Una pregunta sin respuesta

Una pregunta sin respuesta

Lo mejor de las aventuras es, sin duda alguna, contarlas. Más que nada porque eso significa haber sobrevivido. Cuando alguien está en medio de una peripecia, no lo disfruta. Ni tan siquiera cuando está a punto de empezarla. Por ejemplo: no parece el plan más apetecible del mundo estar a los pies del Eiger, una montaña de los Alpes suizos, esperando para iniciar la ascensión hasta la cima. Y no es el más apetecible porque, de los 3.970 metros que hay hasta lo más alto, casi 2.000 son de caliza frágil y hielo negro —fina capa de hielo que permite ver lo que hay debajo—. Pero es que más allá incluso del futuro inmediato, hay un pasado que abarca décadas y décadas que pesa más que cualquier mochila. El del Eiger, en concreto, habla de un montañero italiano cuyo cuerpo inerte colgó durante tres años a la vista de todo el mundo, pero inalcanzable para recuperarlo; también de avalanchas de nieve o de piedras; o de violentas tormentas —de esas que el cine ubica en las películas de terror— que asolan el monte mientras en el resto de Europa luce un esplendoroso cielo azul.

Seguir leyendo