Lionel Scaloni y su cuerpo técnico tienen un plus. Entre sus muchas virtudes, se destaca el entender los momentos de cada jugador y las necesidades que puedan llegar a aparecer en una competencia tan exigente física y mentalmente como un Mundial. La gestión de la enfermería con la que llegó a Kansas City es una prueba de ello. De los diez lesionados, ya solo quedan seis y en los próximos días se reducirá ese listado aún más, en los plazos previstos. Para el resto, el mensaje está más que claro: entrenar a conciencia, sin guardarse nada y con la exigencia máxima. Se comprobó en la única práctica abierta de la Selección Argentina. Pero esa situación puede contrastar con el temor a la sobreexigencia, después de una temporada agotadora para la mayoría de los futbolistas albicelestes, pese a que solo dos de los 26 pudieron conseguir títulos (Emiliano Martínez y Lautaro Martínez).
En las últimas horas, Pablo Cavallero, arquero del seleccionado, describió a la perfección como aquel equipo liderado por Marcelo Bielsa, que hizo las mejores Eliminatorias de la historia hasta que apareció la Scaloneta, se derrumbó a la eliminación en la fase de grupos tras vencer a Nigeria en el debut, perder con Inglaterra e igualar ante Suecia.
“En 2002 nosotros llegamos muy sobreexigidos, con mucho desgaste. Nos pasamos un poco de vuelta buscando la mejor versión individual y colectiva. La inteligencia emocional la tiene que tener el cuerpo técnico, un pique más, te hace desgarrar. El ‘Ratón’ Ayala por hacer dos ejercicios más se lesionó un viernes y el domingo había que jugar”, recordó el nacido en Lomas de Zamora, que hoy tiene 52 años.
Y ese ejemplo de Ayala es justamente el plus mencionado en la primera oración. Tanto el marcador central como Walter Samuel y Pablo César Aimar -los otros asistentes de Scaloni- estuvieron convocados en aquella cita en tierras asiáticas. Los tres vivieron en carne propia lo que ocurrió y hoy, esa experiencia, es la que buscan utilizar para mantener todo sobre rieles.
“Nosotros jugábamos amistosos contra equipos de Primera o Segunda de Japón y nos costaba muchísimo ganarles. Ya veíamos que el equipo no se encontraba. La Selección hoy llega un poco tocada, seguramente tengan un poco de preocupación”, completó Cavallero.
En los más de 40 minutos que la prensa pudo ver de la práctica abierta en el Compass Mineral Center de Kansas City hubo un nivel físico, de contacto y futbolístico muy alto. Se gritaban los goles como un partido real, se disputaban las pelotas divididas como si fueran la última y se respetaron todos los puestos y roles lo más similar posible, pese a las dimensiones del campo que se elegían para los ejercicios.
Si se toma en cuenta la temporada europea (agosto-junio) y el año calendario para aquellos que tienen inicio en enero con sus clubes, solo ocho futbolistas no pasaron los 3.000 minutos, un promedio lógico para aquellos que más actividad suelen tener en clubes de élite. De estos, a la mitad solo se les computaron los encuentros de este 2026: Leandro Paredes (Boca), Gonzalo Montiel (River), Lionel Messi y Rodrigo De Paul (ambos de Inter Miami). Los que estuvieron por debajo de esa marca y actúan en Europa fueron Facundo Medina (Olympique de Marsella), Exequiel Palacios (Bayer Leverkusen), Lisandro Martínez (Manchester United) y Juan Musso (Atlético de Madrid).
Ese desgaste físico y mental en sus clubes también afecta en la previa de este Mundial extendido a 48 participantes y que obligará a “comprimir” la fase de eliminación directa, que tendrá ocho partidos (uno más que lo acostumbrado) para repetir la gloria máxima. Casi todos los seleccionados candidatos han sufrido bajas a último momento y todavía resta una semana para el arranque oficial de la edición número 23 del máximo certamen del fútbol. El reglamento FIFA, se insiste, permite el reemplazo hasta 24 horas antes del primer encuentro de cada país.
Entonces, la dosificación de esfuerzos será fundamental, por eso no extrañaría que haya bastante rotación, si los resultados lo permiten…







