¿Cómo juega Egipto? Fortalezas y debilidades de los “Faraones” de Mo Salah, la próxima parada de la Selección en el Mundial 2026

¿Cómo juega Egipto? Fortalezas y debilidades de los “Faraones” de Mo Salah, la próxima parada de la Selección en el Mundial 2026

Será otro partido para la Selección Argentina, no solo en la obviedad de esas palabras, sino también en el análisis del próximo rival en el Mundial 2026. Egipto será el tercer rival africano de los cinco que ha enfrentado hasta el momento, pero en la concepción del juego estará más cerca de Argelia que de Cabo Verde. El campeón defensor sigue en carrera, sostiene intacta la ilusión de pelear por otra Copa del Mundo y conserva esa reserva emocional que tantas veces lo sacó de lugares difíciles. Los partidos a eliminación directa obligan a una atención máxima, porque cada desconexión puede costar demasiado caro. Y los “Faraones”, el próximo martes a las 13:00 (hora de Argentina) por los octavos de final, serán una oportunidad para la Albiceleste.

En comparativa, Cabo Verde empujó a Argentina a un juego más cerrado, con mucha concentración defensiva. Egipto supone otra incomodidad. No es un seleccionado que viva únicamente de esperar y correr. Puede hacerlo, claro, porque tiene a su propia leyenda Mohamed Salah y a Omar Marmoush, dos delanteros capaces de transformar un pase filtrado en una situación de gol. Pero si se analizan sus cuatro partidos en este Mundial se entiende que encontró mejores resultados a partir de la posesión, que intenta progresar juntando pases y que se siente cada vez más cómodo cuando puede instalarse en campo rival.

Los números lo respaldan. Tuvo apenas 38,1 por ciento de posesión ante Bélgica en el debut, subió a 50,3 frente a Nueva Zelanda, 53,7 contra Irán y 53 ante Australia, en los 16avos de final que ganó por penales después de sufrir el empate 1-1 en el complemento del tiempo regular. Entonces, esa será la primera misión argentina: no dejarlo pensar cómodo. Y si se tiene en cuenta que una de las deudas ante Cabo Verde pasaron por la presión sobre el portador de la pelota, puede ser peligroso.

No obstante, el dato más importante está en las rupturas de línea. Egipto produjo 78 ante Bélgica, 110 contra Nueva Zelanda, 97 frente a Irán y 113 ante Australia. Habla de un equipo que no siempre necesita correr para avanzar. Puede hacerlo con un pase filtrado, con una recepción de espaldas para el rebote o con un mediocampista que aparece libre detrás de la primera presión. Tapar el primer pase interior, cortar el circuito de los mediocampistas centrales Marawan Attia y Mohanad Lashin, orientar la salida hacia los costados y evitar que Salah reciba perfilado entre lateral y central, en la “zona Messi”. Esta necesidad de “ganar” el eje de la cancha quizás empuje a Lionel Scaloni a incluir un cuarto elemento como Leandro Paredes, para complementar a Enzo Fernández, Rodrigo De Paul y Alexis Mac Allister.

Y si Salah es el pensante del ataque, Marmoush es el complemento perfecto. Ataca espacios, remata mucho y acompaña cada movimiento del capitán egipcio. Si Mo arrastra, el otro aparece. Si Marmoush fija, Salah queda liberado. Emam Ashour es el jugador que mejor explica el crecimiento colectivo de Egipto detrás del capitán. Convirtió contra Bélgica y repitió contra Australia. No tiene un solo camino, aunque sí tiene un circuito preferido: juntar por dentro, activar a sus mediocampistas y terminar muchas veces por afuera.

También es un equipo que termina sus jugadas. Remató 14 veces contra Bélgica, 19 frente a Nueva Zelanda, 15 ante Irán y 14 contra Australia. Además, recuperó 52 pelotas ante Bélgica, 51 contra Nueva Zelanda y 52 frente a Irán. No es sólo un conjunto prolijo con la pelota: también puede volver a atacar rápido después de una pérdida rival.

Ojo, hay limitaciones. Su posesión no se traduce en chances de gol. Puede jugar bien hasta tres cuartos, pero no siempre convierte ese dominio en peligro real. Mucha elaboración, poca profundidad. Mucha circulación, poca ventaja dentro del área. Es un equipo que da la sensación de controlar más de lo que lastima. Ahí Argentina puede encontrar una llave.

Con la pelota, Argentina deberá tener paciencia, una de sus características principales y que sacó a relucir contra Cabo Verde. Mover, atraer, descargar y acelerar recién cuando aparezca el hueco. La ansiedad sería una mala consejera después del parto de Miami.

También puede tener peso la pelota parada. Argentina hizo cinco de sus últimos seis goles mediante esa acción. Egipto mostró dificultades en algunos rebotes y segundas pelotas, sobre todo contra rivales físicos.

Egipto tiene argumentos para competir. Tiene a Salah, tiene a Marmoush, tiene juego colectivo y, además, una hinchada que lo acompaña muchísimo. En Atlanta será, quizás, el duelo más parejo en las tribunas hasta ahora. ¿Será igual en la cancha?