Desde este 1° de julio, cinco corredores estratégicos que conectan el área metropolitana, zonas productivas bonaerenses y destinos del interior comenzaron una nueva etapa de gestión privada. La concesionaria Corresur asumió la operación de una red de 1.325 kilómetros que incluye las autopistas Riccheri, Jorge Newbery, Ezeiza-Cañuelas y las rutas nacionales 3, 205 y 226.
El cambio forma parte de la nueva etapa de la Red Federal de Concesiones Viales impulsada por el Gobierno nacional, que busca modificar el esquema de operación y mantenimiento de rutas, con participación privada y sin subsidios estatales para la gestión cotidiana de los corredores.
Uno de los primeros objetivos de la empresa será avanzar con un plan de recuperación vial que incluye trabajos de bacheo superficial y profundo, sellado de grietas, fresado, reparación de banquinas, renovación de señalización y reemplazo de elementos de seguridad vial.
Las primeras obras comenzarán sobre sectores prioritarios de las rutas nacionales 205, 226 y 3, con intervenciones previstas en 431 kilómetros de la traza. También se realizarán tareas de mantenimiento en iluminación, semaforización, alcantarillas, puentes y zonas de camino.
Uno de los cambios que más impactará en los usuarios será la modernización del sistema de cobro. Desde el inicio de la concesión, las estaciones de peaje dejarán de aceptar pagos en efectivo y funcionarán mediante medios electrónicos y automáticos.
La primera etapa alcanzará a las estaciones de Agüero, Tristán Suárez, Uribelarrea, Cañuelas e Hinojo. Los usuarios podrán pagar con TelePASE, tarjetas de crédito y débito con tecnología contactless o mediante códigos QR a través de billeteras virtuales habilitadas.
En cuanto a las tarifas, las seguirá fijando el Estado nacional. La actual política es una actualización cada tres meses de acuerdos a los datos de la inflación. En la autopistas Riccheri y la Ezeiza-Cañuelas, el último aumento fue a fines de febrero y llevó la tarifa para automóviles (hasta dos ejes y 2,10 metros de altura): a $1300 en horario normal y $1500 en hora pico.
La red que ahora queda bajo gestión privada tiene un peso estratégico por el volumen de tránsito que concentra. No sólo conecta millones de usuarios que ingresan y salen del área metropolitana, sino que también vincula zonas industriales, centros logísticos, áreas agrícolas y destinos turísticos de la provincia de Buenos Aires.
La autopista Riccheri es uno de los principales accesos al Área Metropolitana de Buenos Aires y conecta con el aeropuerto internacional de Ezeiza, mientras que la autopista Ezeiza-Cañuelas funciona como un corredor clave hacia el sudoeste bonaerense. Las rutas nacionales 3, 205 y 226, en tanto, atraviesan zonas productivas vinculadas al agro, la industria y el transporte de cargas.
Por estos corredores circulan diariamente vehículos particulares, transporte de pasajeros y camiones que trasladan producción, por lo que el estado de la infraestructura tiene impacto directo en la seguridad vial y en los tiempos de traslado.
La llegada de Corresur forma parte de la nueva Red Federal de Concesiones Viales impulsada por el Gobierno nacional, un esquema que busca que empresas privadas se hagan cargo de la operación, mantenimiento y ejecución de obras en distintos corredores nacionales.
En la denominada Etapa II-A, el Gobierno adjudicó dos tramos de rutas que abarcan más de 1.800 kilómetros y que conectan la provincia de Buenos Aires, La Pampa y el sur bonaerense. En ese proceso, el tramo denominado Sur-Atlántico-Acceso Sur quedó en manos del consorcio integrado por CONCRET NOR SA, MARCALBA SA, POSE SA y COARCO SA, que conformaron la UTE Corresur.
El nuevo modelo implica que las empresas concesionarias deberán asumir el riesgo operativo, realizar las obras previstas y garantizar el mantenimiento de los corredores bajo estándares de seguridad y servicio.








