La leyenda que se repite en varios lugares de la impactante estructura del estadio Kyle Field, donde este sábado (21:00, hora argentina) la Selección Argentina enfrentará a Honduras en un amistoso de preparación para el Mundial 2026, podría leerse a montones en las cercanías de la Bombonera y enorgullecería a los hinchas de Boca. “Hogar del jugador número 12” es la traducción al castellano de esa frase cuya historia permite entender por qué en una ciudad mediana existe una cancha que, hasta hace pocos años, tenía más butacas que habitantes. También lo explica el fanatismo por el fútbol americano universitario, que llevó a transformarlo en el cuarto estadio más grande de los Estados Unidos y el sexto del mundo.
Son 102.733 los lugares disponibles en el estadio ubicado en esta ciudad a una hora y media al norte de Houston. Recién en el censo de 2020, College Station superó ese número con habitantes, en su mayoría jóvenes que se acercan a estudiar en la reconocida Universidad de Texas.
El Kyle Field montó su primera estructura en 1927, pero unos 20 años antes había sido el profesor Edwin Jackson Kyle el que compró una porción del campus para experimentos hortícolas. La primera capacidad de la cancha fue de 33.000 espectadores y se terminó dos años después del inicio de su construcción.
Las siguientes mejoras ocurrieron en 1953 (41.500), 1967 (48.000), 1980 (70.000), 1999 (80.000) y 2015, cuando alcanzó la actual capacidad que la dejó por detrás del estadio de Michigan (107.601), Beaver (Pennsylvania, 106.572) y Ohio (102.780).
Pero la historia del “jugador número 12” -tal como los fanáticos de Boca denominan a su hinchada por el empuje que representa jugar en La Bombonera- empezó mucho tiempo antes. Fue un 2 de enero de 1922, en Dallas. Texas A&M -el equipo de la universidad texana- enfrentaba a Centre College, el mejor del país y que llegaba invicto con un récord de 10-0.
E. King Gill, que luego fue capitán del plantel de básquet, era un estudiante de segundo año que había jugado al fútbol americano en algún momento pero en ese momento estaba en la tribuna de prensa como voluntario para los medios.
Durante todo el partido, los jugadores de los Aggies -tal como se denomina a este equipo- sufrieron varias lesiones. El entrenador de A&M, Dana X. Bible, sabía que Gill estaba en el lugar y, finalmente, le hizo señas para que se pusiera la camiseta y pudiera completar el equipo. En el fútbol americano, si bien los planteles son muy numerosos, dentro del campo hay 11 jugadores.
Por eso, cuando Gill ingresó y los Aggies ganaron el encuentro por 22-14, la historia se transformó en una leyenda que con el correr de los años se implementó como símbolo de la disposición para servir cuando se necesite.
En 1980, se colocó una estatua de tamaño natural de Gill en la entrada norte del Kyle Field y luego trasladada a la Plaza Rudder, cuando se instaló una de mayor envergadura. Y hacia fines de esa década la inscripción “Home of the 12th Man” (Hogar del Jugador Número 12) se colocó en las gradas de la sección de estudiantes del estadio. El protagonista de esta historia se recibió de médico y murió en 1974.
La mala noticia para los fanáticos que hayan comprado su ticket con antelación es que no podrá ver en el campo de juego a Lionel Messi. El capitán de la Selección Argentina recién este jueves realizó trabajos de fútbol junto al grupo principal de los convocados para el Mundial 2026, después de sufrir una sobrecarga en el isquiotibial izquierdo.
La ilusión de ver al mejor jugador de fútbol de la historia en un escenario que, entre otras leyendas tuvo a Muhammad Ali en 1979, incluso aventuró a algunos a intentar batir el récord de concurrencia para un encuentro de fútbol en el Kyle Field, que lo consiguieron México y Brasil en 2024, cuando más de 85.000 personas vieron el triunfo 3-2 de los pentacampeones del mundo.
Ese deseo se ancla también en que más del 8 por ciento de los argentinos que viven en Estados Unidos residen en Texas, muchos de ellos concentrados en el área metropolitana de Houston, a poco más de una hora en auto hasta College Station. La población hondureña es aún mayor: más de 240.000 viven en Texas, más que en cualquier otro estado estadounidense.







