Dos de los coautores del asesinato del senador Miguel Uribe Turbay tendrán que pagar más de 20 años de prisión. Una jueza de Bogotá ha avalado este miércoles los preacuerdos que firmó la Fiscalía General de la Nación con Elder José Arteaga Hernández, alias Chipi, y William Fernando González Cruz, alias El Hermano, quienes reconocieron su participación en el atentado que causó la muerte del legislador uribista a mediados de 2025. Tras la decisión de la jueza, Arteaga tendrá que pagar una pena de 26 años y 3 meses de prisión, mientras que González recibirá una condena de 21 años y 9 meses.
Tras la negociación judicial, avalada por una jueza penal especializada, los dos implicados serán juzgados por los delitos de homicidio agravado, concierto para delinquir agravado, utilización de menores para la comisión de delitos, fabricación, tráfico, porte o tenencia agravada de armas de fuego, y ocultamiento, alteración o destrucción de elementos materiales probatorios. La defensa de las víctimas, sin embargo, ha apelado la decisión sobre Arteaga, al considerar que no aportó detalles que permitieran esclarecer los hechos y que la pena que se le impondrá no es proporcional con la gravedad de su conducta.
De acuerdo con la investigación hecha por el Grupo de Tareas Especiales de la Unidad de Vida de la Seccional Bogotá, ambos implicados organizaron y participaron en varias reuniones que tuvieron lugar en la localidad de Bosa, en el sur de la capital, en las que se planeó el atentado ejecutado el 7 de junio de 2025 en el parque El Golfito, en el barrio Modelia, mientras Uribe Turbay participaba de un mitin como precandidato presidencial de oposición. Aquel día, tanto Arteaga como González asumieron papeles activos en la ejecución del crimen.
Según la investigación, Arteaga diseñó el plan criminal e impuso funciones particulares a todos los implicados antes, durante y después del atentado contra el senador. También hizo seguimiento de la víctima y cumplió con tareas de verificación del lugar en el que finalmente se cometieron los hechos. De igual manera, fue el responsable de entregar el arma con la que un adolescente disparó a Uribe Turbay, quien cayó herido de suma gravedad al recibir un disparo en la cabeza, y supervisó de cerca el momento de la acción.
González Cruz, por su parte, fue el encargado de esperar dentro de un vehículo estacionado cerca del parque El Golfito y facilitó la huida de otros involucrados hacia el barrio Santa Fe, en el centro de la ciudad. Además, vendió uno de los teléfonos celulares que fueron usados el día del atentado para la comunicación entre los implicados, con el objetivo de dificultar las labores investigativas de las autoridades.
En marzo pasado, la justicia ya había condenado a 21 años de prisión a Carlos Eduardo Mora, alias El veneco o El venezolano, por su implicación en el homicidio. A finales de ese mismo mes, ordenó la captura de varios miembros de la Segunda Marquetalia, una de las disidencias de la extinta guerrilla de las FARC, por su participación en el hecho. Entre ellos sobresalían Luciano Marín, alias Iván Márquez, antiguo miembro del secretariado del desaparecido grupo insurgente, y José Manuel Sierra, alias Zarco Aldinever. También se ofrecieron recompensas por Gener García Molina, alias Jhon 40, Jhon Jairo Bedoya Arias, Rumba; Alberto Cruz Lobo, Enrique Marulanda, Diógenes Medina, Gonzalo o Chalo, y Kendrick Téllez Álvarez, Yako.
El crimen de Uribe Turbay, baleado el 7 de junio y fallecido más de dos meses después, el 11 de agosto, revivió las sombras de la violencia política en Colombia y evocó la época de los atentados políticos de la campaña de 1990, cuando cuatro candidatos presidenciales fueron asesinados —el liberal Luis Carlos Galán y los izquierdistas Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro— por carteles del narcotráfico o grupos paramilitares. El hecho, además, fue el preludio de una campaña política pasada por el miedo y la zozobra, pero también por la agresividad y la división, cuyos rezagos, ya terminada la contienda electoral, se siguen percibiendo en el ambiente.








