No fue una bala de goma. El artefacto que le fracturó el cráneo al maestro indígena de Guerrero, Proceso Columbo González, de 45 años, y que lo dejó sin vista para siempre, ni siquiera ha sido identificado con un nombre. No aparece en los manuales de los utensilios “permitidos” en las leyes mexicanas para contener manifestaciones y tampoco ha sido reconocido por la policía de Ciudad de México, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), que fue la responsable del operativo que contuvo la manifestación de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), el pasado 1 de junio en las puertas del Zócalo de la capital y en la antesala de la inauguración, a solo unos kilómetros de distancia, del Mundial de fútbol.










