El teatro negro uruguayo, de grandes dimensiones, llega a la calle Corrientes en vacaciones de invierno

El teatro negro uruguayo, de grandes dimensiones, llega a la calle Corrientes en vacaciones de invierno


En el epicentro del vértigo de la calle Corrientes, donde las marquesinas compiten por el destello más brillante y los grandes tanques musicales marcan el ritmo de las vacaciones de invierno, una propuesta rioplatense invita a detenerse, tomar aire y reconectar con el asombro más primitivo. Desde Uruguay, el multipremiado Kolectivo Romanelli regresa a Buenos Aires para presentar su más reciente y aclamado espectáculo para toda la familia: KI, el lugar de las criaturas. La reconocida agrupación, distinguida en su país con tres Premios Florencio y dos Premios Iris, ofrecerá una breve e imperdible temporada de únicas 10 funciones en la emblemática Sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza (Av. Corrientes 1660, CABA). Las citas serán los días 22, 23, 24, 25, 27, 28, 29, 30 y 31 de julio, y el 1 de agosto a las 15.

Dirigido, diseñado y corporizado por Martín L. Romanelli, el grupo cuenta con una trayectoria internacional que ya ha recorrido más de 15 países en América, Europa y Asia, colaborando con instituciones de la talla del Teatro Solís, la Comedia Nacional uruguaya y la prestigiosa compañía catalana La Fura dels Baus. En esta oportunidad, redoblan la apuesta estética con una aventura visual donde un gigante de 5 m de altura, muñecas voladoras, y seres fantásticos que protegen el agua y los bosques se apoderan de la escena.
Antes de cruzar el charco el próximo 20 de julio, el director dialogó con Vivo Perfil sobre la exigencia física detrás de los muñecos, las influencias del cine de animación y la profunda emoción que le genera compartir el escenario con su propio hijo.

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El arte de la vieja escuela y el asombro de las cuevas

Hacer teatro negro a gran escala no es una tarea para cualquiera. Requiere de una disciplina física y técnica rigurosa que el Kolectivo Romanelli ha moldeado en una versión sumamente personal, donde los muñecos rompen los límites tradicionales al portar luces en su propio interior y ellos se dejan ver sutilmente ante la platea. “Trabajamos con muñecos de gran escala y eso nos exige posturas incómodas. Hay que entrenarse por partes, tener una gimnasia previa y posterior a la función para evitar lastimaduras. Por ahora, el cuerpo caliente banca, ¡pero seguro lo voy a sentir dentro de unos años!”, bromea el director.

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El proceso de gestación de KI demandó casi un año de talleres y ensayos meticulosos para lograr que estructuras colosales adquirieran movimientos orgánicos y creíbles sobre el escenario. Fieles a la identidad autogestiva de los años ’90, el propio equipo fabrica a mano cada pieza, llegando incluso a formular sus propias pinturas para expandir la acotada gama de los colores flúor tradicionales. Ese sutil trabajo artesanal rinde sus frutos en la sala, logrando que el público infantil se despoje de las pantallas por un rato para entregarse a una interacción pura y analógica. “Los chicos interactúan de una manera muy potente y real; se paran, les gritan cosas a los muñecos, los alientan, les avisan si hay peligro. Se genera una simbiosis hermosa donde la sala se vuelve como aquellas cuevas prehistóricas donde el brujo de la tribu contaba una historia alrededor del fuego y nos asombrábamos de nuestra propia sombra en la vereda. Logramos que adultos y niños se igualen frente a la curiosidad”, asegura el Romanelli. Aquí la entrevista completa:

La voz de un hijo y el espíritu de Miyazaki

A diferencia de las producciones puramente performáticas anteriores del Kolectivo, KI abraza una narrativa marcadamente teatral que busca invitar a los adultos a mirar el mundo con los ojos del niño que alguna vez fueron para filtrar el estrés cotidiano, al tiempo que le pide a los más chicos que conserven esa pureza al crecer. Pero el corazón invisible de la obra late en su banda de sonido: por primera vez, la agrupación decidió que la voz conductora del relato fuera la de un niño: “Tuve la suerte y el enorme privilegio que me da el teatro de trabajar con mi hijo de 11 años, que es quien hace la voz de Ki –confiesa el creador con emoción-. Hago casi todas las funciones lagrimeando un poquito cuando lo escucho decir desde los parlantes esas cosas tan movilizantes. Nos sorprendió notar que la voz de un par llega directo a los chicos, sin distracciones”.

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Al indagar sobre el universo de estas criaturas fantásticas, que dialogan con antiguas leyendas orientales donde los ríos y las montañas poseen un espíritu propio, el director no duda en trazar un puente directo con la animación japonesa de culto. Nuestros guiones van muy en la línea de un director de cine que yo amo profundamente, que es Hayao Miyazaki, el creador de El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro. Quienes vengan a la sala van a encontrar mucho de ese camino: seres mágicos con códigos de comportamiento muy amables, curiosos y afectivos. Proponemos historias de superación pero en comunidad, donde no hay un gran héroe individual ni villanos que vencer, sino misterios con los que conversar y una aventura para atravesar juntos”, detalla sobre esta puesta recomendada para chicos desde los 4 y 5 años en adelante, pero que termina arrastrando a los padres a chasquear los dedos y silbar en unísono con la platea.

El desafío de conquistar la “calle que respira teatro”

Llegar a la mítica avenida Corrientes representa un hito entrañable para el director, quien vivió en Buenos Aires durante algunos años de su infancia y mantiene lazos afectivos de más de cuatro décadas en el país. Tras despedirse de las salas uruguayas -donde actualmente alternan las funciones de KI en la Sala Verdi con su otra gran producción, Agua, en el emblemático Teatro Solís-, trasladar el despliegue escénico hacia la Argentina implica una verdadera proeza logística de aduanas y camiones por el volumen de su escenografía.

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“Sabemos que Buenos Aires vive y respira teatro de una forma única. Tiene esos tanques gigantes, esos musicales glamorosos, y una tradición enorme de teatro de objetos y muñecos con referentes históricos que para mí son descomunales e innombrables. Nosotros vamos humildemente a poner nuestro granito de arena, a ver si podemos proponer un ritmo diferente en el medio del Paseo La Plaza. Nuestra mayor expectativa es el encuentro humano: ver cómo reacciona y cómo respira el público porteño ante nuestra ceremonia. Ojalá consigamos armar esa mística tan bonita que nos viene acompañando en casa”, concluye. Encontrá acá más info sobre las entradas.