Se iba a llamar La vida puerca, pero Roberto Arlt (1900–1942), por recomendación de su amigo –y eventual jefe– Ricardo Guiraldes (que también le sugirió sacar un capítulo llamado “El poeta parroquial” aparecido en la revista Proa como adelanto), decidió llamar a su primera novela El juguete Rabioso.
Escrita entre 1919 y 1924, se publicó por primera vez en 1926 en Editorial Latina. Lo que significa, ahora mismo si miramos el almanaque con atención, que se cumplen 100 años de la salida de una novela que instala una de las voces canónicas e imprescindibles para pensar toda la literatura argentina (el otro camino es Jorge Luis Borges, por supuesto), y que representa la apertura hacia una forma de narrar urbana, moderna (y del margen, aclaró Beatriz Sarlo), compleja y pone el foco en la construcción del Mal (con el resentimiento como pieza álgida) adentro de las diversas clases sociales (sobre todo en el sector no privilegiado) y es un comentario irreverente sobre las formas de acceder a la cultura (desde el saqueo) cuando la procedencia no es la cuna de oro.
Pero, quizás, lo que vuelve tan actual a este aniversario es la influencia y conmoción que generó (y lo sigue haciendo) su escritura, su prosa, su estilo.
¿Cómo definirla? Es un animal imposible de domesticar porque está construido en su interior a partir de las referencias más inverosímiles: traducciones precarias, lecturas deshilachadas y no programáticas, coloquialismos saludablemente contaminado por la inmigración europea, búsqueda de hipercorrección y a continuación ruptura de la normativa lingüística, fascinación por las ciencias ocultas y su léxico, una mirada de rayos X para atrapar lo extraño adentro del cotidiano, entre otras fuentes de materiales disímiles que Arlt cultivaba.
Edición aniversario
Ahora, en la mesa de novedades de las librerías, acaba de aparecer una edición aniversario de El juguete rabioso (Alfaguara) que tiene la particularidad de sumar una serie de textos críticos que acompañan esta novela fundacional para mostrar la potencia radiante de su presente.
Presentada por el escritor y periodista Claudio Zeiger, que llama con justicia a la novela un “milagro literario”, la lista de nombres que se fascinaron con Arlt van de los críticos (Beatriz Sarlo, Ismael Viñar, Juan José Sebreli, Jorge Lafforgue, Oscar Masotta) a los escritores (Cortázar, Onetti, Piglia, Saccommano) y sirven para poner en contexto la importancia de El juguete rabioso ya no solo en la literatura, sino también en la cultura argentina.
Historia de iniciación protagonizada por Silvio Astier, alter ego que Arlt utilizó para filtrar su pasado juvenil, se trata de una novela episódica y deshilvanada (un armado hoy habitual pero en el momento de publicación fue el primer rasgo de arquitectura moderna) que muestra el derrotero picaresco de un personaje inolvidable al que las cosas no le salen para nada bien. En ese recorrido descendente (en un sentido espiritual) de Astier por encontrar una salida a su situación económica y existencial la vida se le va presentando en su forma más devastadora y cruel logrando que él mismo se transfigure en aquello que más desprecia.
Ahí está el último capítulo llamado “Judas Iscariote” en donde se comete una de las traiciones más devastadoras, donde el espanto de la vida en el planeta tierra se muestra en toda su magnitud, de la literatura argentina.
Leer El juguete rabioso representa, además, un momento iniciático para cualquier lector que quiera comenzar a nadar en la obra de Roberto Arlt y recorrer una de las narrativas más determinantes para comprender las búsquedas, la intensidad y la construcción de un territorio personal en el arte de este país (y que muchos otros siguieron desde acá).
Desbordada de tensiones y rabia
Por eso mismo, volver a esta novela significa comprender una parte vital, es decir: aún importa, de una esencia literaria desbordada de tensiones y, sí, rabia en cuanto a la escritura y a la visión de un proyecto que se continuó luego con Los siete locos, Los lanzallamas y El amor brujo.
El académico Tomás Fernández es autor de Una lectura vertical de Arlt y Borges (Nido de vacas). Foto: redes sociales.¿Por qué todavía vale la pena leer a Roberto Arlt? Porque las cosas que le dolían, y que lo impulsaban a escribir, todavía siguen doliendo a las mayorías; y porque, en muchos sentidos, la lucha de clases y la subsistencia sigue movilizando a gran parte del planeta tal como sucedía con Arlt. Su actualidad es inobjetable. Y es por eso que se lo sigue leyendo. Lo que nos lleva, directamente, hacia un texto teórico llamado Una lectura vertical de Arlt y Borges (Nido de vacas) de Tomás Fernández.
Es un hombre con muchos viajes encima. En su biografía se mencionan las siguientes geografías: Bélgica (donde se doctoró en letras clásicas), Cincinnati, Munich y Hamburgo. Ahora pasa sus días en Pergamino, provincia de Buenos Aires. Un tiempo antes estaba viviendo en una isla del Tigre. Y fue ahí donde escribió una primera versión de un texto teórico sobre Arlt y Borges, pero retomando un abordaje de Roland Barthes: la lectura vertical.
Cuenta Tomás Fernández: “La idea de la lectura vertical nació en el 2019 cuando me invitaron a dar una charla en la Biblioteca de Pergamino. Y a mí ya me interesaba esta relación entre el famoso cuarto capítulo de El juguete rabioso, “Judas Iscariote”, con El indigno de Borges. Tienen mucho en común, pero a mí no me interesaba tanto que las tramas se parecen, sino desde otro punto de vista: las atmósferas, el desarrollo de los personajes y la figura del traidor“.
“Retomé –continúa– un concepto que está en los formalistas rusos y en Barthes que es el siguiente: entre los muchos niveles en los que vos podés estructurar o analizar un texto literario uno es más bien horizontal y tiene que ver con lo que transcurre en el tiempo, ese es más fácil de definir porque tiene que ver con la dinámica temporal y la trama. Y el otro nivel es más vertical y tiene que ver con los símbolos, cómo una palabra remite a otra, la aparición de arquetipos, etc. Quería ver cómo se combinaban esos dos niveles pero poniendo el acento en la lectura vertical para ver qué tenían en común estos dos textos que son tan parecidos desde otro punto de vista”.
La edición aniversario de El juguete rabioso (Alfaguara)- Foto: gentileza editorial.Escribe Fernández en la introducción de su libro: “La lectura vertical puede aplicarse a cualquier texto. Algunos la requieren casi obligatoriamente.” ¿Es así? Este docente universitario y becario del Conicet, además de narrador de policiales (“soy muy fanático de la literatura de género”) y poeta, dice que sí.
Un encuentro en Pergamino de Clarín con Tomás Fernández para profundizar este concepto de la lectura vertical. Comienza diciendo que le gustan las “lecturas microscópicas y ampliarlas un poco. Con esta clase de lecturas y este libro empecé a ver cómo podrían haber escrito distinto tanto Borges como Arlt. Y eso es genial porque uno comprende que cualquier cosa se puede escribir de muchísimas maneras distintas.”
–¿Qué otras cosas fuiste encontrando en esta relación entre Arlt y Borges?
–Lo que me parece más interesante de Arlt y Borges es que a los dos les gusta violar el código o la legalidad. Tienen una mirada de escribir que es muy transgresora, va en contra de lo que te esperás, incluso en contra de lo que ellos mismos proponen. Traicionar el texto y traicionar al lector es un trampolín para encontrar otro nivel un poco más imprevisto en lo que escriben. Me interesaba la figura del traidor. Y además veía que ese tipo de lectura en niveles vertical y horizontal podía ser práctico para leer cualquier texto. Y eso es enriquecedor porque son categorías de lectura fáciles de usar. Este es un libro que me parece que se puede usar para secundaria para leer cualquier cuento o novela, por ejemplo.
–¿Por qué seguir hablando de ellos?
–De Borges y Arlt queda todo por decir. Y lo digo porque yo trabajo con Homero y Sófocles. Y sobre Homero se publican, a lo mejor, 40 libros por año. Hay autores que son inagotables. Yo quería ir al centro del canon, y donde ya estuviera todo dicho. Porque a mí lo que me interesaba no era tanto decir algo nuevo sobre Arlt o Borges, sino presentar una manera de leer. Tomé a los autores como pretexto. Esta idea de los ejes yo lo venía trabajando con novelas del siglo XII bizantino/griego porque son muy parecidas en sentidos horizontal pero verticalmente son el día y la noche. Quería poner a prueba esta forma de lectura con los autores más estudiados, trabajados y remanidos del canon argentino. Es fascinante, por ejemplo, cómo los dos autores tocan los temas más “bajos”. Uno de esos símbolos, que por supuesto nos remite al concepto de civilización y barbarie, es qué pasa con una carnicería de barrio. Borges lo mira de una manera que remite a una imagen griega, pero de conurbano. Arlt, en cambio, piensa en cómo se podría hablar de una carnicería de la manera más coloquial posible y después lo reescribe en ese dialecto que usa él que tiene cosas media castizas, italianas, cultas y vulgares, etc. Y con eso arma una lengua superpoética que es una mezcla de registros. Yo soy helenista, me dedico al griego, y alguien que hizo algo parecido es Homero, por ejemplo. Si bien no sabemos de dónde Homero sacó su material pero sí sabemos que mezcló muchos dialectos. Arlt hizo algo parecido.
El académico Tomás Fernández es autor de Una lectura vertical de Arlt y Borges (Nido de vacas). Foto: redes sociales.–Te dedicás a las letras clásicas. ¿Cuál es su relevancia hoy?
–Los griegos son muy parecidos a nosotros porque acá somos muy occidentales, nos criamos de esa manera. Tenemos mucho en común. Eso los vuelve cercanos y atractivos. Y a la vez, por el mundo en el que vivían, más cercano a la edad de bronce, tiene esa cosa paradójica de que somos muy distintos en ciertos puntos pero también muy parecidos. Los griegos tenían una religión de la belleza, un modo de ver el mundo muy musical y una relación con las cosas donde todo parecía más natural, en el sexo no había tantos tabúes, por ejemplo, el mundo era más orgánico. Antígona de Sófocles, por nombrar una obra, parece que la escribieron anteayer. Me parece extraordinario que vengamos de ahí.
Una lectura vertical de Arlt y Borges, de Tomás Fernández (Nido de vacas).








