor positivo: la compañía mutua hizo que la adaptación fuera menos traumática y que el vínculo entre ellos actuara como un sostén natural durante las primeras semanas. Evaluamos la manifestación espontánea de conductas naturales de la especie ante desafíos controlados, garantizando que sean compatibles con la vida silvestre”, amplió Delfino respecto al éxito del protocolo.
Una especie amenazada por los mitos y las rutas
El aguará guazú es el cánido de mayor envergadura de Sudamérica. En el territorio de la República Argentina se localiza la población más austral de la especie, la cual se encuentra categorizada bajo la condición de Vulnerable a nivel nacional según los registros de la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM), y como Casi Amenazado en la Lista Roja global de la UICN.
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Los especialistas advierten que las principales amenazas de este mamífero inofensivo se concentran en la pérdida sistemática de su hábitat natural por el avance de la frontera agropecuaria, los índices de atropellamientos en rutas provinciales y nacionales, y los ataques provocados por la caza furtiva, sustentada históricamente en mitos erróneos sobre su fisonomía y comportamiento.
Con este operativo, Fundación Temaikèn consolida más de dos décadas de intervenciones en la materia, donde además co-lidera el programa internacional S.A.F.E. (Saving Animals From Extinction) para preservar al cánido de la extinción.









