Lo que comenzó como un viaje de rutina por la ruta terminó en una tragedia que conmueve a la comunidad académica de Córdoba. María Lucila Pagani, de 47 años, falleció este miércoles tras permanecer internada en estado crítico en el Instituto del Quemado. Su muerte no solo impacta por la manera en que sucedió, sino por la pérdida de una “mente brillante” dedicada a la cultura y la educación.
“Luli”, como la llamaban sus afectos, era una profesional de “altísima formación académica“. Graduada como licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA), su curiosidad intelectual la llevó a cruzar el océano para obtener un Magíster en Gestión Cultural Internacional en la Università di Genova, Italia. Además, era Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea por el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).
En la actualidad, Pagani desempeñaba un rol fundamental en la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la UNC, donde trabajaba en la Prosecretaría de Relaciones Internacionales —espacio que ella misma ayudó a crear— y en la Secretaría de Asuntos Estudiantiles. También integraba la Comisión Interclaustros de Derechos Humanos de la facultad y ejercía como docente en niveles medio y superior, además de su labor como investigadora.
Más allá de sus títulos, sus compañeros de la FCS la recuerdan como una persona de una “humanidad inconmensurable”. En un emotivo comunicado, la facultad destacó su “sonrisa dulce”, su “andar delicado” y su “eficiencia incomparable”. Sus colegas la describen como una mujer auténtica y sensible, capaz de sostener los espacios de trabajo con una “presencia que calma”.
Amaba profundamente a su familia: a su compañero, Gera, y a su hijo, Lolo. Quienes la conocieron de cerca resaltan su capacidad para celebrar las cosas simples: un café por la mañana, leer en el patio de su casa mirando las sierras cordobesas, el mar, una rica comida o caminar por el otoño en Ciudad Universitaria. “Amaba su cosmopolita Buenos Aires, pero también la calma de Córdoba”.
La tragedia ocurrió el domingo por la noche mientras Lucila viajaba como acompañante en un Renault Sandero por la ruta E-53. Según las primeras investigaciones, la batería de un celular que se estaba cargando explotó dentro del habitáculo.
El estallido provocó que el conductor, un hombre de 43 años que resultó prácticamente ileso, perdiera el control del vehículo e impactara contra una alcantarilla a la altura del kilómetro 14. Pagani se llevó la peor parte: sufrió “quemaduras graves que afectaron sus vías aéreas” y múltiples heridas politraumáticas derivadas del choque posterior. A pesar de los esfuerzos médicos y de haber permanecido con asistencia respiratoria mecánica, su cuadro fue irreversible.
Hoy, la comunidad de Sociales de la UNC cumple una jornada de duelo, despidiendo no solo a una trabajadora comprometida, sino a una “amiga luminosa” cuya luz, como dicen sus compañeros, “se queda entre nosotros para hacernos mejores”.








