Hay una constante en el discurso libertario que refiere a los martirios que causa la política a la sociedad argentina. Santiago Caputo -el responsable de la comunicación del gobierno de Milei- twitteo “si la política no interfiere, la Argentina en diez años será un país diametralmente distinto, integrado al mundo…”.
Hace unos días, el presidente de la Camara de Diputados, Martín Menem aseveró en una entrevista que “si la política no jode, toda la economía va a mejorar”. El otro Caputo, el ministro de Economía, se queja constantemente de que el ruido de la política retrasa la recuperación económica. Bajo esta curiosa premisa también se defiende la reforma electoral que busca eliminar las PASO: “las PASO cuestan mucho dinero para la sociedad”.
La política molesta. La política entorpece. La política gasta dinero.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
La política es el conjunto de prácticas que conducen a la toma de decisiones que hacen a la vida en sociedad. En una primera instancia, la política parte del reconocimientode aquellos bienes y valores públicos que hacen al bien común de todos los ciudadanos.
Cuando ciertos funcionarios quieren ‘ahorrar en política’, lo que buscan es escatimar democracia”
A partir de ello, la política se materializa en la responsabilidad de la producción y distribución de esos bienes y valores públicos que se consideran necesarios para el bienestar social.
Entonces, ¿Qué se entiende por bien común? ¿Cuáles son esos bienes y valores públicos que hacen al bien común? ¿Cómo se distribuyen esos bienes y valores? Las respuestas que la política da a estos cuestionamientos afectan la vida de todos. Te guste o no, la política te afecta. Por eso mismo, la cuestión de fondo es ¿quién y cómo se decide sobre esas cuestiones?
Aquí cobra relevancia la participación en las respuestas a esos interrogantes. Es justamente donde la democracia tiene sentido en tanto poder real de los ciudadanos de intervenir en las discusiones públicas.
¿Cuáles son esos bienes y valores públicos que hacen al bien común?”
Así, la democracia se define a partir del conjunto de normas legales que establecen quién tiene la autoridad para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos las lleva adelante: es la noción operativa de democracia que determina el cómo se llega y se ejerce el poder.
Esta descripción mínima se debe nutrir con una definición sustancial de democracia, que declare y promueva los valores del sistema liberal-constitucional que garantizan derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, fundamentales al momento de la participación.
Democracia argentina: amada, tolerada… y bajo sospecha
Precisamente por ello, en democracia la política no es solo una actividad de los funcionarios políticos, sino que se desarrolla en la interacción entre distintos actores de una misma comunidad que buscan influir en las decisiones que afectan a todos.
Aclarado el panorama conceptual, la conclusión evidente es que a ciertos funcionarios políticos lo que les jode no es la política en sí, sino la democracia como tal. El agravio y menosprecio a la política tiene una única intención: alejar, restringir y, en consecuencia, cerrar los espacios de deliberación.
Cuando ciertos funcionarios quieren “ahorrar en política”, lo que buscan es “escatimar democracia”, es excluir de la discusión pública a los ciudadanos. Es la fijación compulsiva de querer reinar sobre los súbditos, no de gobernar junto a los ciudadanos.








