Dice Brenda Quevedo que en los peores momentos de su pesadilla —la detención, la tortura, el aislamiento, los casi 20 años en prisión sin sentencia— soñaba de forma recurrente que llegaría el momento en que alguien la creería: ella no tenía nada que ver con el supuesto secuestro y asesinato de Hugo Alberto Wallace. “Era gente que me regalaba el tiempo para poder demostrar mi inocencia y defender mi causa”, dice del sueño, del que también reconoce que no pensaba que tardaría tantos años en llegar. “Ahora se está materializando”, afirma por videollamada en la presentación de su nuevo frente de defensa. Una red de prestigiosas abogadas y asociaciones de derechos humanos se ha unido para liberarla, de la prisión domiciliaria en la que está desde hace dos años y de la “tortura sistémica” que sufre desde que Isabel Miranda la señalara en 2006 como una de las asesinas de su hijo.








