Le Pen, en el debate de la moción de censura: “Es el momento de la verdad, el fin de un Gobierno efímero” | Internacional

Le Pen, en el debate de la moción de censura: “Es el momento de la verdad, el fin de un Gobierno efímero” | Internacional


El primer ministro de Francia, Michel Barnier, afronta previsiblemente las últimas horas al frente del Gobierno. Las dos mociones de censura presentadas —por separado— por la izquierda y la ultraderecha contra su Ejecutivo han empezado ya a debatirse. Un proceso que durará al menos dos horas que pueden hacerse muy largas, especialmente si se comparan con los fugaces tres meses de duración de su mandato, el más corto de la historia de la V República si nada lo remedia.

Barnier y los suyos han intentado hasta el último minuto remover la conciencia de quienes iba a tumbar el Gobierno. Lo intentó a la desesperada el primer ministro en una entrevista en horario de máxima audiencia la noche del martes que siguieron diez millones de espectadores. “La estabilidad soy yo”, intentó convencer a los espectadores que, en realidad, no iban a pintar nada en su futuro. Y lo ha intentado también el presidente de la República, Emmanuel Macron, desde Arabia Saudí, donde se encuentra de viaje justo estos días de crisis, apelando a la responsabilidad.

La líder ultraderechista y diputada francesa, Marine Le Pen, este miércoles en la Asamblea Nacional. Sarah Meyssonnier (REUTERS)

Las dos mociones se examinan al mismo tiempo. El primer orador, Éric Coquerel (La Francia Insumisa), presentó la del Nuevo Frente Popular, que ha reunido el mayor número de firmantes. Habló durante 10 minutos. Liquidó cualquier esperanza para Barnier nada más empezar. “Señor primer ministro, hoy hacemos historia. Usted, porque será el único primer ministro censurado desde Georges Pompidou en 1962; yo, porque tengo el honor de presentar esta moción de censura”, lanzó.

Coquerel recordó a Barnier que es víctima de “la maldición que le transmitió el verdadero responsable de esta situación, Emmanuel Macron: su ilegitimidad”. “Su fracaso estaba anunciado. Solo intentó compromisos con la extrema derecha, ese Reagrupamiento Nacional que ha privilegiado violando el cordón sanitario republicano que se expresó mayoritariamente en julio”, lamentó el diputado de LFI.

Luego llegó el turno de Marine Le Pen. Su gran momento. “Es el momento de la verdad, el fin de un Gobierno efímero”, lanzó para comenzar a enterrar ninguna posiblidad de superviviencia del primer ministro. Fue con todo, llamó “cheguevaristas de carnaval” a los miembros de LFI. Intentó marcar distancia, con ellos, pese a que deberán votar conjuntamente. “Las instituciones nos obligan a mezclar nuestros votos con las de la extrema izquierda”, señaló calificando al Nuevo Frente Popular como una “simple herramienta”. Y luego atacó a Barnier. “Es en sus filas donde la intransigencia, el sectarismo y el dogmatismo han impedido al primer ministro la menor concesión, lo que habría evitado este desenlace”, apuntó. “El presupuesto que rechazamos hoy no solo traiciona sus promesas. No contiene ni rumbo ni visión. Es un presupuesto tecnocrático que sigue deslizándose cuesta abajo, cuidándose mucho de tocar el tótem que es la inmigración fuera de control”, lanzó desde el estrado.

Le Pen siguió atacando al presupuesto, supuesto origen de la moción, para justificar su decisión de tumbar al gobierno. “Toma como rehenes a los franceses, y en particular, a los más vulnerables: los jubilados modestos, las personas enfermas, los trabajadores pobres, los franceses considerados demasiado ricos para recibir ayudas, pero no lo suficientemente pobres como para escapar del castigo fiscal”.

Francia se sumirá en un terreno desconocido si la caída de Barnier se consuma. Sería la primera vez desde 1962 que una moción de censura llega a buen puerto y logra derribar a un primer ministro. Sucedió solo en esa ocasión con el entonces jefe de gobierno Georges Pompidou, durante el mandato del presidente Charles De Gaulle. Desde entonces, decenas de mociones de censura se activan cada año como respuesta a la aplicación del artículo 49.3 que permite aprobar por decreto determinados proyectos. Ninguna llegó jamás a completar su propia naturaleza de demolición.

Macron deberá ahora buscar una solución porque en Francia no se vota a un candidato alternativo como sucede en otras democracias europeas. El problema principal, quizá uno de los males de este proceso, es que constitucionalmente no puede convocar nuevas legislativas hasta mediados de 2025. Según la prensa, Macron maneja dos nombres que podrían contar con el visto bueno implícito de Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional, para sustituir a Barnier: el del actual ministro de Defensa, Sébastian Lecornu, y el del veterano centrista François Bayrou. Pero todavía resulta demasiado pronto para saber si serían aceptados. De momento, Barnier debería quedarse al mando para resolver los asuntos corrientes y Macron recuperará de golpe todo el protagonismo perdido y deberá volver a ser el árbitro del partido.