La Gran Pirámide de Guiza sobrevivió a milenios de catástrofes naturales, desgaste climático y movimientos sísmicos destructivos que demolieron ciudades enteras a su alrededor. Un equipo internacional detectó que la tumba del faraón Jufu cuenta con propiedades estructurales internas específicas que dispersan de forma eficiente las vibraciones generadas por los terremotos.
La investigación arrojó luz sobre la ingeniería del monumento de 4.600 años de antigüedad que permaneció inmóvil ante fenómenos que destruyeron templos adyacentes. La revista científica Scientific Reports publicó el estudio donde se detalló la utilización del método de análisis de vibración ambiental para mapear el comportamiento mecánico del edificio.
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Los científicos de instituciones de Egipto y Japón midieron las frecuencias en 40 sectores diferenciados de la estructura, incluyendo la Cámara de la Reina, la Cámara del Rey y los túneles de ventilación.
Los registros demostraron que el suelo natural de la meseta de Guiza vibra a una frecuencia baja de 0,6 hercios. En contraste, el cuerpo principal de la Gran Pirámide oscila a una frecuencia muy superior de 2,3 hercios. Esta disparidad tan marcada “reduce significativamente los efectos de resonancia durante los terremotos”, aseguraron desde la investigación.
La energía de las ondas sísmicas se disipa al ingresar a los bloques sin encontrar puntos críticos de acumulación de tensión. El rastreo tecnológico determinó que “prácticamente no existen zonas débiles que se comporten de manera diferente al resto” de la masa total.
Los bloques de piedra caliza y granito interactúan de forma solidaria ante las cargas dinámicas externas. Los vacíos internos, las cámaras de descarga y los pasajes descubiertos actúan como amortiguadores de las deformaciones del terreno.
Las ondas sísmicas viajan a través de los diferentes materiales y se desvían al toparse con las cavidades de aire, lo que evita el colapso por fatiga de los componentes de piedra. El diseño modular de la pirámide tolera oscilaciones sin perder la cohesión general de sus millones de toneladas de peso.
El análisis complementario con radares de apertura sintética (SAR) y tomografía de ondas sugirió además la existencia de formaciones rocosas modificadas debajo de la base de la Pirámide de Jefrén y la Gran Pirámide.
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Los geólogos Corrado Malanga de la Universidad de Pisa y Filippo Biondi de la Universidad de Strathclyde identificaron anomalías de densidad profunda en el lecho de roca. Estos espacios subterráneos actúan de manera conjunta en la base amortiguando el traspaso directo de ondas sísmicas desde las fallas geológicas hacia la superficie.
El profesor de antropología de la Universidad de Denver, Lawrence Conyers, analizó la viabilidad técnica de los hallazgos profundos y consideró que las interpretaciones sobre infraestructuras gigantes subterráneas son excesivas
El especialista puntualizó que la tecnología de radar capta las variaciones naturales de las fracturas de la piedra caliza y pequeñas cámaras ceremoniales preexistentes, pero no ciudades subsuperficiales.








