Proyecto, ejecución y mantenimiento. Pensamos de qué manera hacer nuestro espacio verde: errores comunes antes de plantar y formas de evitarlos, cómo lograr que las plantas se desarrollen con todo su esplendor en una maceta; si es posible, incluir una huerta, y hasta avanzar un poco más con un techo verde o un jardín vertical. Y ahora hay que mantener todo esto.
Cuáles son los errores más comunes al diseñar un jardín y cómo evitarlos
En primer lugar, es necesario aclarar que, en general, un espacio verde fácil de cuidar es aquel que ha sido correctamente planificado y ejecutado. Que se ha diseñado con plantas aromáticas para espantar plagas, que se han plantado ejemplares adecuados para el pH del suelo del jardín, que no se han puesto plantas de sol a la sombra… ¿Qué debemos saber para que, después de haber hecho todo bien hasta aquí, el proyecto siga su curso durante muchos años?
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Cómo regar correctamente las plantas
El riego es una de las actividades más críticas en el mantenimiento de un espacio verde. Variables como la especie, el clima y la época del año influyen en el suministro de agua. Por ejemplo, un floral de estación va a necesitar más riego que un arbusto.
Las plantas ubicadas en macetas, techos verdes o jardines verticales a base de sustrato suelen requerir un seguimiento más atento, porque el sustrato pierde humedad con mayor rapidez que el suelo (tierra). A esto se suma que, a mayor altura (balcones, terrazas), el viento y la radiación solar aumentan la evaporación y la pérdida de agua en la planta.
En general, durante el verano conviene regar temprano o al atardecer, mientras que, en invierno, resulta preferible hacerlo a media mañana. De esta manera, se evita tanto el estrés provocado por el calor excesivo como las bajas temperaturas que reducen la actividad de las raíces —una de ellas la absorción—.

El acolchado: la técnica que reduce el mantenimiento del jardín
La cobertura del suelo o sustrato —también llamada acolchado— es una práctica simple que aporta numerosos beneficios. Consiste en cubrir estas superficies con materiales orgánicos o inorgánicos como hojas secas o piedras.
Esta capa ayuda a conservar la humedad y reduce el crecimiento de las malezas. Además, protege las raíces frente a temperaturas extremas (frío y calor). Habrá que tener en cuenta que algunos materiales se pierden a lo largo del tiempo (corteza de pino, orujo de uva, hojas secas); por eso, conviene estar atentos para incorporar más.
Por otro lado, la limpieza regular —eliminar ramas rotas, frutos pasados, quitar malezas, etc.— tiene un doble beneficio: las tareas de mantenimiento no resultan tan agotadoras, porque siempre hay muy poco para hacer, y, por otra parte, llevarla a cabo favorece la sanidad de las plantas al evitar la proliferación de plagas y enfermedades.
Techos verdes y jardines verticales: qué tener en cuenta antes de instalarlos
Plagas en las plantas: qué hacer para evitarlas
En climas templados, que tienen las estaciones del año muy diferenciadas, las plagas suelen aparecer con mayor intensidad en primavera y verano. Los brotes tiernos, las temperaturas elevadas y la abundancia de alimento crean condiciones ideales para los insectos y otros animales.
Entre las medidas preventivas más importantes se encuentran la limpieza del espacio —como quitar las malezas— y la eliminación de las partes deterioradas de los ejemplares. En caso de que las plagas ya estén instaladas, existen alternativas ecológicas para intervenir.
Uno de los productos más utilizados es el jabón potásico, indicado para controlar insectos frecuentes como pulgones, moscas blancas y cochinillas. Si el ataque es muy extendido, la opción más recomendada es un producto químico de la línea jardín.

Enfermedades en el jardín: cómo prevenir hongos y otros daños
Para evitar que las plantas se enfermen, se recomienda evitar mojar su parte aérea (follaje, flores, frutos) al momento de regar, en especial si hace calor. La humedad excesiva en estas zonas favorece la aparición de hongos.
Por otro lado, las plagas están muy relacionadas con las enfermedades de las plantas, porque muchas de ellas son las transmisoras. Esto no significa que cualquier plaga enferme a la planta, sino solo aquellos animales que portan el patógeno y lo transmiten al alimentarse de ella o dañarla.
Si la peste es un hongo, hay preparados caseros y fungicidas de la línea jardín que pueden emplearse para combatirlo. Si es una bacteria, será muy difícil de tratar. Mientras que si es un virus —común en plantas como rosales—, no tendrá cura. Para evitar el contagio de estos patógenos, otra de las acciones recomendadas es mantener las herramientas del jardín limpias y desinfectadas.
Fertilizantes y compost: cómo nutrir correctamente las plantas
Si la planta lleva poco tiempo en la maceta, con su sustrato nuevo, por lo general no es necesario fertilizar durante un año o dos, aproximadamente, ya que este sustrato suele aportar nutrientes. Diferente es el caso si está en el suelo: aquí suele ser necesario fertilizar.

Es común que se ofrezca triple quince —nitrógeno, fósforo y potasio en partes iguales—, que son los nutrientes minerales que más consumen las plantas. Su forma y cantidad de aplicación estarán indicadas en el envase según su presentación (líquidos, sólidos).
Existe una opción más completa: la que viene con estos tres macronutrientes (nitrógeno, fósforo y potasio) más micronutrientes, como el hierro. Si es posible, siempre es mejor elegir esta alternativa ya que, si bien consumen más nitrógeno, fósforo y potasio, los micronutrientes son tan importantes como estos.
A continuación, en líneas generales, tenemos el compost, que suministrará nutrientes lentamente a medida que los organismos del suelo “lo trabajen”, y el humus de lombriz, que aportará nutrientes de forma más rápida. Estas selecciones son las más recomendadas para una huerta.
Jardines, patios y balcones: espacios que cambian con el tiempo
Hay que aceptar la idea de que el jardín, el patio o el balcón se modificarán a lo largo del tiempo. Más allá de que se haya hecho una excelente proyecto, ejecución y mantenimiento, distintos factores, entre los que se destaca la evolución de las personas que habitan estos espacios verdes, harán que cambien.
Los árboles crecerán, algunas especies desaparecerán y otras nuevas llegarán. Los espacios verdes no son estáticos: crecen, se desarrollan y evolucionan. Exactamente igual que nosotros.








