en el gigante de 1400 millones de habitantes no se habla del Mundial, pero Messi aparece hasta en las papas fritas

en el gigante de 1400 millones de habitantes no se habla del Mundial, pero Messi aparece hasta en las papas fritas

A pocas horas de que comience la Copa del Mundo, la escena resulta desconcertante para cualquier argentino. En Beijing no hay banderas colgadas de los edificios. En Chongqing no aparecen pantallas gigantes anunciando partidos. Los centros comerciales no están decorados con pelotas de fútbol ni con promociones vinculadas al torneo. En las calles, los vendedores ambulantes ofrecen bebidas, juguetes, accesorios para celulares y recuerdos turísticos, pero no camisetas de selecciones. Tampoco se escuchan conversaciones sobre candidatos, figuras o posibles campeones. Si alguien llegara a China sin saber que este jueves arranca el evento deportivo más importante del planeta, difícilmente lo descubriría caminando por sus ciudades.

La pregunta entonces surge sola: ¿cómo se vive un Mundial en un país de más de 1.400 millones de habitantes? La respuesta empieza a aparecer en un centro comercial de Chongqing, una de las megaciudades del suroeste chino donde los trenes atraviesan edificios y los rascacielos parecen multiplicarse sobre las montañas. Un hombre llamado Liu acepta responder algunas preguntas de Clarín con la ayuda de un traductor automático. Al leer en la pantalla la palabra “Mundial”, se queda pensando. Vuelve a mirar el teléfono. No parece entender. Recién cuando aparece la aclaración “Copa del Mundo de fútbol” asiente levemente con la cabeza, como quien recuerda algo que no tenía presente. Su respuesta llega unos segundos después y resume una sensación que se repetirá durante varios días de recorridas: “China no juega. Entonces no tiene mucho sentido esperar el Mundial”.

La frase podría parecer una opinión aislada, pero no lo es. En Beijing, una estudiante universitaria llamada Zhang reconoce que sabía que había un Mundial cerca, aunque no tenía idea de cuándo comenzaba. “¿Esta semana?”, pregunta sorprendida cuando escucha la fecha. Nunca siguió una Copa del Mundo completa. Tampoco planea hacerlo esta vez. Más tarde, en un pequeño local comercial, un vendedor ofrece una explicación todavía más simple. “Si juega China, miro. Si no juega China, no me interesa”. Ninguno de ellos rechaza el fútbol. Simplemente no forma parte de las conversaciones cotidianas con la intensidad que existe en países como Argentina.

La ausencia de la selección china en el torneo parece ser una de las razones principales. El país no logró clasificarse y la distancia emocional con la competencia es evidente. Mientras en Argentina el Mundial se instala meses antes en programas de televisión, debates radiales, grupos de WhatsApp y reuniones familiares con la picada ya preparada, en China la vida parece seguir otro calendario. Por estos días, por ejemplo, gran parte de la atención está puesta en el Festival del Barco del Dragón, una de las celebraciones tradicionales más importantes del país. Miles de personas organizan viajes para visitar familiares o participar de actividades culturales. El Mundial queda relegado a un segundo plano. O quizás a un tercero.

Sin embargo, cuando parece que la búsqueda de señales mundialistas está destinada al fracaso, aparece una contradicción inesperada. Porque si el Mundial prácticamente no existe en las calles, hay una figura que aparece una y otra vez.

La primera pista surge en un supermercado. Entre góndolas llenas de snacks, bebidas y productos locales, un paquete de papas fritas muestra una cara imposible de confundir. Lionel Messi sonríe desde el envase vestido con la camiseta argentina. No hay referencias al torneo. No aparece la palabra Mundial. Tampoco una fecha o una promoción relacionada con la competencia. Solo está Messi.

La escena podría pasar desapercibida si no fuera porque vuelve a repetirse constantemente. Horas después aparece otra imagen del capitán argentino en una publicidad de bebidas. Después en una remera exhibida en un centro comercial. Luego en otro negocio. Y en otro más. A medida que pasan los días empieza a resultar evidente que encontrar a Messi es mucho más sencillo que encontrar cualquier referencia al Mundial.

En Beijing, un puesto dedicado exclusivamente a productos futboleros termina de confirmar la impresión. Entre camisetas, remeras y accesorios aparecen apenas dos selecciones nacionales: Argentina y Francia. Los finalistas de Qatar 2022 dominan casi toda la exhibición. No hay productos de Brasil. Tampoco abundan los de Alemania, España o Inglaterra. Argentina ocupa un lugar desproporcionado para un país ubicado a casi 20 mil kilómetros de distancia.

La explicación parece ir más allá del fútbol. En China, Messi se transformó en algo más que un jugador. Incluso más que un campeón del mundo. Su imagen funciona como una marca global reconocible para personas que jamás vieron un partido completo. Por eso aparece vendiendo gaseosas, snacks o ropa deportiva. Por eso su rostro se repite en lugares donde nadie parece interesado en discutir quién levantará la próxima copa.

La paradoja es llamativa. En las calles de China cuesta encontrar a alguien que sepa exactamente cuándo comienza el Mundial. No hay clima de espera ni sensación de cuenta regresiva. Pero al mismo tiempo resulta casi imposible pasar varios días sin cruzarse con Messi. Como si el torneo todavía no hubiera llegado, pero su principal estrella sí.

Quizás esa sea la postal más precisa de la previa mundialista en China. Mientras en Argentina millones de personas cuentan las horas para el comienzo de la competencia, acá las conversaciones siguen girando alrededor del trabajo, los viajes y las celebraciones tradicionales. El Mundial todavía parece una noticia lejana. Pero cada tanto, entre una góndola de supermercado y una vidriera iluminada, aparece una camiseta celeste y blanca para recordar que existe un argentino capaz de hacerse visible incluso en un país donde casi nadie está hablando de fútbol.

En China, por ahora, el Mundial pasa inadvertido. Messi, no.