Israel bombardea Irán aunque Trump pidió a Netanyahu no hacerlo | Internacional

Israel bombardea Irán aunque Trump pidió a Netanyahu no hacerlo | Internacional


Es la crónica de una escalada anunciada. Oriente Próximo atraviesa este lunes su momento más peligroso desde que Washington y Teherán pactaron un alto el fuego en abril, con fuego cruzado de misiles entre Israel e Irán en las últimas horas y el regreso a escena de los hutíes de Yemen. Tras semanas de bombardeos y avances de tropas israelíes en Líbano, la envalentonada Guardia Revolucionaria de Irán había marcado un ataque en los suburbios de Beirut como línea roja. El presidente de EE UU, Donald Trump, frenó uno el lunes, pero el primer ministro, Benjamín Netanyahu, lo acabó efectuando este domingo, citando proyectiles de Hezbolá contra suelo israelí. El resultado: 11 misiles iraníes contra Israel, los primeros en tres meses. Trump afirmó entonces que exigiría a Netanyahu —que se juega su futuro en las urnas dentro de cuatro meses— “no tomar represalias”. La Fuerza Aérea de Israel ha bombardeado, sin embargo, Irán esta madrugada y la milicia hutí se ha sumado al conflicto con un misil que ha devuelto las alarmas antiaéreas a Tel Aviv y Jerusalén. Israel ha detenido hasta nuevo aviso la entrada de ayuda humanitaria a Gaza.

La Guardia Revolucionaria iraní asegura que Israel empleó misiles balísticos lanzados desde el aire. Se registraron explosiones en la capital, Teherán, y en las ciudades de Isfahán y Tabriz, en el centro y noroeste del país. El ejército de Israel señaló que los objetivos eran “militares” y su embajador en Washington, Yechiel Leiter, ha hablado también de “infraestructuras no relacionadas con el sector energético”.

La reanudación del fuego cruzado ha vuelto a empujar al alza el precio del petróleo, con un aumento por encima del 3% del barril de Brent de referencia, que supera nuevamente los 96 dólares.

Los hutíes ya se sumaron a la guerra, en el bando de Irán y Hezbolá, a la que guerra que Israel y EE UU lanzaron en febrero. Este lunes, han vuelto a hacerlo, blandiendo una amenaza: “La era de la brutalidad del régimen sionista ha terminado. Este régimen criminal no entiende más que el lenguaje de la fuerza”.

A última hora del domingo, Israel interceptó los 11 misiles lanzados por Irán, sin sufrir heridos. Teherán dio por terminada la represalia, que definió como una “advertencia”, y advirtió de que, si había respuesta, la suya sería “más amplia” e incluiría “todos los objetivos estadounidenses y sionistas en la región”. El ministro de Exteriores iraní, Abass Aragchi, emitía un mensaje en redes sociales con las banderas de Irán y Líbano y el comandante de la fuerza aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, Majid Mousavi, decía: ”Cumplimos nuestra promesa”.

Trump afirmó entonces que no estaba “contento” con el bombardeo en Dahiye, porque veía “muy cerca” un acuerdo con Irán, y que se disponía a pedir a Netanyahu no responder. “Voy a llamar a Bibi ahora mismo y le voy a decir que no tome represalias. Las dos partes han tenido su momentito divertido. Israel ha atacado e Irán ha atacado. Ya no necesitamos ninguno más”, declaró al medio Axios. Si se produce un fuego cruzado, ha advertido, las cosas continuarán “como en los últimos 47 años [desde la creación de la República Islámica] o incluso los últimos 3.000 años”, agregó.

Los países de la zona optaron, no obstante, por la prudencia. Siria e Irak cerraron su espacio aéreo. Israel solo lo ha hecho brevemente este lunes, durante el ataque de los hutíes, pero ha cancelado las clases en los colegios y universidades de todo el país.

Amenazas

La Guardia Revolucionaria de Irán insistió entonces en que había aceptado el alto el fuego con EE UU en abril “con la condición de que cesaran los combates en todos los frentes”, incluido Líbano, donde Israel ha seguido tomando territorio y destruyendo aldeas. La milicia proiraní Hezbolá también ha continuado lanzando cohetes y drones contra las tropas israelíes en Líbano y el norte del país.

El repunte de la tensión no es un desenlace sorprendente ante una situación de alto el fuego prolongado, pero sin un acuerdo para poner fin a la guerra, crecientes escaramuzas puntuales y un asunto central, como el estrecho de Ormuz, sin resolver. Menos aún con la dinámica de los últimos días: Netanyahu en año electoral, sin ocultar su desagrado por la tregua y con promesas de que “aún no ha terminado” la labor de Israel en Irán, y el régimen de Teherán, triunfalista ante el intento fallido de derrocarla y las prisas de Trump por cerrar un acuerdo.

El miércoles, los Gobiernos de Israel y Líbano prorrogaron el alto el fuego en el segundo, con el mismo equilibrio de fuerzas y discursos. Israel prosiguió sus ataques y defendió su “libertad de acción” para mantenerlos, incluido en Beirut, a la vez que exigía a Hezbolá detener el fuego y retirar a sus milicianos del sur. Israel planteó una ecuación: dejaría únicamente los suburbios de Beirut fuera de sus objetivos si Hezbolá no disparaba contra el norte del país. La milicia islamista no dejó de hacerlo, ante lo que considera una tregua falsa y “parcial” labrada a sus espaldas.

Al final, en la mañana de este domingo, la aviación militar israelí atacó los suburbios de Beirut (justamente como respuesta a los ataques de Hezbolá horas antes contra suelo israelí) y se aceleraron los acontecimientos.

Durante la llamada telefónica en la que, el pasado lunes, exigió a Netanyahu que no bombardease Beirut, un Trump frustrado llegó a calificar al primer ministro israelí de “puto loco”, según confirmó el mandatario estadounidense. “Estarías en la cárcel si no fuera por mí. Te estoy salvando el culo”, le espetó, en aparente referencia a sus esfuerzos para que el presidente de Israel conceda a Netanyahu un perdón extraordinario ante los delitos de corrupción por los que está imputado.