“Drogadicto”, “criminales”, “narcoterroristas”: el tono incendiario de Abelardo de la Espriella aumenta el temor a la violencia política | Elecciones Presidenciales Colombia

“Drogadicto”, “criminales”, “narcoterroristas”: el tono incendiario de Abelardo de la Espriella aumenta el temor a la violencia política | Elecciones Presidenciales Colombia

Colombia corre el riesgo de terminar la elección presidencial convencida de que el vecino no es un contradictor, sino un enemigo. El tono de la elección es de venganza, en el que no se debaten programas ―no ha habido ni un debate entre los dos candidatos punteros― sino que se señala al opositor de ser un criminal que debe ser acabado. “Sepan ustedes, señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo, que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos”, dijo Abelardo de la Espriella, el más votado el domingo pasado en la primera vuelta presidencial, cuando lanzó su campaña.

En tres entrevistas recientes que le han hecho a quien es el favorito para ganar la segunda vuelta y a su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, los reporteros de Semana, El Tiempo y Caracol Radio han coincidido en preguntarles si no les parece que se han pasado de la raya con el tono: en su discurso de victoria el domingo pasado, el candidato ultra llamó al presidente Gustavo Petro un “drogadicto y miserable”, y un “delincuente” que debe ser vigilado por la fuerza militar. Al candidato de la izquierda y su rival en el balotaje, Iván Cepeda, lo llama “bandido”, “heredero de las FARC” y, más recientemente, lo señala de ser aliado de “narcoterroristas”.

La respuesta de los dos políticos fue que no piensan cambiar el tono. “Uno al crimen y al bandidaje no se enfrenta con palabras bonitas y con tonos suaves”, respondió De la Espriella en Semana. “El domingo el tono tenía que ser muy fuerte respecto a un problema que nunca había sucedido en la historia de la democracia en Colombia”, justificó Restrepo, criticando la abierta intervención del presidente Petro en la campaña electoral.

El candidato ultra no solo no bajó el tono, sino que dobló su apuesta. Añadió en Semana otras advertencias a quienes considera criminales: como abogado litigante que es, llegará a la presidencia a denunciar cómo habrían malgastado el dinero público (“los voy a denunciar punto por punto, peso por peso”), y pedirá a Estados Unidos quitarle la visa a quien crea que compró votos a favor de Cepeda. Eso, además de pedirle a la Casa Blanca que añada a esas personas en la lista OFAC, del Departamento del Tesoro, que los cataloga como aliados del narcotráfico.

Clientelismo y tráfico de drogas no son lo mismo, como tampoco lo son la intervención indebida en política y ser guerrillero. Pero la campaña de De la Espriella no se detiene en esos detalles. El foco está en repetir, hasta el cansancio, que el lado opuesto es criminal. “No creo que haya empalme con esos bandidos”, dijo De la Espriella sobre la imposibilidad de que haya una transición tranquila del poder entre los dos lados si ganan la presidencia.

El discurso sube las alarmas por dos frentes. Primero para la izquierda, pues sus líderes no solo volverían a la oposición si pierden las elecciones, sino que lo harían con temor de que el poder de la Presidencia se dirija a perseguirlos. Segundo, crece el miedo a que el discurso tenga un impacto divisivo en la sociedad que aumente el riesgo de violencia política.

Cepeda, quien poco se ha pronunciado desde el domingo, compartió ayer en la tarde un mensaje en redes, que tituló “Violencia política’. Aparece una valla, ubicada cerca de la ciudad de Armenia, que tiene como imagen a De la Espriella aplastando a Cepeda, con un pie sobre su cuello. “En democracia podemos tener diferencias intensas con nuestros contradictores. Podemos debatir con firmeza, confrontar ideas y defender con convicción nuestras posiciones”, escribió Cepeda en respuesta. “Pero nunca debemos apelar a la violencia. Ni la violencia simbólica que siembra miedo y resentimiento, ni la violencia física que pretende destruir a otros”, añade.

En un ambiente en que cada lado se llama criminal ―fascista o mafioso de un lado, guerrillero o bandido del otro―, todo lado está en riesgo. Cuando el precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay fue asesinado, el año pasado, la oposición culpó al presidente Petro por su discurso incendiario a la oposición, al llamar a sus críticos nazis o paramilitares. Ahora el discurso estigmatizante que más recibe aplausos está del otro lado político, con Abelardo de la Espriella llamando a sus contrincantes narcoterroristas.

Juan Carlos Rodríguez Raga, profesor de Ciencia Política en la Universidad de los Andes y experto en opinión pública, ha observado que los colombianos no suelen estar muy polarizados en temas particulares de política pública, sino en otro aspecto: “creen más bien que la pelea es con ‘los de arriba’, contra las élites”, señala. Lo que para el petrismo eran las élites políticas y económicas y ahora son “los de siempre”, como llama a los políticos. “Lo ‘nuevo’ es la virulencia contra la izquierda”, dice Raga, quien señala el riesgo de un aumento de la violencia política.

La izquierda colombiana ha sido criminalizada en el debate público en el pasado ―lo que costó miles de vidas de militantes de la Unión Patriótica― , pero el riesgo de una nueva oleada incentivada por el discurso de los líderes en elecciones no es exclusivo de Colombia. Estados Unidos ha debatido recientemente hasta dónde la criminalización que ha hecho Donald Trump de sus críticos ―a muchos de los cuales ahora persigue a través del Departamento de Justicia―, incentivó la violencia política en la campaña del 2024, tanto para sus seguidores que quieren venganza, como para los críticos del trumpismo que ven en su elección una amenaza a su existencia. Los representan el francotirador que le disparó como candidato republicano en un mitin y el asesino de una representante demócrata en Minesota, o quienes atacaron la casa del gobernador demócrata de Pensilvania. Encuestas recientes indican que un cuarto de los republicanos y un cuarto de los demócratas hoy justifican la violencia política, el triple que en septiembre de 2024.

Colombia está a dos semanas de quizás elegir a un abogado penalista que promete meter a la cárcel a sus enemigos políticos. Una promesa que no solo se juega en los tribunales, sino en las emociones de los colombianos.