Catalina Giraldo pudo elegir los rituales de su muerte. La cita fue a las nueve y cinco de la mañana, en una habitación que olía a lavanda y en la que sonaba Florence + The Machine, su banda preferida. Allí, su madre y su hermana, junto con su perro, Lulú, la acompañaron mientras un profesional de la salud le practicaba la eutanasia. Giraldo murió, sin embargo, con la pena de no haber podido tomar la decisión que más le importaba: cómo morir. Ella quería suicidarse con asistencia médica, un procedimiento despenalizado desde el 2022 y que ha desatado un intenso debate en la Corte Constitucional por las razones en que se fundaba su solicitud: padecimientos psiquiátricos graves e incurables.
La eutanasia de Catalina Giraldo deja en suspenso el debate sobre la asistencia médica al suicidio en Colombia









