Una investigación que involucró a casi 150 mil voluntarios llegó a la conclusión de que realizar un promedio de 15 minutos de ejercicio de fuerza por día logró reducir casi un 20 por ciento las muertes por infartos, en contraposición con las personas que no adoptaron ese hábito.
La investigación fue realizada por científicos de Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard; la Universidad Yonsei, de Corea; la Universidad Federal de San Pablo, en Brasil; y la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma de Chile. Los resultados acaban de ser publicados en el British Journal of Sports Medicine (BJSM).
El trabajo confirma lo que muchos expertos vienen sosteniendo cada vez con mayor evidencia: la importancia del ejercicio de fuerza para la salud, sobre todo después de los 50 años. La realidad es que hasta no hace mucho este tipo de actividad física se “demonizó” por el temor a la posibilidad de un daño en personas con alguna clase de riesgo. Sin embargo, eso luego se revisó y empezó a cambiar, tanto que hoy la práctica está en pleno auge.
De 147.374 participantes en el estudio (31.540 hombres y 115.834 mujeres) seguidos hasta tres décadas, los autores documentaron 35.798 muertes. En comparación con la ausencia de este entrenamiento, entre 90 y 119 minutos por semana de ejercicio de fuerza se asoció con un descenso del 13 por ciento de la mortalidad por todas las causas.
Además, registraron un riesgo 19 por ciento menor de mortalidad cardiovascular y 27 por ciento más bajo por enfermedades neurológicas. También comprobaron que no hubo beneficio adicional por encima de los 120 minutos de ejercicio de fuerza por semana. Cuando el ejercicio de fuerza tenía como complemento el aeróbico, el saldo final mejoraba.
Ivana Paz, cardióloga especialista en medicina del deporte y docente de la Universidad de Buenos Aires, explica las diferencias entre ejercicio aeróbico y de fuerza en el impacto para la salud: “Cuando hago un trabajo de resistencia cardiovascular, siento que aumento el consumo de oxígeno máximo mientras entreno. En el trabajo de fuerza también hay un incremento. Es mucho menor que con el trabajo de resistencia, lógicamente. Pero los músculos también consumen oxígeno”.
Luego agrega: “El tema no es una cosa o la otra, sino trabajarlo de manera integral. Tengo que trabajar resistencia y entreno la parte vascular, pero lo que moviliza ese corazón y ese sistema vascular es el aparato locomotor. Y el que tiene un rol fundamental en esto es el músculo. ¿Por qué en estos últimos años se viene desarrollando este cambio? Porque el trabajo de fuerza se había quitado como estrategia de prevención por temor con los pacientes que tenían alguna patología. Pero se sacó más por una cuestión de malinterpretar el efecto del ejercicio de fuerza en el momento agudo, sin ver el beneficio que tenía a largo plazo, en lo crónico”.
Siguiendo con su argumentación, Paz concluye: “El músculo tiene por un lado una función locomotora, pero también una función de reservorio energético. Cuanta más masa muscular, más capacidad de almacenar energía. En los últimos años, lo que ha llevado a la importancia de trabajar la fuerza es que el músculo también cumple una función metabólica. Hoy se va descubriendo cada vez más y se le va poniendo nombre y apellido a cada hormona que libera el músculo (mioquinas). Así se empezó a ver que con la cronicidad del ejercicio a lo largo del tiempo, de una manera sistematizada, vamos teniendo beneficios no sólo a nivel cardiológico, sino generales”.
La población que va al gimnasio ya percibe estos beneficios. En una encuesta reciente realizada por Mercado Fitness entre más de 8.500 usuarios, el 27,2 por ciento de los varones y el 29 por ciento de las mujeres vincularon su concurrencia al gimnasio con el cuidado integral de la salud. En cuanto a las actividades preferidas, tanto en varones como en mujeres encabezan la lista los ejercicios con peso libre, con el 56 y el 42 por ciento respectivamente. Las máquinas fueron la opción del 51,5 por ciento de los varones y del 38,35 por ciento de las mujeres.
Ahora, la misma consultora relevó la edad actual de los usuarios de gimnasios comparada con la de hace diez años. De las respuestas aportadas por 157 dueños de gimnasios surge que el rango etario que reúne la mayor cantidad de clientes se ubica entre los 35 y los 39 años (40,7%), seguido por el que va entre los 45 y 49 años (19,7%).
La gran mayoría de los gimnasios (68,1%) respondió que la participación de los clientes mayores de 50 años hoy es algo mayor (19,1%) o mucho mayor (49%) que hace diez años. Sobre ese segmento por encima de los 50 años, el 15,9 por ciento de los dueños respondió que la mayoría son nuevos clientes que comenzaron a entrenar en esta etapa de su vida. Mientras que el 31,2 por ciento dijo que hay una combinación equilibrada entre nuevos e históricos que fueron envejeciendo.








