En 1687 no había país, Argentina no existía como tal. Mientras tanto, los jesuitas desplegaban su imponente influencia evangelizadora y pedagógica en América, el nuevo continente en el que estaba todo por hacer.
El 1 de agosto de ese año, el presbítero Ignacio Duarte y Quirós abrió el Convictorio de Nuestra Señora del Monserrat, un internado para quienes llegaban desde todos los rincones del Virreinato del Río de la Plata y otros sitios a cursar estudios superiores en la Universidad de Córdoba. Ese fue el surgimiento de lo que hoy es el Colegio Nacional de Monserrat, un museo vivo que, además, es el primer establecimiento educativo de nivel medio que tuvo el territorio que hoy comprende Argentina.
En uno de los pasillos que custodian el patio, a un costado de la campana que anuncia el inicio y el fin de los recreos, están los nombres de los hombres que pasaron por estos claustros. Entre ellos se destacan los de los héroes de la Revolución de Mayo, Juan José Castelli y Juan José Paso; el expresidente Santiago Derqui y el célebre jurista Dalmacio Vélez Sarsfield, padre
Desde la semana pasada, el nombre de una mujer podrá quedar impreso en esos muros ya que, después de 339 años de historia, María José Alcazar (54) fue electa como la nueva directora de la institución más antigua del país en la enseñanza pública. En la otra lista estaba Gabriela Helale como candidata con lo que ya era un hecho que el colegio más viejo del país iba a ser conducido por una mujer.
Desde la primera década de 1900, el “Monse” depende de la Universidad Nacional de Córdoba y los cargos directivos, al igual que en todas las casas de altos estudios del país, se eligen de manera democrática. En la primera semana de junio se concretaron los comicios en los claustros del establecimiento.
Alcazar resultó ganadora y, aunque todavía no asumió, ya todos la saludan con el respeto que se le debe a una autoridad en un colegio de este tipo, en el que aún los estudiantes se ponen de pie cuando un docente entra al aula.
En una entrevista con Clarín, Alcazar contó que se radicó en Córdoba a fines de los 80′ y que el trabajo de su padre en la empresa Nobleza Piccardo le hizo pasar una niñez y una adolescencia itinerantes por diferentes rincones del país.
La fechada del Colegio Nacional Monserrat de Córdoba, fundado en 1687.En 1998, cuando las mujeres pudieron ingresar a estudiar al Colegio pese al rechazo furioso de buena parte de los “monserratenses”, ella daba sus primeros pasos como profesora de Inglés y entendió que comenzaban tiempos de cambio en una estructura vieja que se abría a nuevos aires.
—¿Qué se siente ser la primera rectora en 339 años de historia de la institución?
—Siempre digo que las mujeres vienen haciendo su camino desde hace rato en el Monserrat. Desde 1998, cuando ingresaron las primeras estudiantes, y en la gestión desde 2010, cuando Adriana Verdi asumió como la primera vicedirectora académica. Desde entonces, siempre ha habido mujeres en las secretarías y en las vicedirecciones, además de muchas mujeres trabajando en las preceptorías y como jefas de preceptoras. Entiendo que es un hito histórico que haya una mujer en la dirección por ser la primera vez, pero es bueno recordar a todas las que vienen trabajando en el colegio desde hace bastante. Para mí, como persona y como directiva, conducir un colegio de estas características es un honor, un compromiso y una responsabilidad enormes.
—El Monserrat fue fundado por los jesuitas y es el primer colegio secundario de Argentina. ¿Cómo se gestiona una institución con tanta carga histórica?
—Creemos firmemente en el trabajo en equipo y de manera colaborativa. Yo creo que la paridad de género y los equipos mixtos enriquecen toda la labor en el colegio. En nuestra terna directiva, por ejemplo, somos una mujer y dos varones, y en todo nuestro equipo de gestión tenemos tanto mujeres como varones. Además, el Monserrat es más que un colegio; siempre decimos que es un “museo vivo”. Mucha gente nos pregunta con sorpresa si realmente estudian adolescentes acá. Y sí, en estos claustros conviven estudiantes de secundario, de pregrado, y también dictamos diplomaturas y cursos. Es mucha gente la que se forma aquí.
La llegada de las chicas al colegio
El egreso del Colegio Nacional de Monserrat es una ceremonia cargada de símbolos, que se asemeja a lo que ofrecen los retratos cinematográficos del viejo sistema educativo europeo. En esta institución, en la que todavía se enseñan latín y griego, los egresados cantan el himno del colegio y unos versos que dicen: “A la casa de Duarte, bienvenido señor rector”. Todo eso deberá cambiar desde este año, en el que no habrá rector y será una mujer la que ocupe el cargo que hoy se corresponde con esa función.
El colegio tiene actualmente 1734 alumnos.El ingreso de las primeras mujeres al Monserrat se dio en 1998 tras una larga discusión en la que hubo muchas críticas y planteos que todavía hoy no encuentran reconciliación.
Este paso, el de tener una directora, es un nuevo avance hacia una educación igualitaria en un establecimiento público que es de Córdoba, pero depende de una universidad nacional.
—En 2028 se cumplirán 30 años desde el ingreso de las primeras alumnas al colegio. Desde su rol de docente, ¿Cómo vio esa transformación y qué le aportaron las chicas a la institución, ya que se dice que lograron mejores calificaciones?
—Yo no diría que las chicas son “mejores” estudiantes, sino que tienen distintas características. A veces, las chicas son más aplicadas, más rigurosas y más organizadas, lo que quizás las lleva a tener mejores notas. Por su parte, los varones son excelentes en otros sentidos; por ejemplo, brillan mucho en los debates. Cada uno tiene sus características y la oportunidad de que las chicas ingresaran al igual que los varones, conviviendo en un entorno mixto, ha sido sumamente enriquecedor tanto para los estudiantes en general como para los docentes y todo el personal que trabaja en el colegio.
—El colegio suele ser percibido por algunos sectores con un sesgo conservador. ¿Cómo fue la campaña electoral siendo que las dos listas que se presentaron estaban encabezadas por mujeres? ¿Sufrieron algún tipo de resistencia?
—Muchas veces nos dicen que el colegio ya no es el mismo de antes y nosotros respondemos: “por suerte no es el mismo”, porque lógicamente debe ir aggiornandose a la sociedad y al mundo actual. Nuestro lema de campaña fue “conservar lo valioso y transformar lo necesario”. El colegio tiene tradiciones y una historia importantísima que hay que conservar, pero también hay que abrirlo al mundo. Durante la campaña, efectivamente fuimos dos mujeres las que estábamos al frente de cada lista. Y sí, tuvimos algunos embates y cuestionamientos por el hecho de ser mujeres. Es algo que sabíamos que podía pasar y que es esperable de algunos sectores que opinan que una mujer no puede conducir un colegio como este. No es algo lindo, pero sabíamos que podía ocurrir, y aquí estamos.
—En el contexto actual de la lucha feminista y tras cumplirse un nuevo aniversario de la primera marcha de “Ni Una Menos”, ¿Cómo se posiciona frente a estas movilizaciones?
—Acompañamos a nuestras y nuestros estudiantes en las marchas; siempre estamos presentes en lo que respecta a ellos. En lo personal, como mamá de una adolescente, también asistí a la marcha junto a mi hija y a nuestras alumnas. Fue algo que me movilizó mucho. Creo firmemente en la paridad de derechos y también de obligaciones, y ojalá todo esto sirva para concientizar y mejorar nuestra sociedad.
La profe de Inglés
Hernán Moya es el compañero de lista de Alcazar y será uno de los vicedirectores de la institución que actualmente alberga a 1734 alumnos en los turnos mañana y tarde. Además, en el Colegio Monserrat se dictan carreras de pregrado y terciarias con una matrícula de 500 estudiantes.
“Ella es directora de todo y todos somos vice de todo, de todo lo que incluye la oferta educativa que tiene el colegio Monserrat”, dice Moya.
En su rol de docente, Alcazar es la profe de Inglés y, con este nuevo cargo, no piensa abandonar el aula.
“Soy la profesora de inglés. Seguramente me dicen ´la vieja de inglés´, no sé si ´la bruja´, pero sí ´la vieja de inglés´”, dice esta docente que ya lleva más de 30 años en la escuela, desde el primer día en el que ingresó a hacer sus primeras prácticas frente a los estudiantes.







