Los caminos de De la Espriella y Cepeda para la segunda vuelta pasan por los abstencionistas | Elecciones Presidenciales Colombia

Los caminos de De la Espriella y Cepeda para la segunda vuelta pasan por los abstencionistas | Elecciones Presidenciales Colombia

La inesperada victoria de Abelardo de la Espriella sobre Iván Cepeda este domingo, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, deja entre sus lecciones que los votantes de derecha están ya casi totalmente unidos alrededor del penalista, y que los de izquierda están totalmente consolidados detrás del senador. La diferencia de 653.000 votos que sacó el ultraderechista sobre el senador parece pequeña en una elección en la que participaron 24 millones de ciudadanos, y en la que hubo más de 3 millones de sufragios que apoyaron otras candidaturas. El reto que enfrentan los candidatos para el balotaje parecería ser convencerlos a ellos — pero, por sus rasgos y por la historia reciente, el camino no se queda ahí y pasa necesariamente por movilizar a personas que no fueron a las urnas el domingo.

Así lo ha aceptado el presidente Gustavo Petro. En su largo mensaje en X del mediodía de este lunes, dio una cifra: “Se necesitan tres millones de votos más”. Pero no se quedó ahí, sino que explicó que se debían concentrar no en votantes de otros sectores, sino en abstencionistas, y específicamente en los jóvenes. “A la juventud toda le digo, es la hora de salir a votar en masa como nunca antes”.

Ese mensaje viene del conocimiento y experiencia de quien suma tres décadas compitiendo en elecciones, y ve en los abstencionistas el camino a la victoria. Uno que, según escribe el analista Hernando Gómez Buendía en su columna en el portal Razón Pública, era el principal de la campaña de izquierda, y que ya le falló. “El arma secreta de Cepeda era la participación masiva de los de abajo. El arma no disparó“, se lee.

Aunque parece más sencillo inicialmente buscar a votantes activos, a quienes fueron el domingo hasta las urnas, no es fácil que de allí las campañas superen la diferencia, y menos la de la izquierda, donde hay poco para sumar. La campaña de Cepeda gira justamente alrededor de la unidad progresista: dos aspirantes de ese sector, Carlos Caicedo y Luis Gilberto Murillo, renunciaron en su favor en la recta final y apenas sumaron 26.000 votos entre los dos. No hay una reserva significativa en ese flanco.

Donde más hay votos disponibles es en la derecha: De la Espriella puede sumar buena parte de los 206.000 sufragios de Santiago Botero, el candidato que prometió “darle balín” a quienes participen en protestas sociales y que está abiertamente más a la derecha del propio penalista. Pero no es lo mismo con la porción más relevante, los 1,6 millones de votantes de la senadora uribista Paloma Valencia. Aunque a primera vista podrían inclinarse hacia el ultra, Valencia hizo campaña con la idea de sumar entre diferentes, de acercarse a electores de centro representados en su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo. Con esa plataforma perdió a más de la mitad de los 3,2 millones de personas que la apoyaron en una consulta interpartidista en marzo, pues llegaron por lo menos algunos de los 1,6 millones que estuvieron con Oviedo. Con una parte significativa del electorado uribista ya votando por el ultra, la pregunta es cuántos de los que igualmente votaron por la senadora están dispuestos a trasladarse hacia el candidato más radical.

Luego queda los 1,2 millones de votantes del centro. El millón que obtuvo Sergio Fajardo y los 225.000 de Claudia López no responden a una estructura con un jefe capaz de definir hacia dónde se mueven. López ha hablado con dureza contra De la Espriella, pero eso no garantiza que sus votantes vayan a Cepeda: el voto de centro es, por definición, el más difícil de capturar con la lógica de bloque. La exalcaldesa puede señalar, pero no arrastrar.

Es justamente ahí donde entra la variable clave: la participación. Cuatro años atrás, el hoy periodista Gustavo Petro había ganado la primera vuelta con el 40% de los votos, pero la suma de votos de sus rivales de la derecha -Rodolfo Hernández y Federico Gutiérrez— lo superaba en cerca de 2,5 millones de sufragios. Para la segunda vuelta salió más gente a votar y Petro le ganó a Hernández tras pasar de 8,5 a 11,3 millones de votos. En las tres semanas que quedan para el balotaje, la campaña de Cepeda tiene el camino casi obligado de aumentar la participación.

Para eso, las campañas buscan llevar más emoción. Ese es el horizonte que tiene en mente Petro al llamar a sus votantes con urgencia política y un tono de proclama: “Sé de las debilidades de la campaña progresista. Llamo a toda persona demócrata a defender la democracia contra la muerte que se avecina. Una enorme alianza por la vida, sin exclusiones”. El presidente, que por ley tiene prohibido participar en política electoral, dice que él liderará la campaña: “Aquí no se rinde nadie, aquí vamos a ganar y yo mismo me pondré al frente”.

Ya lo han empezado a hacer también desde el otro lado. De la Espriella ha señalado que es el momento de dejar atrás el gobierno de izquierda, agitando el viejo miedo de parte del país a que Colombia repita la experiencia de la Venezuela de Nicolás Maduro. Es la narrativa que le ha funcionado a la derecha colombiana y latinoamericana en elecciones similares: la segunda vuelta como último dique, como decisión irreversible. Con ella buscan no solo retener a los votantes de Valencia que no son entusiastas del penalista, sino también motivar a quienes el domingo se quedaron en casa, desencantados con todos los candidatos.

En las próximas tres semanas, los dos candidatos jugarán en tableros distintos, pero con la misma urgencia. Cepeda buscará ampliar su coalición hacia el centro y movilizar a quienes se abstuvieron de votar el domingo, apelando al miedo al que han llamado repetidamente “fascista” y a la continuidad de los avances del Gobierno Petro. De la Espriella apostará por el miedo al izquierdismo y por convencer a los votantes de Valencia de que la diferencia ideológica con él es menor que el riesgo de una nueva presidencia del Pacto Histórico. El resultado dependerá de cuál de las dos narrativas logra llegar más lejos —y más profundo— entre los colombianos que este domingo decidieron votar por otros o, simplemente, no ir a votar. En ese universo de indecisos, moderados y abstencionistas está la presidencia.