“Uno menos, este no jode más”, dijo alguna vez, cuando la víctima de un robo asesinó al ladrón. “La sociedad no quiere ser villera [habitante de barrios pobres], ni tener papás putos”, dijo en otra oportunidad, cuando se organizaba una marcha del orgullo LGTBIQ+. El periodista argentino Eduardo Feinmann, con una trayectoria de más de 30 años en radio y televisión, ha construido un personaje que se pretende duro e implacable. Tan reconocible por la cadencia de su voz —de esforzada ironía y seriedad impostada—, como por la consecuencia en la elección de sus enemigos: las feministas y las minorías sexuales, los sindicalistas, los indígenas, los activistas por los derechos humanos, los estudiantes que protestan.








