En una segunda vuelta tan ajustada, que se pelea voto a voto, los peruanos que un día hicieron las maletas y se marcharon han vuelto a ocupar un lugar central en el debate nacional. Desde la noche del miércoles, cuando Keiko Fujimori superó a Roberto Sánchez con los votos del extranjero, se ha producido una nueva fisura entre los peruanos. De un bando están aquellos que celebran que su voto haya encaminado un probable triunfo de la hija de Alberto Fujimori. Del otro, en cambio, están quienes se preguntan, con una mezcla de frustración y enojo, por qué alguien que ya no hace una cola interminable en un hospital público, no mira a todos lados cuando sale a la calle o no soporta el tráfico de Lima debería tener el mismo derecho a decidir el futuro del país.
Con las actas contabilizadas al 98,25% por la Oficina Nacional de Procesos Electorales, Keiko Fujimori sigue primera con el 50%, mientras Roberto Sánchez se ha quedado en el 49,99%. La diferencia entre ambos tiende a ser de no más de mil votos. La paradoja es que mientras Sánchez lidera en los conteos del territorio nacional con el 50,21%, Fujimori lo hace en el extranjero con una diferencia abrumadora: 63,42% contra 36,57%. Los comicios de 2026 parecen haber abierto una nueva frontera: la que separa a los peruanos que se quedaron de los peruanos que se fueron.
El legendario caricaturista Eduardo Rodríguez, conocido como Heduardo, ha parafraseado a Vargas Llosa para describir la herida: “¿En qué momento los limeños y los peruanos en el extranjero jodieron al Perú?“. La filósofa Jimena Ledgard ha sido más sutil, pero no por ello menos crítica. ”Me hace mucho ruido que alguien pueda perder en el territorio nacional y aun así ser presidenta, sobre todo porque mucho voto del extranjero es de gente que lleva décadas fuera e incluso sus hijos, que nacieron afuera, nunca han vivido en el Perú y tampoco vendrán nunca a hacerlo”, señala.
Asia es el continente donde más votos ha cosechado Fujimori, una peruana de ascendencia japonesa a la que llaman la China. Allí ha rozado el 90%. En América ha obtenido el 66,7%. En Europa ha sido todo más parejo: casi el 56%. Uno de los países que más atención ha despertado es Estados Unidos, que concentra cerca del 30% de la migración peruana. Más de un millón de peruanos viven allí, aunque solo 368.000 estaban habilitados para votar y apenas 71.400 acudieron a las urnas. Quienes sí lo hicieron se inclinaron de manera contundente por Keiko Fujimori, que obtuvo el 76,55% de los votos frente al 23,44% de Roberto Sánchez. La diferencia fue de 30.833 sufragios. En una elección que podría definirse por unas cuantas milésimas, ese caudal electoral pesa.
La voz de la diáspora
Bryam Torres Díaz ha pasado 22 de sus 36 años en Estados Unidos. Primero en Virginia y ahora en Dallas (Texas). Llegó desde Huancayo —en la sierra central del Perú— junto a sus padres y su hermano, cuando todavía era un adolescente que no entendía una palabra de inglés. El aterrizaje fue brusco en todos los sentidos, pero con el tiempo logró convertirse en especialista en seguridad cibernética. Hoy, además de su profesión, invierte en bienes raíces.
En esta segunda vuelta votó por Keiko Fujimori, convencido de que representa el progreso que necesita el Perú y cree que, después de tres derrotas presidenciales, era momento de darle una oportunidad. “Las últimas tres veces votamos por el otro lado y nos fue mal. Ya le toca. Ella realmente puede hacer algo por el país. Puede mejorar la infraestructura, la salud y la educación. Sánchez me generaba dudas. Él reivindica a Pedro Castillo y ahí empieza todo. De tal palo, tal astilla. Su Gobierno fue un fracaso”, afirma.
Cuando escucha que algunos cuestionan el derecho de los peruanos en el extranjero a decidir el futuro del país, responde sin titubear. Dice que la distancia no les ha quitado la nacionalidad ni el vínculo con el lugar donde nacieron. “Nosotros aportamos enviando remesas e invirtiendo en el Perú. Mis padres están a punto de jubilarse y quieren volver. Yo también sueño con hacerlo cuando tenga 60 o 70 años. Quienes quieren negarnos el voto no saben lo que dicen”, afirma.
Luis Cruz es otro peruano que vive en Estados Unidos hace una vida. Allí terminó el colegio, se hizo adulto, fue a la universidad, se casó y nacieron sus dos hijos. Obtuvo la ciudadanía estadounidense en 2010, pero cada cierto tiempo vuelve, aunque sea por unos días, al país que dejó en la secundaria y al que, pese a los años y la distancia, nunca ha terminado de irse. Vive en Virginia, en la costa este de Estados Unidos. El domingo 7 de junio no condujo hasta Washington para votar en la segunda vuelta. Prefirió abstenerse. Ninguna de las dos opciones lo representaba.

“Si hubiese votado, lo habría hecho por obligación. Sinceramente, no sentía que ninguno de los candidatos tenía un plan para beneficiar al país”, cuenta este ingeniero de sistemas. Cuando se le pregunta por qué buena parte de los peruanos que viven en Estados Unidos suele inclinarse hacia opciones como la de Keiko Fujimori, no duda demasiado en la respuesta. “El peruano promedio aquí es conservador, de derecha. Rápidamente, entra en la lógica de producir y producir, y termina seducido por el capitalismo puro y duro. No me sorprenden los resultados”, explica.
Gran Bretaña ha sido otro de los lugares donde la lideresa de Fuerza Popular ha encontrado respaldo en su cuarto intento por ser presidenta. Allí logró el 62% de apoyo. Desde Manchester, el ingeniero industrial Enrique Seminario cuenta que invirtió ocho horas en un viaje de ida y vuelta en tren hasta Londres para ejercer su derecho al sufragio. No estaba obligado a hacerlo, pero sintió que debía cumplir con una responsabilidad que todavía lo une al país donde nació. “Todos votamos para que el Perú progrese, pero ya es la concepción de cada uno. Quisiera pensar que uno vota por el bienestar de todos, pero a veces gana el egoísmo”, reflexiona.
Sobre los reproches hacia los extranjeros por inclinar la balanza hacia Keiko Fujimori, Seminario responde: “Somos peruanos y no es que hayamos cortado el vínculo y nos queremos olvidar de nuestras raíces. Al contrario, estamos muy pendientes de lo que pasa. No somos ajenos, porque todos tenemos familia y amigos allá”, recalca. En las últimas horas, Juntos por el Perú ha presentado una solicitud para anular 647 mesas de sufragio en los Estados Unidos, aduciendo irregularidades en los controles. Fuerza Popular, por su parte, busca la nulidad de más de 7.000 votos en zonas rurales de Puno, uno de los principales bastiones de Roberto Sánchez.








