“Si dejamos de escribir, dejamos de pensar”

“Si dejamos de escribir, dejamos de pensar”


Para el escritor, periodista y académico noruego Bård Borch Michalsen la retórica es mucho más que el arte del buen decir, tal como lo replican cientos de manuales. Es la ciencia más antigua que existe, un sistema de pensamiento nacido de la mano con la democracia. Su curiosidad y candidez, solventada por sus lectores, llegó hasta estas latitudes para presentar Retórica. Descifra el código de la comunicación, su libro editado en nuestro país por Ediciones Godot.

Con una amplia sonrisa, mientras bebía un vaso de agua, escuchaba atentamente las preguntas de Clarín y esperaba sentado en un rincón del coqueto bar de la librería Libros del pasaje, por la presentación oficial donde estaría acompañado del periodista Nicolás Artusi. Contó que se había fascinado ante la cantidad de librerías porteñas y que Buenos Aires siempre había sido para él una de las ciudades que debía conocer antes de morir.

Este es su segundo libro publicado en Argentina. El primero fue Signos de civilización. Cómo la puntuación cambió la historia (2022) cuyo recorrido le sorprendió mucho y lo incentivó a acercarse. Exclamó: “Veo gente leyendo en todas partes. Eso no pasa en Europa hoy en día. Mi conclusión es que en este país y en esta ciudad los libros son realmente algo especial. Todavía son vistos como algo valioso y eso es muy importante hoy”.

–Hablemos de tu último libro. ¿Por qué te parece tan relevante la retórica?

–Mucha gente cree que la retórica es maquillaje. Trucos y consejos. Solo manipulación. Pero mi punto es que la retórica es quizás la ciencia más antigua del mundo. Tiene 2500 años. La retórica nació en Siracusa, Sicilia. ¿Por qué? Porque había democracia. Antes había una dictadura. Durante las dictaduras la gente habla con armas. Cuando hay democracia, la gente habla con palabras. Entonces apareció un hombre llamado Córax, que dijo: “Voy a enseñarles a las personas cómo hacerlo”. Necesitás un plan, un método y una conexión con la gente. Entonces, primero: la retórica no es maquillaje. Es una forma de pensar. Una filosofía. Cómo adaptarse al público, al contexto, para encontrar la mejor forma de comunicar en cualquier situación. Porque tiene que ver con la comunicación. Y “comunicación”, como sabés, viene de communicare: compartir, reunirse. Eso es la retórica. Tiene que ver con la democracia. Es un arte democrático. Y segundo: no se trata solo de trucos y consejos. Es un método. Hay que planificar. Y cualquiera puede aprenderlo. Nadie nace siendo escritor u orador. Nos convertimos en eso. Vos no naciste sabiendo escribir, pero aprendiste. Y eso es retórica. Especialmente hoy es importante poder pararse y hablar en vivo, y también escribir. Porque, como sabés: no podés pensar antes de escribir. Mi punto es que es una filosofía ligada a la democracia. Y además es un método. En el libro intento presentar ese método como un proceso de diez pasos: desde la planificación hasta el momento de la verdad, que es pararse y dar un discurso.

–Otro punto: hablás de pensar en imágenes. ¿Qué importancia tiene eso para vos en relación con la retórica?

–Hoy todo es visual. Eso es algo bueno y algo malo. En universidades y trabajos todo el mundo usa PowerPoint. PowerPoint debería ayudar a reforzar el mensaje. Creo que todos, incluso yo, usamos demasiadas palabras, porque pensamos cognitivamente en imágenes. Las imágenes son fundamentales. Pero mucha gente usa PowerPoint como si fuera un manuscrito, y eso es triste. Las imágenes siempre fueron importantes, también hace 2000 años. Las metáforas crean imágenes en nuestra mente. Aristóteles decía que pensamos a través de metáforas. Menciono a algunos argentinos en el libro. Uno es Borges. Porque usa espejos y laberintos como metáforas. Y también, sin pensarlo demasiado, el papa Francisco era un maestro de las metáforas. Decía: “La Iglesia debe ser una casa para todos”. Las metáforas son buenas porque nos hacen pensar y son fáciles de entender. “La vida es una caja de chocolates. Nunca sabés lo que te va a tocar”.

–Hoy también se habla mucho de la posverdad.

–Claro. Pero tiene que ser verdad. La retórica debe basarse en historias verdaderas. Debe ser decente y honesta. Habermas hablaba de la importancia del diálogo y las conversaciones honestas. De eso se trata la democracia.

–En su libro analiza la importancia del contexto.

–Sí. Vi hace poco El diablo viste a la moda 2. En la película, una joven editora debía elegir un vestido para ir a Milán. Encontró uno hermoso, pero le dijeron: “El contexto lo es todo”. Pero también hay que ser auténtico. Adaptarse al contexto, sí, pero sin dejar de ser uno mismo.

–Incluye muchos ejemplos políticos. ¿Cómo ves hoy la retórica de los líderes políticos?

–Mi héroe es Volodímir Zelenski. Desde sus primeros discursos ha sido extremadamente bueno. Todo está cuidadosamente planificado. Usa lenguaje simple y conecta con la audiencia. Además, como Evita, es actor. Sabe cómo entregar el mensaje. Sobre el presidente de Estados Unidos… no es mi héroe. Y sobre Argentina, no conozco tanto la política sudamericana, aunque veo que acá están pasando cosas.

–¿Qué características importantes debería tener según su mirada la retórica política?

–Los políticos necesitan generar confianza. Y para eso importa más lo que hacen que lo que dicen. Pero también tienen que comunicarse bien con la gente. Obama era muy bueno. Siempre usaba el “nosotros”. Y el mejor final de un discurso de la historia, para mí, es el de Kennedy en Berlín: “Ich bin ein Berliner”. Porque estaba conectando con la gente.

–¿La inteligencia artificial mejora o empeora la retórica?

–No lo sé. Ambas cosas. La inteligencia artificial es excelente para investigar, resumir documentos, etcétera. Pero creo que la gente debe ser cuidadosa. Nosotros seguimos siendo mejores porque tenemos nuestra propia voz. Y si dejamos de escribir, dejamos de pensar. Por eso muchas universidades en Noruega volvieron a los exámenes presenciales escritos a mano. Hay dilemas. Quizás las máquinas hagan cosas mejores técnicamente, pero los seres humanos seguimos siendo mejores en creatividad, pensamiento crítico, empatía. Y también para dar discursos o escribir como periodistas. Podrías darle esta entrevista a una máquina y pedirle un artículo de 3000 palabras. Lo haría en un minuto. Pero no sería tan bueno como el que harías vos.

Retórica. Descifra el código de la comunicación, de Bård Borch Michalsen (Godot). Foto: gentileza.

–¿Hay un deterioro del lenguaje?

–No tengo investigaciones, solo una sensación. Y quizás es la típica sensación de un hombre viejo que cree que antes todo era mejor. Pero yo sigo creyendo en escribir con lápiz y papel. Aunque también es cierto que los jóvenes saben muchísimas cosas que yo no sé.

–Sobre su libro dedicado a la puntuación. ¿Qué cambios observa hoy?

–El cambio más importante tiene que ver con los emojis. Antes el punto final era simplemente un punto. Sin emociones. Hoy, si le escribo a mi hija y pongo punto final, puede pensar que estoy enojado. Entonces tengo que usar más emojis para mostrar que no estoy molesto. Ese es el gran cambio. Antes escribir era escribir. Hoy existe algo intermedio: los mensajes de texto. No son escritura formal ni conversación oral. Está bien para Snapchat o TikTok. Pero en la escuela, la universidad o el periodismo, hay que escribir profesionalmente. Jamás usaría emojis en un examen.

–Finalmente, ¿qué importancia tiene hoy la retórica en esta época de inteligencia artificial, imágenes falsas y trucos visuales?

–Es más importante que nunca. Y quizás también más difícil que nunca. Hoy es imposible saber si una imagen es real. Entonces debemos ser más críticos que nunca. Por eso estas cosas deberían enseñarse en las escuelas desde chicos: pensamiento crítico, análisis de fuentes, aprender a cuestionar.

Bård Borch Michalsen básico

  • Nació en 1958 y es autor de varios libros sobre comunicación, lenguaje y escritura.
Bård Borch Michalsen presentó su libro Retórica en Buenos Aires. Foto: gentileza Godot.
  • Tras haber trabajado durante muchos años como periodista y editor de periódicos, ahora es profesor asociado en la Universidad Ártica de Noruega, donde enseña comunicación y gestión de proyectos.

Retórica, de Bård Borch Michalsen (Godot).