A esta altura del partido, la única pregunta que se hacen dentro y fuera del Gobierno es por qué. Por qué Manuel Adorni sigue siendo jefe de Gabinete en la administración de los hermanos Milei. Quienes son, hay que decirlo, los únicos que lo sostienen en el cargo.
La lastimosa manera que el funcionario encontró esta semana para intentar justificar su crecimiento patrimonial y de nivel de vida, tanto en la nueva declaración jurada que presentó como en la entrevista que concedió, reactualizaron el estupor –cuando no la indignación– de propios y extraños.
Ya no se trata de evaluar encuestas de opinión pública, el tono negativo de la conversación digital récord o la repercusión monotemática en los medios de comunicación, aun entre los oficialistas del 5% salvados por Javier Milei.
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Lo que descuella para tratar de responder el interrogante clave inicial es el aire irrespirable que genera en el oficialismo el caso Adorni. Y pese a la apuesta de la hermandad presidencial por dar vuelta la página, cada novedad empeora el panorama.
Se podrían diseccionar en este espacio cada una de las contradicciones, mentiras y engaños a los que Adorni recurrió para justificar en los últimos tres meses cuánto mejoró su nivel de vida familiar desde que es funcionario público (hay un botón de muestra en https://url-shortener.me/N1IB).
Se lamenta la posible desilusión ante tal expectativa. PERFIL mismo y muchos medios colegas se están encargando con detalle y rigor de contarle las costillas al todavía jefe de Gabinete. También la justicia, claro, que es la que finalmente definirá su suerte penal, al menos.
En esta ocasión, la idea es tratar de desentrañar la pregunta del inicio, porque Adorni está dañando política e institucionalmente al Gobierno. ¿Serán conscientes los Milei a lo que se exponen al sostenerlo? ¿Subestiman ese deterioro o sus efectos en nombre de la bajísima vara que dejó el kirchnerismo?
Las respuestas provienen del núcleo del poder libertario. “Nos está haciendo mierda y cada vez nos hunde más”, comenta un funcionario que orbita en el planeta karinista. Porque Adorni ha logrado hasta el milagro del cierre de la grieta interna: los ejércitos de la hermanísima Karina y del asesor Santiago Caputo lo critican por igual. Porque expone a todos, sin distinción de tribu.
Al primero que ha expuesto ha sido al propio Presidente. Fuentes oficiales señalan que Adorni nunca le terminó de blanquear a Milei –ni a su hermana– el grado profundo de sus inconsistencias patrimoniales. Vale dudar de la versión, como de todo.
Suponiendo que fuera cierto, formaría parte de diálogos privados de los que acaso nunca nos enteraremos. El mayor problema al respecto está en las actitudes y dichos públicos del jefe de Gabinete.
En la única conferencia de prensa que dio en la Casa Rosada sobre el tema y en su informe ante la Cámara de Diputados, Adorni aseguró que sus declaraciones juradas reflejaban fielmente sus ingresos y patrimonio. Ahora dice que no. Y no le pasó con una declaración, sino con muchas, por lo que a la catarata de figuras penales por las que es investigado (enriquecimiento ilícito, dádivas, incumplimiento de los deberes de funcionario público, lavado de dinero y peculado) hay que sumar omisión maliciosa. Este delito y algunos de los anteriores tienen pena de inhabilitación para ejercer cargos públicos.
El 6 de mayo, Milei salió por teléfono desesperado desde EE.UU. en defensa de Adorni. Fue en la señal LN+, como réplica casi inmediata al primer dardo de Patricia Bullrich, minutos antes en A24. Allí el Presidente afirmó que el jefe de Gabinete le había mostrado su DDJJ y que en pocos días se aclararía todo, porque era perfecta.
Amén de que pasó más de un mes de aquella promesa, la declaración jurada dista de aclarar, sólo oscurece. ¿Le mintió Adorni a Milei, como antes mintió a la prensa, a los diputados, a la sociedad? ¿Mintió el Presidente? ¿Dónde quedó el Gobierno moral que anunció en el Congreso el 1 de marzo? ¿Mienten todos? ¿Otra gestión que nos toma por idiotas?
“Esto es más que un error, esto es una omisión ética. Y nuestro gobierno tiene la moral como política de Estado”, ensayó la senadora Bullrich antes de la áspera reunión de la mesa política del jueves, en declaraciones al diario La Nación en la Casa Rosada. La única otra oficialista –segregada, eso sí– que se sumó a la reprobación fue la vicepresidenta Victoria Villarruel: “Me parece una vergüenza su accionar y sus explicaciones”, posteó en sus redes.
Hasta la hechura de este texto, ninguna figura con alguna cuota de poder en el oficialismo salió esta vez a respaldar a Adorni. Según reconocieron en el Gobierno, no hubo hasta el inicio del fin de semana ninguna instrucción de la hermanísima al respecto. ¿Señal de que le soltó la mano?
En el planeta violeta se registró como otro acto simbólico de Karina Milei el hecho de que esta semana llevara a una reunión informal con legisladores de LLA a Sandra Pettovello. La ministra de Capital Humano jura y perjura que preferiría evitar el ascenso a la Jefatura de Gabinete. Allegados al canciller Pablo Quirno hacen trascender lo opuesto, obviamente en relación a la promoción de su jefe.
Si se toma en cuenta que este escándalo cumplió tres meses, ya nadie en el Gobierno se anima a sostener que es inminente la salida de Adorni. Hasta creen que puede ser funcional al blindaje mileísta del funcionario la renovada presión de la oposición –y del PRO– para removerlo.
Ante esa posibilidad de resistir y alimentar el conflicto político, tan propia de Milei, se robustece la hipótesis de la metáfora del pararrayos: Adorni arrastra todas las miradas y tapa iniciativas y decisiones oficiales controversiales. En la cúpula del poder libertario anida otra sospecha: entregar al ex vocero habilitaría que el siguiente paso sea ir contra el Presidente, como ya señalaron Milei y Adorni. Conspiranoias convenientes.
Allí sí se aguarda con cierta impaciencia las consecuencias que podría tener la posible citación a indagatoria del jefe de Gabinete, que el propio juez de la causa, Ariel Lijo, hizo filtrar hace tres semanas. Justo fue unos días antes que se conociera que el magistrado compartiría viaje a París con el ministro de Justicia, Juan Mahiques, a un encuentro sobre la lucha contra el lavado de activos.
La expectativa libertaria, o la desconfianza opositora y mediática, respecto a que Mahiques entable con Lijo algún tipo de negociación sobre Adorni puede resultar algo desmesurada. Más por las diferencias entre ellos y su colisión de intereses (ambos encuentran seductor el sillón de la Procuración General y el control de los tribunales federales) que por argumentos de transparencia, división de poderes y esas minucias.
Si el diagnóstico sobre el estado actual de la salud institucional del sistema republicano depende de Lijo y Mahiques, pobre Argentina.







