Luego de tres semanas inolvidables, el 12 de agosto de 2025 finalizó el streaming del Conicet que mostró el fondo marino, frente a Mar del Plata, como nunca antes.
La transmisión se convirtió en un fenómeno inesperado y sin precedentes: 19 millones de usuarios la siguieron en vivo por YouTube; la cuenta de Instagram del equipo de científicos que llevó adelante el estudio, el Grupo de Estudios del Mar Profundo de Argentina (GEMPA), creció de 900 suscriptores a 190.000. Y la “estrella culona” pasó a ser un meme con presencia viral en las redes sociales.
El éxito se vio coronado en diciembre del año pasado cuando la campaña científica ganó el Martín Fierro de Oro, en la primera edición dedicada a transmisiones de streaming. Ese premio se sumó a la veintena de reconocimientos que recibió la misión.
Para el público fue la culminación del esforzado trabajo en la búsqueda de conocimiento que caracteriza a la ciencia, en este caso, dedicada a la exploración de ese gran enigma que todavía son los fondos oceánicos.
El post-streaming
Pero cuando la gente volvió a sus preocupaciones cotidianas, el grupo de científicos del Conicet empezó otras tareas: estudiar el material recolectado. “Va a tomar tiempo analizar las doscientas horas de filmación que registramos”, comenta Daniel Lauretta, director de la Expedición Talud Continental IV (tal su nombre oficial).
¿Cuánto tiempo? En palabras de uno de los miembros del proyecto, Gregorio Bigatti, biólogo e investigador principal del Conicet: “De esta campaña, solamente, tenemos muestras para trabajar durante 10 años más”.
El científico Gregorio Bigatti junto al cuadro de Pablo Penchaszadeh, profesor de muchos participantes de la misión, y que esta vez viajó como como artista a bordo.Es decir, lo que se vio por YouTube fue apenas el comienzo. Al bajar del buque desde el que hicieron la transmisión, empezó el análisis detallado del material. Una etapa que hoy comienza a dar sus frutos.
Ahora, el equipo del GEMPA acaba de publicar los resultados preliminares (lo que se conoce como preprint) en dos artículos científicos a los que Viva tuvo acceso exclusivo. Allí se destaca que, según estimaciones de los investigadores, se habrían descubierto más de 40 especies nuevas de animales.
De ellas, seis -un crinoideo y cinco briozoos- ya se han descripto formalmente y se muestran en estas páginas. Pero, ¿en qué consiste y cómo se desarrolla ese trabajo laborioso, una vez que la exposición mediática se desvanece y empieza el estudio anónimo en laboratorio?
Las seis especies halladas e identificadas por la misión del Conicet. Un crinoideo (Arriba derecha) y el resto, briozoos. Foto: Schmidt Ocean Institute.Para averiguarlo, Viva entrevistó a parte del equipo y fue a ver cómo trabajan en el laboratorio del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, uno de los lugares donde se realiza esta nueva etapa.
Daniel Lauretta y Mariano Martínez son de allí y Gregorio Bigatti, quien contó su experiencia a través de una videollamada, trabaja en el Laboratorio de Reproducción y Biología Integrativa de Invertebrados Marinos (LARBIM), en el IBIOMAR, Puerto Madryn, Chubut.
El pre-streaming
La investigación se hizo en el cañón de Mar del Plata (a unos 300 kilómetros de la ciudad balnearia), una depresión en el lecho submarino con una profundidad de hasta 3.900 metros.
Algunas de las imágenes que más sorprendieron del streaming del Conicet. Foto: Schmidt Ocean Institute.Los recursos y la infraestructura los aportó el Schmidt Ocean Institute (SOI), con sede en California, Estados Unidos. Esto incluía el buque de investigación Falkor (too), junto con la tripulación, y el vehículo operado remotamente (ROV, por sus siglas en inglés) SuBastian, equipado con cámaras de alta definición y brazos robóticos para la toma de muestras.
Aunque ya se habían realizado expediciones submarinas en ese lugar (las campañas Talud Continental I, II y III) con buques del Conicet, esta fue la primera vez que se usó un ROV en aguas profundas argentinas y, por lo tanto, la primera vez que se pudo ver allí la vida oceánica en su ambiente natural.
– ¿Cómo se logró la asociación con el Schmidt Ocean Institute?
– Gregorio Bigatti: En 2023 presentamos nuestro proyecto, en competencia con otros de diferentes partes del mundo, y en 2024 nos lo aceptaron para hacer la campaña en 2025. La idea era ir a la zona del cañón de Mar del Plata, no tanto para sacar muestras, sino para hacer filmaciones en alta definición y usar la última tecnología del Falkor (too) para aprender cosas nuevas y conocer los ambientes de estos animales que, en su mayoría, ya habíamos recolectado.
– ¿Es decir que la novedad no pasa solo por hallar especies nuevas?
– GB: Exacto. Para empezar, ningún investigador (ninguna persona, en realidad) había tenido un registro visual de esa región. Vimos por primera vez cómo son los ambientes en ese fondo profundo al que es muy difícil acceder; cómo es su suelo: duro, blando, y sus sedimentos. Vimos el comportamiento de poblaciones de animales grandes, como cangrejos o langostas. Y también muchas especies que conocíamos de otras latitudes, pero que no habíamos visto en esta región.
– ¿Qué fue lo más novedoso para ustedes, que investigan el tema?
– Mariano Martínez: Me sorprendieron muchas cosas, pero lo más destacable fueron los colores y formas de los organismos. Yo trabajo con pepinos de mar, y las formas, tamaños y colores fueron muy sorprendentes. Vimos un organismo de casi un metro de largo, mucho más grande que los ejemplares que encontramos más cerca de la costa, que suelen rondar los 10 centímetros. La primera vista de los jardines de corales fue uno de los momentos más especiales: los colores y la cantidad de organismos que se encontraban en estos espacios fue algo único.
– Daniel Lauretta: A mí lo que más me sorprendió fue la cantidad de personas que se sumaron a ver las transmisiones. Por supuesto, la fauna de aguas profundas es realmente maravillosa, pero era lo que esperaba de la campaña. La reacción de la gente fue algo completamente inesperado para mí.

– GB: Todo fue sorprendente. El ROV SuBastian tiene un zoom en la cámara con una definición tan grande que se ven detalles que no se alcanzan a distinguir ni en un laboratorio. Me llamó la atención ver tantos colores en una zona donde nunca hay luz: jardines de corales que parecían tropicales, con 1 °C de temperatura y sin luz. Ver espacios con una sola especie -como los “chanchitos de mar” o las “remolachas”- en donde yo esperaba que hubiera más mezcla de especies. Nos sorprendían las mismas cosas que al público que lo vio por streaming, como las langostas peleándose contra el SuBastian.
– Aun así, igualmente encontraron especies nuevas…
– GB: Muchísimas. En las tres expediciones anteriores encontramos unas 30 nuevas especies de invertebrados. En esta ocasión, son más de 40. Esto es importante: hace 20 años venimos mostrando los ecosistemas marinos de nuestro país, porque muchas veces se cree que no hay diversidad. En mi caso, trabajé durante la expedición con gusanos nemertinos. Vimos 17 distintos, que no habíamos observado antes en la Argentina. Ahora tenemos que seguir trabajando para determinar si son especies nuevas o no.
Así nace una nueva especie
Estamos acostumbrados a la inmediatez de la vida diaria, con actualización constante de lo que ocurre en nuestras relaciones personales o en cualquier parte del planeta.
La ciencia, en cambio, camina a un ritmo más pausado, con una serie de protocolos, pruebas y contrapruebas, revisiones y un largo etcétera, todo lo cual permite asegurar que el trabajo resultante sea de calidad.
Después de la expedición, algunos científicos trabajaron en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia para identificar nuevas especies, entre otras tareas. Foto: Mariana Nedelcu.Establecer la existencia de una especie nueva es una tarea larga y meticulosa. Todo comienza con la recolección de muestras, en este caso, a cargo del ROV SuBastian.
Durante las inmersiones, los científicos toman metadatos (por ejemplo, en qué momento aparecía un determinado animal) para examinar más fácilmente las videoimágenes en laboratorio.
Las imágenes tomadas fueron analizadas, en parte, en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Foto: Mariana Nedelcu.Luego de que las muestras son subidas a bordo, lo primero que se hace es etiquetarlas, para identificarlas. Por último, se las preserva en etanol y/o en una cámara frigorífica a -80 °C. Una vez finalizada la campaña, las muestras son enviadas a laboratorios, para seguir con el proceso de estudio.
– ¿Por qué demoró tanto esta primera publicación de resultados?
– DL: Este tipo de campañas científicas generan una gran cantidad de información a la que normalmente no es posible acceder. El tiempo para la publicación de resultados depende del tipo de datos, el objetivo de la investigación, la financiación disponible o si se trata de una línea nueva de investigación, entre otros factores. A la fecha ya se han publicado dos trabajos científicos, donde se describen seis especies nuevas para la ciencia que habitan el cañón submarino Mar del Plata, y hay al menos otros cinco trabajos en diferentes etapas de redacción.
– MM: Hay investigaciones que ya se completaron y otras en estadíos previos que recién están comenzando con los análisis. No todas tienen los mismos tiempos. Incluso algunas llevan experimentos posteriores que todavía debemos realizar y que tienen costos asociados que no siempre se pueden cubrir. Por eso, los resultados finales quedan a la espera de esos fondos para continuar con las investigaciones.
La observación al microscopio es parte de las tareas post streaming. Foto: Mariana Nedelcu.– ¿Cómo es exactamente el paso a paso cuando el equipo de científicos ya está en tierra?
– GB: Lo primero es determinar las especies que uno cree que son nuevas, porque no hay información previa. Entonces hay que buscar bibliografía sobre organismos similares. Uno ya por la forma del cuerpo se da cuenta si es de tal grupo o de tal otro. Después buscamos qué hay publicado a nivel mundial de ese grupo, para compararlo con nuestro candidato. A la muestra se le realizan distintos estudios con lupas, microscopio, microscopio de barrido, cortes histológicos… A la vez, se hace un estudio genético para ver si el código genético es distinto de otros ya publicados. Finalmente, si nadie vio un animal similar y el código genético nos dice que es algo nuevo, ahí comienza el proceso de redactar un paper, es decir, hacer la descripción formal, por escrito, de esta especie nueva.
– ¿Para hacer todo eso se utilizan diferentes laboratorios?
– GB: Sí, nuestros laboratorios están en 5 jurisdicciones del país: Córdoba, Buenos Aires, Mar de Plata, Puerto Madryn y Ushuaia. Hay gente del Conicet trabajando en todos esos lugares. Son cinco jurisdicciones y cuatro provincias. Tratamos, en lo posible, de que el grupo sea lo más federal posible. Claro que hay algunas tareas que se realizan en laboratorios del exterior. Nosotros acá, por ejemplo, no hacemos la secuenciación genética, porque hay lugares (en Corea del Sur, por citar un caso) que se especializan en eso, lo hacen muy rápido y sale mucho más barato.
– ¿Qué hacen en el laboratorio del Museo de Ciencias Naturales?
– MM: Entre las tareas que se realizan aquí, están: procesar el material recolectado, hacer una primera identificación de las muestras obtenidas y, según el caso, completar la identificación hasta el nivel de especie. También se hacen otros análisis enfocados a estudios particulares que se llevaron adelante durante la campaña, como análisis de sedimentos o contenido de microplásticos.

– ¿Cuánta gente está trabajando en el museo sobre el material recolectado en la misión del año pasado?
– MM: Puntualmente son 11 los integrantes del grupo GEMPA en el Museo. Pero son muchos más, si consideramos a los investigadores que colaboran activamente en trabajos que se llevan adelante. Por otro lado, el grupo completo son más de 30. Pertenecen a distintos institutos relacionados con el material e información recopilada de la campaña Talud IV.
– DL: Las personas que están trabajando con los datos de la campaña involucran desde investigadores/as del Conicet hasta estudiantes de licenciatura, pasando por becarios/as doctorales y posdoctorales.
Basura y ADN ambiental
En el fondo marino hay mucho más de lo que se puede ver a simple vista. Y no solamente porque a esas profundidades no llega la luz y no se puede ver nada. Hay partículas microscópicas que aportan información adicional sobre la vida marina.
Es el caso del llamado ADN ambiental (eDNA), que es el material genético que los organismos liberan en su entorno, como larvas, gametas, secreciones o heces.
Al respecto, Bigatti comenta: “Se van tomando muestras de agua y se ve el ADN de las larvas y restos de animales que hay en la zona. Es una forma no invasiva que nos permite reconocer muchas más especies de las que se ven o recogen”.
La investigación evaluó el impacto de los desechos antropogénicos (los residuos contaminantes generados por la actividad humana). Bigatti cuenta que llegaron a encontrar bolsas de plástico incluso en las zonas más profundas.
Sin embargo, el mayor riesgo (que, como el ADN ambiental, tampoco se ve a simple vista) es otro: los microplásticos. “Se trata de pequeñas partículas que se miden en nanómetros (diezmillonésima parte de un centímetro), provenientes de la degradación de plásticos grandes. Esos microplásticos penetran en el cuerpo de los animales, que son la base de las cadenas alimenticias marinas, porque uno se come a otro y, en la mayoría de los casos, terminan en los humanos”.
¿Un futuro auspicioso?
La investigación científica siempre lucha contra presupuestos exiguos, eso no es ninguna novedad. En el caso de Talud Continental IV, además, se dio una situación paradójica.
En palabras de Bigatti: “Nos dieron premios en el Senado de la Nación y en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, pero menos de un mes después, esos mismos legisladores votaron en contra de la ley de financiamiento de la ciencia y de las universidades. Es como comprar una Ferrari con mucho esfuerzo y después no tener plata para ponerle nafta. Tenemos mucho material para procesar y los recursos humanos para hacerlo, pero no contamos con los fondos necesarios para concretarlo”.
A pesar de estos contratiempos, hay buenas noticias para el futuro cercano. Los científicos del Conicet volverán a asociarse con el Schmidt Ocean Institute para una nueva misión, Talud Continental V, que empezará en la primera mitad de 2027. En esta ocasión, el objetivo principal será la exploración de los cañones Ameghino y Almirante Brown, frente a la provincia del Chubut, a unos 600 kilómetros de la costa. Se trata de una región poco explorada del Atlántico Sudoccidental, con alto potencial de biodiversidad.
“Es algo que hay que aprovechar -reconoce Bigatti-, porque estas campañas son costosísimas y capaz hasta dentro de 10 años no hay otra. Poder realizar dos misiones seguidas es algo muy inusual.”
– ¿Les pone algo de presión la vara que puso la expedición anterior en cuanto a repercusión?
– MM: Existe una presión para que la investigación llegue a buen puerto, como en la campaña pasada, y ojalá se puedan igualar los resultados de la vez anterior. Sobre la repercusión tenemos mucha expectativa por hacer un buen trabajo y ojalá la gente acompañe. Siempre una nueva campaña es un desafío con interrogantes por cumplir.
– ¿Tiene algo que ver con esa llegada positiva la propia dinámica de este grupo de científicos?
– GB: Seguramente. Somos un grupo que nos conocemos hace unos 25 años, con alguna gente, más. La mayoría tiene como mentor a Pablo Penchaszadeh, que fue profesor de muchos (en la misión participó como artista a bordo). Yo fui uno de sus discípulos y en la expedición estuvieron hasta los discípulos de mis discípulos. Tres o cuatro generaciones de científicos, somos como una familia. Eso nos da una serie de ventajas. La primera es que todos trabajamos de la misma forma, porque nos criamos en el mismo laboratorio. Después, el conocernos mucho y la manera argentina de ser también influyó. En el barco había ciertas normas de conducta, y nosotros hablábamos a los gritos cuando había que estar callados, tomábamos mate las 24 horas, incluso en donde no se debía comer, y esa espontaneidad creo que llegó a la gente.
– MM: Yo quiero destacar, en el éxito que tuvo el streaming, lo que llamo el “gen argentino”, ese que hace que artistas del exterior admiren a nuestro público. La movilización que genera el público argentino es extraordinaria, la capacidad de difusión a través del boca en boca y el orgullo porque es “nuestro” son impulsores que pueden dar resultados extraordinarios, como la repercusión de las transmisiones.
La estrella de mar más famosa de la misión científica ya fue corporizada como souvenir del Conicet. Foto: Mariana Nedelcu.– GB: Penchaszadeh nos decía siempre: “Divertido, si no, no es ciencia”, y eso nos lo tomamos a pecho. Tenemos la vocación de ser científicos y nos encanta lo que estamos haciendo. Hace al menos 15 años que venimos trabajando juntos bien y llevándonos bien. Eso es lo fundamental para mí.










