Paredes se fue al Mundial, Úbeda no seguirá y Riquelme les echa la culpa a los arbitrajes

Paredes se fue al Mundial, Úbeda no seguirá y Riquelme les echa la culpa a los arbitrajes

No puede ser gratis la eliminación de Boca en la fase de grupos de la Copa Libertadores. No puede dar lo mismo. Más allá de la pantomima de la visita al vestuario y la reunión hasta la madrugada entre el presidente, Juan Román Riquelme, los jugadores con Leandro Paredes a la cabeza, y el entrenador, Claudio Ubeda, el día posterior a la derrota con Universidad Católica transcurre como si nada hubiera pasado. En Boca se normalizó la derrota.

Pero nadie quiere hacerse cargo del fatto. El coaching está tan instalado en el fútbol que Paredes no tiene problemas en enfrentar los micrófonos y soltar que “no estuvimos a la altura”. En la conferencia de prensa, Ubeda gambetea la pregunta de rigor sobre su continuidad: “No es momento”, dice. Riquelme no habla, pero manda a decir. Ahora la estrategia será victimizarse.

Para Riquelme y quienes lo rodean, la culpa será de la Conmebol. De los pésimos arbitrajes, de la animosidad contra Boca; de la mala expulsión de Adam Bareiro en Brasil, de la exagerada suspensión para Santiago Ascacibar (pateó la cabeza de un rival y le dieron dos fechas) y del penalazo que no le dieron ante Cruzeiro en la Bombonera. Por eso el barrio de La Boca lució afiches y pasacalles en la previa al duelo con Universidad Católica con la leyenda “Boca contra todos”. Nadie es tan ingenuo para pensar que esos carteles fueron espontáneos.

Un torpe intento por tapar lo evidente. Porque aunque es cierto que el árbitro Valenzuela debió dar el gol de Merentiel o la mano de Romero en el empate frente a Cruzeiro, no hay manera de responsabilizar al arbitraje por el pobrísimo nivel del equipo ante Universidad Católica, cuando a Boca le alcanzaba con un triunfo por cualquier resultado en su estadio para pasar a octavos.

¿Le servirá romper con la Conmebol cuando todavía debe jugar por el repechaje de la Sudamericana? ¿Va a tirar a propósito la serie con O’Higgins? A veces, parece adrede como en la eliminación ante Racing por el Torneo Clausura cuando Ubeda sacó de la cancha a Exequiel Zeballos; o los dos penales zonzos ante Huracán, en el Apertura.

¿Y quién agarra la pelota ahora? Paredes se fue al Mundial, chau; Ubeda tiene contrato por 30 días más y ni siquiera será necesario despedirlo, adiós; y Riquelme siempre parece tenerla bajo la suela, pero esta vez parece quedarse sin margen. Ya desmembró el Consejo de Fútbol, ya quemó a los entrenadores de la casa, ya rediseñó al plantel y hasta hizo oficial el proyecto de remodelación del estadio.

Ahora vendrá el mercado de pases y la depuración -otra vez- de la nómina de futbolistas. A Edinson Cavani le quedan seis meses más de contrato, pero la situación se hizo insostenible. Cada vez que intenta volver, el uruguayo vuelve a sentir dolor en la espalda. Tiene la camiseta 10 y un contrato alto. Su rescisión servirá para descomprimir, como pasó con Raúl Cascini y Chicho Serna. Pero no solo le pedirán a Riquelme que haga rodar la cabeza del Matador: en el paredón también se ubicarán Agustín Martegani, Lucas Janson, Kevin Zenón, Carlos Palacios, Alan Velasco, Milton Giménez y seguirán las firmas.

Antes o después, deberá contratar a un director técnico. Boca no resiste a un experimento más en el banco. Pero con Riquelme nunca se sabe. Cuando se repasan los nombres que pasaron por el banco durante su gestión, el abanico es heterogéneo. De Hugo Ibarra y Sebastián Battaglia, dos del riñón del club; a Diego Martínez y Jorge Almirón, dos outsiders. Pasando por Fernando Gago y Miguel Russo. Ahora ya suenan Néstor Lorenzo (en Colombia, parece una utopía) y Jorge Sampaoli.

Mientras tanto, parece no haber lugar para los ídolos del club. Martín Palermo no tiene equipo, tampoco Carlos Tevez. Pero el Titán está alineado con la oposición, si hasta fue a votar de la mano de Andrés Ibarra. Lo del Apache no es tan explícito, al menos en el último tiempo, aunque justo este jueves se mostró cerca de Mario Pergolini, ambos “desertores” de la actual gestión, uno como futbolista y el otro como vicepresidente, cuando Jorge Amor Ameal era el presidente y Riquelme el vice 1°.

Quien levantó la bandera de los colores, la historia y los hinchas fue Cristian Traverso. Gordo y con la barba canosa, brilla como panelista de TyC Sports y los más chicos tal vez no sepan que fue socio de Riquelme en el campo de juego y que tiene 7 títulos con la camiseta de Boca, entre ellos dos Libertadores, una Sudamericana y la Intercontinental ante Real Madrid. Visiblemente emocionado, dijo: “No es el Boca ni de Riquelme ni de Macri, y así lo están destruyendo. Los que están afuera y los que están adentro”. Y tal vez haya sido la única sentencia coherente para este momento del Mundo Boca.