Estados Unidos ha divulgado el texto del memorando de entendimiento con Irán, que ambos han firmado electrónicamente este miércoles y que ratificarán este viernes en Suiza. Ante las críticas que apuntaban a que los términos son mucho más favorables a Teherán que a Washington, y que la República Islámica es la vencedora en términos prácticos de la guerra que Estados Unidos e Israel comenzaron el 28 de febrero, un alto cargo del Gobierno de Donald Trump ha leído a los periodistas los 14 puntos del acuerdo para defender que Teherán ha hecho, según él, grandes concesiones. El documento supone, sin embargo, un importante salvavidas económico para Irán, cuyo régimen atravesaba sus horas más bajas antes del estallido de la guerra.
Según la Casa Blanca, Trump y el presidente iraní, Mahmud Pezeshkián, han rubricado este miércoles el documento en un acto virtual. El estadounidense lo ha hecho desde el palacio de Versalles, donde su homólogo francés, Emmanuel Macron, le ha ofrecido una cena de gala: “Lo acabo de firmar”, ha confirmado el propio mandatario al abandonar la antigua residencia real. El domingo ya había tenido lugar una primera firma, entre el vicepresidente J.D. Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Baqer Qalibaf, cabezas de las respectivas delegaciones negociadoras.
El memorando estipula que Irán recibirá un balón de oxígeno económico en forma de 300.000 millones de dólares (algo más de 260.000 millones de euros) para su reconstrucción, en un plan que se abordará durante la fase de negociación que se abrirá tras la firma del acuerdo provisional, y ofrece el levantamiento de las sanciones internacionales que pesan sobre la República Islámica si esta cumple sus compromisos, en una serie de etapas también a pactar en las nuevas negociaciones.
El alto cargo estadounidense, que habló bajo la condición del anonimato, subrayó, por el contrario, que el texto incluye elementos que suponen “una gran victoria para Estados Unidos”, principalmente la obligación de Irán de diluir el uranio altamente enriquecido con el que cuenta, aproximadamente 440 kilos con un 60% de pureza, cercano a lo necesario para producir armas atómicas. Esta fuente remarcó, además, que ambas partes pueden denunciar el acuerdo y retirarse si consideran que se está incumpliendo. El propio Donald Trump ha advertido que, si en sesenta días no se han aplicado los términos, “volveremos a bombardear”.
Los dos países firmarán formalmente el memorando en Suiza este viernes, en una ceremonia en la que está previsto que Vance represente a su país y que Irán delegue en Qalibaf. Trump ha dejado la puerta abierta a participar él también.
La cita, según el alto cargo, será “clave” para determinar si el memorando —el acuerdo preliminar— puede desembocar en un acuerdo definitivo más detallado que ponga fin permanente a la guerra entre los dos países, en la que han muerto más de 7.300 personas y que sembró el caos en la economía global al disparar los precios del combustible. Tras la firma del memorando, se abrirá otra fase de conversaciones de 60 días prorrogables. Estos son algunos de los puntos claves del documento y la interpretación estadounidense:
Apertura de Ormuz
El documento que leyó el alto cargo estadounidense es similar a las versiones que ya se habían filtrado en diversos medios. Indica, entre otras cosas, que Irán tiene 30 días para completar el proceso de desminado en el estrecho de Ormuz y crear las condiciones para que los barcos mercantes puedan atravesar ese paso estratégico sin temor a incidentes. El cuello de botella quedará abierto “durante 60 días” sin ningún tipo de peajes o cargos económicos. Y en ese tiempo Irán tendrá que abordar con el sultanato de Omán y el resto de los países del golfo Pérsico la futura administración de Ormuz.
En teoría, esta redacción abre la posibilidad de que Irán sí acabe imponiendo algún tipo de peaje o tasa, una vez transcurridos esos primeros 60 días, para permitir el paso por ese estrecho, algo que Teherán había dado por hecho en su propia interpretación del documento. Pero el alto cargo estadounidense rechazó esa posibilidad al señalar que, incluso en el caso de que Omán —el país al otro lado del estrecho de Ormuz— aceptara un mecanismo conjunto con Irán para recibir ingresos del tráfico marítimo, el resto de los países del Golfo no lo permitiría.
En declaraciones recogidas por los medios iraníes, sin embargo, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, ha reiterado también este miércoles la versión de Teherán: que el estrecho es responsabilidad de Irán y su vecino Omán, y que Teherán cobrará tarifas por proporcionar servicios a los buques que lo atraviesen.
Armas nucleares
El memorando también estipula el compromiso de Irán a no obtener un arma nuclear. Las negociaciones futuras abordarán, entre otras cosas, el futuro del uranio altamente enriquecido con el que cuenta la República Islámica. “Como estándar mínimo, se reducirá el grado de enriquecimiento (down-blending) en el territorio iraní y bajo la supervisión del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA)”, establece el documento previo. Baghaei ha subrayado que, pese a lo que había asegurado Trump durante las negociaciones, ese material permanecerá en Irán y no será trasladado a otro país.
La apertura de Ormuz y que Irán renunciara a un arma nuclear han sido las dos grandes exigencias de Estados Unidos en esta negociación. Pero ambas ya se daban antes de que Trump ordenara la ofensiva: no había trabas al tráfico marítimo por el estrecho e Irán siempre ha declarado que no busca desarrollar un arma nuclear. Ahora, a cambio de aceptar algo que ya existía, Irán —cuyo régimen teocrático ha quedado radicalizado a raíz del conflicto— obtiene grandes compensaciones económicas.
El memorando permite que Teherán restablezca de inmediato sus ventas de petróleo al exterior, vetadas hasta ahora por las sanciones internacionales. El alto cargo estadounidense quiso justificar esta medida porque, según él, el veto estadounidense hasta ahora permitía que otros países rivales de Estados Unidos, como China, obtuvieran petróleo iraní a precios irrisorios. “Algo absurdo”, ha sostenido.
Fondo de reconstrucción
El texto declara el compromiso de Estados Unidos de “elaborar, junto con sus socios regionales, un plan definitivo y de mutuo acuerdo, dotado con al menos 300.000 millones de dólares, para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán”. Cómo aplicar ese plan se decidirá durante la fase de nuevas negociaciones. El memorando no precisa la naturaleza de los fondos, que según Reuters serán de carácter privado.
Esos fondos insuflan un gran soplo de aire a un régimen iraní que antes de la guerra se encontraba abrumado por las sanciones económicas y que había vivido manifestaciones masivas de protesta contra la mala situación financiera del país en los meses previos. El alto cargo estadounidense, de nuevo, defendió la medida con el argumento de que Estados Unidos no está obligado a “poner ni un céntimo” en dinero público ni privado para ese fondo.

“No nos obliga a hacer nada. Lo que los términos dicen es que si logramos un acuerdo definitivo y los iraníes cumplen, permitiremos el alivio de sanciones que permitirán, por ejemplo, que Emiratos Árabes Unidos puedan construir una planta eléctrica en Irán. Que si ellos cumplen su parte, permitiremos que haya inversiones para reconstruir su país”, argumentó el alto cargo.
Levantamiento de sanciones
El compromiso de Estados Unidos “a levantar todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán —incluidas las derivadas de resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de la Junta de Gobernadores del OIEA, así como todas las sanciones unilaterales de EE UU, tanto primarias como secundarias— conforme a un calendario acordado como parte del acuerdo definitivo” .
Y, como tercera pata del salvavidas económico, la descongelación de los fondos iraníes retenidos hasta ahora en entidades bancarias del extranjero, unos 100.000 millones de dólares: “Estados Unidos y la República Islámica de Irán acordarán mutuamente los procedimientos para la liberación de estos fondos durante las negociaciones. Dichos fondos, ya sea que permanezcan en la cuenta original o sean transferidos, estarán disponibles para el pago a cualquier beneficiario final designado por el Banco Central de la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete a emitir todas las licencias y autorizaciones necesarias”, estipula el texto.
La ofensiva en Líbano
Según el documento, Washington e Irán, y sus respectivos “aliados en la guerra actual” (es decir, Israel y la milicia chií Hezbolá) aceptan el fin “inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano”. Esa era otra de las exigencias iraníes. Y es también una de las principales espadas de Damocles sobre un posible acuerdo final, porque el Gobierno israelí ya ha mostrado su nula disposición a detener su invasión del sur de Líbano.
En sus declaraciones este miércoles, Baghaei ha dejado claro que este fleco puede acabar haciendo saltar la negociación por los aires. Si Israel ataca Líbano, será considerado una violación del acuerdo, ha advertido el portavoz.

Las ventajas para Irán no se ciñen solo a lo que contiene el documento, sino también a lo que no aparece en él. No hay mención al programa de misiles iraní, que antes de la guerra Washington quiso incluir en las negociaciones para tratar de forzar su fin. Tampoco, desde luego, a la posibilidad de un cambio de régimen, el objetivo que Trump había declarado cuando anunció el comienzo de la guerra el 28 de febrero.








